domingo, 14 de octubre de 2018

MAYORES 5: MORIR SIN QUE NADIE EMPUJE






MORIR SIN QUE NADIE EMPUJE







Hermann Hesse, Premio Nobel de Literatura en 1946, escribió una obra, que resulta ser de todas las que escribió, de las más conocidas, titulada  ‘Demian: Historia de la juventud de Emil Sinclair’.

Yo lo conocí a través de otra  titulada ‘Elogio de la vejez’ en la que dice:

 “Un anciano que odia y teme la vejez, que odia los cabellos blancos y la cercanía de la muerte, no es un digno representante del estadio de su vida, como tampoco lo es un hombre joven y vigoroso que odia su vocación y su trabajo diario y busca escapar de los mismos.
En breves palabras: para cumplir como anciano su destino y estar a la altura de su tarea, hay que ponerse de acuerdo con la vejez y con todo lo que comporta, hay que decirle sí. Sin este sí, sin la entrega a cuanto la naturaleza nos reclama, perdemos el valor y el sentido de nuestros días –tanto si somos viejos como jóvenes – y estafamos la vida.
Todo el mundo sabe que la senectud trae molestias y que al final está la muerte.”


Entre este enfoque y el que tienen  muchos de los políticos actuales que ven a los viejos como una mera carga económica  y que no deberían aspirar a vivir tantos años y morirse pronto, hay todo un abismo de distancia.  

Decía Nietzsche: “Lo que quiere caer hay que empujarlo”.
Nos dice Herman Hesse: “Cuando uno envejece y ha realizado su obra, tiene en su mano alegrase por la paz de la muerte. No necesita de las personas; las conoce y las ha visto lo suficiente. Lo que necesita es tranquilidad”.
Lo más contrario a la tranquilidad es generar incertidumbre. Esta incertidumbre ayuda a “empujar.


“Los cartujos no hablan. Su regla es el silencio. Solo cuando se cruzan por el claustro encapuchados hasta las cejas, con las manos metidas en la manga contraria del hábito se les está permitido saludarse con estas palabras mirándose de soslayo. Uno dice: “Hermano, morir tenemos”. Otro contesta: “Ya lo sabemos”. Manuel Vicent

Tal vez acabarán añadiendo: “Pero sin que nadie empuje”.

 EL ENFOQUE POLÍTICO DE LOS MAYORES

Los políticos los quieren rehenes. A los políticos no les gustan las personas que planifican su vida. Le gustan aquellas que viven al día y sin mirar más allá de sus propias narices. No les gustan las personas libres, les gustan los rehenes. A los primeros no pueden manipularlos. Tienen siempre en la manga varias opciones con las que responder ante una situación determinada. Los segundos, no han creado ninguna opción y no les queda más remedio, ante una determinada situación, que aceptar lo que le proponen, es decir, no tienen capacidad de responder, de dar la respuesta que ellos elijan: tan solo pueden limitarse a reaccionar.

Contar con unas leyes claras para poder planificar la vida es de lo más básico. Los pensionistas que ahora tienen una determinada pensión, la planificaron muchos años antes. Es probable que pudieran haber optado por otras vías, pero, conscientemente, eligieron aquella que le llevaría a la pensión que ahora les toca cobrar.

Si han tenido la capacidad de lograrla, sin duda tendrán la capacidad de conservarla impidiendo que “ladrones de guante blanco” se la roben, no abiertamente, pero sí eficazmente recurriendo al enmascaramiento, a la ambigüedad, a la incertidumbre y confusión, concretizado todo ello, eliminando formas de revalorización de las pensiones que entiende todo el mundo como el IPC y recurriendo a subterfugios como el RP.

Los políticos quieren tener a los pensionistas entre la espada y la pared, sometiéndolos a un viejo fenómeno denominado “indefensión aprendida”.


La libertad, entendida como algo concreto, no en abstracto, no es más que el número de opciones que alguien tiene para poder enfrentarse a una situación determinada.

QUIEREN PENSIONISTAS SIN OPCIONES.

La esperanza de vida no es para todos igual. Los pobre mueren antes. 




Leer a Manuel Vicent:
Luz de vela
Al pie de la pasta con anchoas le dije a Cristino: no estoy muy seguro, pero yo diría que no hemos muerto todavía



domingo, 9 de septiembre de 2018

LA INVOLUCIÓN DE LOS LÍDERES



LA INVOLUCIÓN DE LOS LÍDERES







“Una mente es su propio lugar, y por sí sola / puede hacer un cielo del infierno, y un infierno del cielo”Milton



Nicolás Maquiavelo y sus sentencias recogidas en su obra El Príncipe, es sin duda uno de los personajes más citados en escritos y en charlas convencionales. La mayoría de las veces se citan frases sueltas del mismo, sin entender el contexto que le llevó a él a escribir lo que escribió.

Hasta que Maquiavelo, en la Florencia del Renacimiento, escribió El Príncipe, todos los pensadores anteriores se dedicaron a plantear, no un análisis empírico de la realidad política, sino teorías más o menos sofisticadas a partir de la hipótesis “Si todos los hombres fueran buenos…”, es decir, se ocuparon de la política bajo la etiqueta de “lo que debería ser”. Maquiavelo se ocupó de la política a partir de lo que realmente era, de lo que ocurría, de lo que él llamaba "la verdad efectiva de las cosas", mostrando las reglas de juego que se daban en la realidad del día a día en la política.

En nuestro contexto actual, seguimos ocupándonos de la política bajo el mismo presupuesto que los pensadores anteriores a Maquiavelo. Nos dejamos llevar por descripciones más o menos utópicas y cargadas de buenas intenciones, y con ello olvidamos, o no tenemos suficientemente en cuenta,  lo que realmente hacen los políticos.

Nos cuesta asimilar que la política se rige no por principios ideológicos o valores morales, sino, sobre todo por circunstancias concretas. En esas circunstancias concretas, nos demuestra Maquiavelo, que para conseguir sus fines, la capacidad del ser humano de hacer el mal es tal, que “no frenará al ambicioso a la hora de escoger medios, no limitándose a seleccionar tan solo aquellos que sean legales y morales”. Fue esto lo que llevó a muchos de sus lectores a interpretar, erróneamente, que Maquiavelo justificaba y estaba de acuerdo con la frase por la que más se le conoce: “El fin justifica los medios”. Un buen fin, ético, no justifica que cualquier medio sea lícito para lograrlo.

Solamente fines éticos, logrados con medios éticos nos llevan a una evolución sostenible

Ya no podemos concebir ni sostener  que la humanidad  evoluciona a  través de un proceso lineal,   en el cual las formas de ser, saber y actuar se van perfeccionando. Es una falacia el describir la historia de la humanidad como un constante progreso logrado mediante la desaparición de las formas de ser, saber y actuar menos perfeccionadas y apareciendo unas más perfectas, superiores y mejoradas. 
Puede ayudarnos a comprender esta idea el artículo de Manuel Vicent en el País de hoy domingo y que comparto aquí:
Borrascas
Las convulsiones de la naturaleza, a la hora de producir terribles daños, no son nada si se comparan con los que causan las borrascas del cerebro de algunos líderes

Lo cierto es que siempre puede aparecer, de forma aleatoria, algún elemento (en palabras de Vicent "Las tormentas más peligrosas no son las que produce la atmósfera, sino las que se generan dentro del cráneo de Donald Trump, de Kim Jong-un o de Vladímir Putin, puesto que sus nefastas consecuencias pueden ser planetarias e irreversibles") capaz de desestabilizar lo que existe en un tiempo dado,  y crear formas de ser, saber y actuar inferiores a las que ya había.

 Los propósitos o fines que se buscan no son siempre los mejores para la sociedad en general. Pero no solo eso, cada vez más se generaliza la espiral destructiva que  se da en la proliferación de líderes, sin ética alguna,  que toman decisiones  sobre fines no éticos, y también eligiendo,  medios no éticos para alcanzar dichos fines.  

Concebir la política como un fin para enriquecerse (fin no ético), y cuando se está en el poder elegir medios corruptos para lograrlo (medios no éticos),  es la degradación e involución perfecta.

El mundo es como es, no como queremos que sea. Para mejorar una situación o realidad, lo primero es aceptarla y no auto engañarnos recurriendo al  onanismo mental elaborando productos de "optimismo de pandereta".

Frank Schirrmacher (ya me referí a él en este mismo blog haciendo varias referencias a su libro titulado EL COMPLOT DE MATUSALEN ¡QUE NO TE FRENE EL MIEDO A ENVEJECER!), coeditor del Frankfurter Allgemeine Zeitung, describe en su libro Ego, la implantación del egoísmo como norma de actuación de cada uno de nosotros. Se basa en la teoría de los juegos sintetizándola de esta forma:

“Se trataba de una empatía muy particular: había que meterse en la piel egoísta del otro para sacar más provecho del egoísmo propio. En el sombrío lenguaje de la teoría, esto se dice así: ejecutar el mejor movimiento estratégico teniendo en cuenta la mejor juagada del otro y establecer de ese modo una especie de equilibrio". Se refiere al equilibrio de Nash.
Si cada uno “va a lo suyo”, buscando exclusivamente maximizar su propio beneficio y  adoptando para ello cualquier medio que siempre será bueno salvo cuando lo pillen, no parece lo más adecuado para meterse en una espiral de progreso y sí es sintomático y significativo de una clara involución.

Siento defraudar a los  seguidores del optimismo de pandereta, pero me declaro firme defensor del optimismo funcional. Ver: https://neuroforma.blogspot.com/2017/03/
Hasta Confucio, que nos lo vendieron  como un optimista empedernido, parece que no lo era tanto cuando sostenía lo siguiente:

 “Aunque todos los seres humanos son sabios en potencia, en realidad eso sucede raras veces. Casi todos los seres humanos existen en un estado lamentable”.
Trece teorías de la naturaleza humana”. Leslie Stevenson, David L. Haberman, Peter Matthews Wright y Charlotte Witt. Cátedra, 2018.

¿Somos conscientes de la distancia que existe entre lo que “debería ser” y lo que “realmente es”?








jueves, 23 de agosto de 2018




LA GRANDEZA DE LA CIENCIA Y SUS PARADIGMAS



"Lo propio del ser humano es buscar la verdad, no poseerla".



La ciencia llega a verdades no definitivas sino provisionales.  Tiene la capacidad,  y a su vez la humildad,  de sostener sobre algo lo siguiente: 
con los conocimientos científicos que tenemos al día de hoy, podemos sostener que esto es… 

Por eso la ciencia evoluciona a través de paradigmas (Ver: https://neuroforma.blogspot.com/2018/07/la-utilidadde-los-cientificos-en.html)


Cuando estudiamos de niños,  una especie era  “conjunto o  población natural de individuos  que son capaces de reproducirse entre sí”
Según sostiene el artículo que comparto (https://elpais.com/elpais/2018/08/22/ciencia/1534955666_091393.html), esto ya no es así:
"Hallada la primera hija fruto del sexo entre dos especies humanas distintas
La secuencia genética de una adolescente que vivió hace más de 50.000 años en Siberia muestra que nació de una neandertal y un denisovano". 

Necesitamos de una ciencia que busque la verdad, un saber positivo y objetivo. Que nos proporcione una imagen objetiva del mundo y la realidad tal  y como esta es. Lo grave es que todo esto está en peligro debido, entre otras cosas,  a que el saber  se mercantiliza y  al mismo tiempo  se privatiza, lo cual genera grandes riesgos de manipulación.


El poder de paradigma dominante y la marginación del científico que investigue y quiera publicar algo que no concuerda con dicho paradigma,  se pone de manifiesto en el artículo mencionado:


 “en 2006, el investigador de la Universidad de Chicago Bruce Lahn propuso que neandertales y humanos habían intercambiado genes hace unos 40.000 años. Según contó entonces a EL PAÍS, las revistas Science y Nature rechazaron publicar el trabajo porque consideraban que ese cruce era imposible”.
A veces, hay intereses que hacen que nos olvidemos que la ciencia genera  verdades provisionales. 

viernes, 10 de agosto de 2018







FORMACIÓN INTEGRAL








Se debate en algunos foros sobre la igualdad y diferencia de los términos de entrenamiento, instrucción, educación y formación. Hay quien opina que son distintos y hay quien manifiesta que son la misma cosa. 

Hay cierto consenso en ver la educación como algo que empieza en la familia, y la formación como aquello que nos dan en la escuela. Se visualiza esta idea con el ejemplo de que hay personas muy educadas y a su vez analfabetas, y personas con una sobresaliente formación y a su vez maleducadas. 

Claudio Naranjo, psiquiatra y escritor chileno nos dice: "La educación se ha creado por el sistema económico para crear gente obediente y una fuerza de trabajo apropiada". Está enfocada a tener trabajadores, no desarrollo humano.


Pierre Bourdieu, sociólogo francés, nos habla del “sistema reproductivo” y ahí está la educación para perpetuarlo y no cambiar la forma de ser que tenemos.

Yo prefiero hablar de “formación Integral”. El calificativo “Integral” hace referencia a que abarca la totalidad del ser humano y sus diferentes dimensiones: ética, espiritual, cognitiva, afectiva, comunicativa, estética, corporal, socio-política… 



Lo podemos resumir todo diciendo que no solamente hay que formar a las personas para el trabajo, sino para la vida. 







La píldora que sigue, que desarrollé hace años, pretende (tal vez con unas exageradas pretensiones) ser un ejemplo de formación integral.
Ver video:







¿De verdad interesa la formación integral de las personas?




domingo, 29 de julio de 2018





¿EVOLUCIÓN O INVOLUCIÓN?




“Las cosas cambian para peor espontáneamente
si no son cambiadas para mejor a propósito”.Francis Bacón






La perspectiva moderna sostiene que la humanidad  evoluciona a través de un proceso lineal,   en el cual las formas de ser, saber y actuar se van perfeccionando. Así, desde esta perspectiva podemos describir la historia de la humanidad como un constante progreso logrado mediante la desaparición de las formas de ser, saber y actuar menos perfeccionadas y apareciendo unas más perfectas, superiores y mejoradas.

Sin duda es una perspectiva equivocada. Desde una perspectiva postmoderna,  que mira más allá del progreso,  se sostiene que la anterior no tiene ninguna validez ni legitimación objetiva alguna.


Siempre puede aparecer, de forma aleatoria, algún elemento capaz de desestabilizar lo que existe en un tiempo dado,  y crear formas de ser, saber y actuar inferiores a las que ya había.


Estos episodios de involución, quitan la razón al enfoque moderno y su idea teleológica de la evolución de la sociedad, y da la razón  a la perspectiva postmoderna.

 Los propósitos o fines que se buscan no son siempre los mejores para la sociedad en general.
 

La columna de Vicent en el País del domingo de hoy, nos invita a imaginar
Leer:
Imagina
En ese extraño país la democracia parece estar tutelada aun por ese dictador desde su tumba


sábado, 28 de julio de 2018





EL PODER DEL DINERO






“Habrá un periodo en el que solo los más ricos podrán pagar los nuevos fármacos contra el cáncer” Antoni Ribas

La ciencia, de la que decimos que no genera verdades absolutas, sino “verdades provisionales”,  no cree en los dogmas,  pero,  si cree en el dinero. Esta última creencia, cuya consecuencia directa es la mercantilización de la misma, genera unos efectos perversos y dañinos de gran alcance.


El saber positivo y objetivo que de ella salía, se está convirtiendo en sospechoso  de no buscar  ya, ni de ofrecer, una imagen objetiva del mundo y la realidad tal  y como esta es.

La ciencia ya no genera un saber neutro y desinteresado. Su fin ya no es buscar la descripción objetiva de lo que ocurre, sino manipular en función de  los intereses económicos que la promueven.

Lyotard, en su obra ‘La condición postmoderna’, se pregunta: 

¿quién decide lo que es saber, y quién sabe lo que conviene decidir?


El saber canalizado a la obtención de plusvalía,  genera efectos como el  que se señala en el artículo que adjunto:
Leer:
 “Habrá un periodo en el que solo los más ricos podrán pagar los nuevos fármacos contra el cáncer”


El saber se mercantiliza al mismo tiempo que se privatiza. Se cambian las reglas de juego de la ciencia, en el sentido de que el saber ya no es apreciado en sí mismo; ya no es distribuido públicamente de tal forma que todos podamos tener acceso  al mismo; solamente se investiga aquello que prometa generar rentabilidad.

 Desde un enfoque propio de un optimista funcional (contrario al optimismo de pandereta) creo que  los nuevos eslóganes    que ya están  en buena medida implantados  son,   y serán  cada vez más,  los  siguientes:

“EL saber para quién pueda pagarlo”


“Los avances que proporcione la ciencia para quienes puedan comprarlos”



domingo, 22 de julio de 2018




Cuando la ESTÉTICA  influye más que la ÉTICA.




Nicolás Maquiavelo titula el capítulo XIV de su obra El Príncipe” así: DE LAS OBLIGACIONES DEL PRÍNCIPE EN LO CONCERNIENTE AL ARTE DE LA GUERRA.
Nos dice, en este capítulo,  que lo que se espera del que manda es que se dedique, en cuerpo y alma, a cultivar el arte de la guerra. Es de tanta utilidad ésta, que ya “no solamente mantiene en el trono a los que nacieron príncipes, sino que también hace subir con frecuencia a la clase de hombres de condición privada. Por una razón opuesta, sucedió que varios príncipes, que se ocuparon más de las delicias de la vida que en las cosas militares, perdieron sus Estados”.

Hoy, los que mandan parece que para llegar al poder y mantenerse en él, lo que prima es que sean guapos y jóvenes. Muchos votantes confundes ambos términos y  creen que la ética trata de lo bello y lo feo, y que la estética se ocupa de discernir entre lo bueno y lo malo, entre lo permitido y lo que  no, en lo referente a una acción o a una decisión, es decir, aclarar lo que nos conviene como especie y sociedad.  

Nos dice Manuel Vicent en su colunma en el Pais de hoy, que  “Si un político no sabe enfrentarse a este pequeño problema que tiene su cabeza por fuera (una incipiente calvicie), no esperes que pueda resolver los que tenga por dentro su cerebro y menos los de todo un país a la hora de gobernar”.

¿Nos irá mejor con gobernantes  bien parecidos físicamente y desconocedores de la moral,   que con gobernantes que se rigen por códigos éticos?

 Leer: Al pelo
https://elpais.com/elpais/2018/07/20/opinion/1532099156_823417.html





domingo, 15 de julio de 2018





LA UTILIDAD  DE LOS  PARADIGMAS CIENTÍFICOS




En cursos, conferencias, charlas y foros varios, se utiliza con profusión el término de “Paradigma”. Cada uno lo explica y aplica a su manera, en función del contexto en el que se ubica.

Fue el gran filósofo de la ciencia, Thomas Kuhn, el que lo utilizó en su obra “La estructura de las revoluciones científicas”. Lo cierto es que como el término no gustó a los críticos, que lo etiquetaron de excesivamente vago y esquivo, posteriormente lo sustituyó por el de “matriz disciplinaria”.

Kuhn sostuvo que la ciencia avanzaba a través de dos fases totalmente diferentes la una de la otra. Hay un periodo, que él llama de “ciencia normal”, y un periodo que él denomina de “ciencia revolucionaria”.

Así, por ejemplo, si nos referimos a la astronomía, el periodo de ciencia normal que desarrollo la astronomía ptolemaica o geocéntrica duró dos mil años, desde el siglo V a.C. hasta mediados del siglo XV. Posteriormente el periodo de ciencia revolucionaria, desterró la idea de que la tierra permanecía fija en el centro del universo y que todos los astros, sol incluido, giraba en círculos alrededor de ella. 

Después de un periodo de ciencia revolucionaria, que costó a algunos grandes sacrificios (recordemos a Galileo), hoy aceptamos, como verdad científica,  la astronomía heliocéntrica, es decir, fue desterrado el paradigma anterior y reemplazado por el nuevo paradigma.

Kuhn decía que hay cuatro elementos que componen un paradigma (generalizaciones simbólicas, modelos, valores normativos, ejemplares).
El elemento denominado valores normativos trata de criterios de valoración que los investigadores utilizan para evaluar las teoría y los resultados empíricos que la ciencia consigue. Utiliza tanto criterios internos a la propia ciencia, como externos a la misma y,  entre estos, 

utiliza parámetros que valoran la utilidad social y económica de la teoría propuesta y también, la compatibilidad de la teoría con determinadas concepciones ideológicas, metafísicas o incluso religiosas aceptadas por la comunidad.

La columna  de Manuel Vicent  publicada hoy, como todos los domingos en  El País, termina así:

“Quim Torra, acompañado de otros viajeros anónimos, volvió por la tarde en el AVE a Barcelona y aunque fuera había un sol radiante él solo veía sombras a través de la ventanilla, pero el convoy iba hacia Cataluña como una lanzadera de telar fabricando con los sueños y las pasiones de los pasajeros un recio tejido vital que no se podrá rasgar sin tragedia”.





Yo,  leyendo a Vicent,  me preguntaba si sería útil a los políticos utilizar los modelos de la ciencia para avanzar y aportar a la sociedad muchas utilidades

¿Cuál es el paradigma político de  Quim Torra?



¿En qué periodo estamos en Cataluña: periodo de “política normal” o de “política revolucionaria”?



domingo, 1 de julio de 2018

VENDEDORES DE HUMO: ¿SABEMOS DETECTARLOS?



VENDEDORES DE HUMO: ¿SABEMOS DETECTARLOS?


  

Hoy, mi admirado Manuel Vicent no publica, como todos los domingos, su columna en El País. Supongo que estará de vacaciones. 

Comparto uno de los daguerrotipos que escribió en los años 1982 y 1983 sobre los políticos de la transición, en este caso, sobre Felipe González. 


Su gran sabiduría, que siempre le caracterizó, se pode de manifiesto, una vez más, aquí, a través de su capacidad de predecir (pre + decir: lo que ha dicho previamente), la evolución del personaje. A muchos nos engañó con su chaqueta de pana y con su gran dialéctica de encantador de serpientes, diciéndonos, en aquel entonces, exactamente lo que nos gusta oír con lo que no nos quedaba otra postura que la de estar de acuerdo con él. 

La gran pregunta es la siguiente: 

¿él era así o hacía simplemente una representación teatral perfecta?


Los actores representan un papel, ya sea en el teatro o en las películas, y todos somos conscientes de que es algo que tan sólo interpretan, que no es verdad. Puede llegar a fascinarnos la película o la obra de teatro pero, una vez que termina, nos queda muy claro que tan sólo se trataba de algo que se representaba.


En aquel entones, muchos creíamos que Felipe González era así, tal y como se manifestaba. Hoy ya sabemos, con certeza, que no era así, sino, simplemente un buen actor. 

Manuel Vicent, es este artículo, nos escribe el siguiente diálogo: 

“El señor gordito de Nueva York ha tenido la ficha técnica de Felipe González todo el año sobre su mesa y en ella ha ido anotando las sucesivas correcciones. Si un día este muchacho tan puro podía quitarle la sardina de la boca a la derecha española, había que pulirlo un poco más. A veces apretaba el botón de la computadora, unida a otro ordenador del Pentágono, y en el condensador de órdenes instalado en la cancillería de Bonn los dígitos, salían en pantalla con la última voluntad del amo.
Lo queremos totalmente suave.
-¿Más todavía?
-Nada de marxismo.
-Eso se arregló hace dos años.
-Que venda ética. Sólo ética.
-¿Como si fuera un jabón de tocador?
-Exacto”. 

El señor gordito de Nueva York estará contento: 

ya no vende, desde hace mucho tiempo, ni siquiera ética.


Leer artículo de Vicent: 
                                       






jueves, 7 de junio de 2018




EL VALOR DE LA PALABRA

“¡La confianza es buena; el control mejor!"


Nos hemos acostumbrado a que los políticos, en general,  nos den gato por liebre. Hemos tolerado,  e incluso  justificado,  que los políticos, en general, representen un “papel” que luego, a la larga (algunos a la corta), no son capaces de mantener.

Cuando digo “los políticos, en general”, doy por supuesto que no “todos son iguales” y que, como en todas las profesiones,  hay una amplia gama de perfiles.

Los actores representan un papel, ya sea en el teatro o en las películas,  y todos somos conscientes de que es algo que tan sólo  interpretan, que no es verdad. Puede llegar a fascinarnos la película o la obra de teatro pero,  una vez que termina,  nos queda muy claro que tan sólo se trataba  de algo que se representaba.


Parece elemental que deberíamos exigirles a nuestros políticos,  primero,  que crean en lo que dicen;  segundo, que actúen en                          consecuencia.


 ¿Es tal vez exigirles demasiado?

Claro que posiblemente, antes de exigirles a los políticos  que no utilicen la máscara,  que no fabriquen un falso yo para actuar, tal vez tendríamos que empezar por nosotros mismos y auto exigirnos,  cada uno así mismo,  que bajo ningún concepto nos dejaremos engañar.

¿Es tal vez exigirnos demasiado?


Toda transformación  empieza con un cambio de mentalidad

No podemos cambiar a los demás pero sí podemos cambiarnos a nosotros mismo.  
¿Qué pasaría si empezamos por tener en cuenta aquello de León Tolstoi:
“Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo”,  y nos ponemos manos a la obra.
A mi juicio, uno de las cosas urgentes en las que deberíamos poner el foco,   sería en el papel que esta sociedad nos hace representar como ciudadanos y cambiarlo radicalmente.



Vivimos en una sociedad etiquetada, en la que se fomenta una tipología de ¿ciudadanos? más parecidos a ovejas mudas y ciegas que a otra cosa, en la que abundan robots humanos programados por múltiples fuentes pero, todas coincidentes en el mismo objetivo:  en que no pensemos  por cuenta propia, sino lo que nos dicen que pensemos.  En una sociedad en la que se impone lo convencional que nos lleva a  establecer con los demás unas relaciones basadas en la hipocresía. Una sociedad en la que se impone  lo igual, lo clónico y la consiguiente expulsión del diferente.






¿Somos conscientes de la etiqueta bajo la que vivimos?
¿Cuántas veces al día nos hacemos el ciego,  ignorando acontecimientos que deberían impulsar nuestra acción?
¿Con qué frecuencia  reímos la gracia o asentimos ante alguien que manifiesta una opinión con la que discrepamos en el fondo y en la forma?
¿Qué causas nos impiden discrepar asertivamente?
¿Dónde se  creó y programó  el algoritmo que marca nuestras pautas de actuación?


Darse cuenta



En la medida en que incrementemos nuestra conciencia,  entendida  como los conocimientos que un ser tiene de sí mismo, de los demás y de su entorno,  y que le permiten “darse cuenta” de lo que ocurre en su interior, de lo que le ocurre a los demás y de lo que sucede en el medio en el que se desenvuelve, estaremos incrementando también nuestra autogestión y proactividad.

 La proactividad, desde el punto de vista práctico,   nos permite dar respuestas elegidas por nosotros mismos a los estímulos que nos presentan,  y no respuestas reactivas promovidas por el estímulo o por convencionalismos más inconscientes,  que marcan lo políticamente correcto fomentando unas relaciones superficiales y puramente instrumentales. 


La proactividad nos permite fomentar el “arte de ser uno mismo”, y comportarnos en todo momento de acuerdo a                  decisiones propias tomadas previamente.



La autogestión consiste en  gestionar la propia  vida, y pasa por el gobierno de uno mismo, por practicar,  con todas las consecuencias,  un lema que llevo años y años repitiendo en diversos y variados foros: “tu conduces tu vida, tú decides”. Para el gobierno de uno mismo hemos propuesto, en varios artículos de este mismo blog,  una gran coalición entre lo intelectual y lo emocional, entre el pensar y el sentir, entre el pensamiento  crítico y el optimismo funcional.

Poner el foco en lo que acabamos de reseñar, acelera el cambio de mentalidad de las personas, el cual fue la causa determinante de cualquier transformación social a lo largo de la historia.
 Un cambio de mentalidad que estamos viviendo actualmente y que referido a los políticos podíamos sintetizarlo así:



Principios y valores declarados, determinarán los comportamientos practicados. Cuando no sea así, entrará en funcionamiento ese eslogan que fue  tan mencionado: “El que la hace la paga”.



Entendiendo por “el que la hace”, ya no solamente el que roba o se corrompe a través de las múltiples formas que existen, sino también, el que promete una cosa y luego hace la contraria, el que nos “vende” un programa y luego, una vez en el gobierno se olvida del mismo. El que pretende darnos gato por liebre.

Este cambio de mentalidad  hará que sea imposible que los corruptos,  cuando toman la decisión basada en el coste-beneficio con miras a  lograr su enriquecimiento personal, esta no le salga a cuenta, como hasta ahora, de tal forma que después de ir unos cuantos años a la cárcel le quedan por delante largos años para vivir a cuerpo de rey.

El cambio de mentalidad tiene que llevar a crear un entorno en el que si alguien cae en la corrupción, primero devuelva lo robado, segundo cumpla los años de cárcel que le correspondan y, después que “haga la calle”.

En cuanto a los que prometen y luego no cumplen,  hay que recordarles que la ontología del lenguaje sostiene que el lenguaje humano no sólo describe la realidad de forma pasiva: también genera realidad de forma activa. El lenguaje es acción y crea realidades de forma continua.

Todo lo que hablamos da como resultado “productos lingüísticos”, los cuales los podemos clasificar, según Rafael Echeverría,  así:

Afirmaciones, declaraciones, PROMESAS, ofertas y peticiones.
Cuando hacemos una afirmación,  nos comprometemos a la veracidad de lo que afirmamos.
Cuando hacemos una declaración, nos comprometemos a la validez y a lo adecuado de lo declarado


Cuando hacemos una promesa, una petición o una oferta, nos comprometemos a la sinceridad de la promesa enunciada. Cuando nos comprometemos a cumplir una promesa nos comprometemos, también, a tener la competencia para cumplir con las condiciones de satisfacción estipuladas.

Referido a nosotros mismos, ese cambio de mentalidad, nos llevará a dejar atrás la famosa resignación tan predicada. A entender que resignarse es una aceptación sin acción previa, con lo cual aceptar y resignarse ante un hecho que nos daña,  lo único que genera es un mayor sufrimiento. Un ejemplo  paradigmático de este cambio de mentalidad es el de  los pensionistas actuales, sus luchas y sus logros, los cuales les abalan para poder decir de sí mismos: hemos cambiado el mundo, cambiemos ahora nosotros.

Termino este artículo  con el  lema  con el que lo empiezo. Se atribuye  a Lenin, sacándolo tal vez un poco o incluso un mucho  de contexto, para aplicarlo aquí,  sin el sentido cínico en el que es probable que se aplicara el original. Lo utilizo  aquí para decir que no debemos caer, ni siquiera los que militan en algún partido político,  en una “confianza ciega” en los políticos. Tenemos que lograr que vivan desde la verdad y no desde la mentira, de tal forma que sus votantes sepan lo que pueden esperar de ellos, y no permitan que los políticos, en general, caigan  en aquello de
  “ Dar gato por liebre”.