domingo, 21 de febrero de 2021

OLAS VÍRICAS - OLAS EMOCIONALES

 









Olas víricas - Olas emocionales

Los medios de comunicación nos inundan con un torrente de datos sobre la evolución de la pandemia, que acaban sintetizando a través de las olas: “estamos en lo tercera  ola”; “los científicos esperan para la primavera la cuarta ola”. ..


 https://www.eldiario.es/sociedad/gran-ola-covid-19-baja-nivel-mundial-pandemia-tendra-esperar_1_7230798.html?fbclid=IwAR3-L-gu0IWUTtkHaxsjRtes9zFYEumkuvKGPdTTWzcrAuPV7p6YpMbZIqI

Esos  mismos  medios también  nos muestran (a pesar de las restricciones que nos impone “el protocolo covid”), imágenes de multitudes que se manifiestan exigiendo al gobierno que les dé una respuesta efectiva a sus derechos lesionados.

En muchas ocasiones, mezclados entre estas multitudes que reclaman lo que creen que les corresponde, diversos grupos, de variada  procedencia y ‘estilos de vida’, contagiados por todo un cúmulo de emociones, actúan como una ola destructiva que arrasa con todo lo que encuentra a su paso.

https://elpais.com/elpais/2021/02/20/album/1613852636_155437.html?rel=listapoyo#foto_gal_1

 Hablo de ‘estilos de vida’ y no de ideología o filosofía de vida, dado que en estas dos últimas opciones,  de forma explícita o implícita, estamos refiriéndonos a ideas, las cuales sólo pueden ser producidas por un sujeto pensante,  que cumpla el “pienso, luego existo” de Descartes. Aquí nos encontramos con cuerpos  que tienen la característica de ser extensos, de ocupar un lugar en el espacio, pero ¿tienen mente?

Nos decía Descartes  que pensamiento y extensión son los dos atributos bajo los cuales se clasifican las dos sustancias finitas que hay en el mundo: cosas pensantes y cosas extensas. A la sustancia finita mente, le corresponde el atributo pensamiento, referido,  no a qué tipo de pensamientos tiene,  sino al hecho de pensar. Entendía Descartes, el cual perseguía objetivos científicos y religiosos, que por encima de estas dos,  estaba  la sustancia infinita: Dios.

 Podemos hacer una primera aproximación al análisis de  estas multitudes, entendidas como “gran cantidad de gente”, sosteniendo que las forman dos grupos  que persiguen diferentes objetivos  los cuales abordan con diferentes pautas de comportamientos: un grupo que podemos llamar disidentes constructivos y otro grupo, compuesto a su vez de variados subgrupos, que llamamos disidentes destructivos.

El grupo más numeroso, los disidentes constructivos, en general persiguen objetivos vinculados  a lo que sostiene Erich Fromm en su obra “La patología de la normalidad” (Paidós, Barcelona,1994, p.23) :

 "Si en la sociedad de los cavernícolas hubiesen existido sólo conformistas, está claro que todavía seríamos cavernícolas, e incluso caníbales”

Son estos,  los que hacen avanzar la sociedad e irla perfeccionando poco a poco. Los segundo generan involución, retroceso, ya no tanto por los objetivos que puedan perseguir, sino, sobre todo,  por los medios a través de los cuales pretenden lograrlos. El fin no justifica los medios.  En una sociedad civilizada hay que promover el perseguir fines éticos, logrados con medios éticos. El fin no justifica los medios.

 Baruch Spinoza, que nació cinco años antes de la publicación del ‘Discurso del método’ de Descartes, perseguía objetivos éticos,  y trató de aportar a la sociedad de su época, combinando ideas, teorías y conocimientos, conceptos y herramientas que permitiera a los humanos liberarse del dominio de las pasiones, puesto que sólo así, sería posible  vivir con alegría de forma plena y duradera. Si para Descartes hay tres sustancias (dos finitas y una infinita),  y establece una separación radical entre cuerpo y mente, entre razón y emoción,  para Spinoza hay una única sustancia, y el cuerpo y la mente son atributos paralelos de la misma sustancia.

 Refiriéndonos a los disidentes destructivos, nos preguntamos más arriba, de forma retórica, si tienen mente, construyendo un   oxímoron del tipo “muerto viviente”. Sin duda tienen mente,  y esta tiene el atributo del pensamiento. Cosa distinta es preguntarse por la calidad de estos pensamientos,  si actúan bajo la influencia de estos o, por lo contrario,  lo hacen bajo el impulso de determinados tipos de emociones que generan acciones destructivas. 

El neurólogo e investigador Antonio Damasio nos dice que aunque hay una tradición en clasificar las emociones en diversas categorías, a su juicio, las etiquetas son manifiestamente inadecuadas, dado que los límites entre categorías “son porosos” y, sostiene, que a medida que la ciencia vaya avanzando, las clasificaciones y etiquetas sobre las emociones irán cambiando. Mientras tanto nos dice que “Por ahora, me resulta útil clasificar las emociones  propiamente dichas en tres catego-rías: emociones de fondo, emociones primarias y emociones sociales.

Los medios de comunicación,   para explicarnos la ola vírica,  nos exponen la famosa curva con sus picos, sus mesetas, etc. etc. Nos podrían  aportar una mayor claridad mental sobre determinados acontecimientos sociales, si nos explicaran las olas emocionales que se dan en los distintos lugares a través del componente emocional: que tipos e intensidad de las emociones puestas en juego en cada una de estas olas.  

 


 En una entrevista que le hacen en La Vanguardia a  Jacobs Hendel,bioquímica, psicoanalista y psicoterapeuta, sostiene lo siguiente:

Pregunta: Al mal tiempo, buena cara.

Respuestas: Es un error. Las emociones bloqueadas causan estrés en la mente y en el cuerpo. Este estrés conduce, entre otros, a síntomas como la depresión, la ansiedad, los trastornos alimenticios, las autolesiones, las adicciones, los trastornos de personalidad, la agresividad.

Ahora todo el mundo se expresa, hay activismo, protestas, redes... y mucha depresión.

Se trata de asumir y manejar las emociones, pero para eso debemos encontrar la manera de reconocerlas y validarlas, entender qué nos está ocurriendo. No sirve de nada ni reprimirlas, ni expresarlas sin pensarlas primero.

Sigue la entrevista con otras preguntas y respuestas que te invito a leer en el siguiente eenlace:

 https://www.lavanguardia.com/lacontra/20201231/6159076/emociones-son-fuerzas-biologicas-detiene-mente.html,

  También te invito a dar un vistazo a: 

Los fallecimientos por suicidio duplican a los accidentes de tráfico y superan en 11 veces a los homicidios

 https://psiquiatria.com/article.php?ar=depresion&wurl=los-fallecimientos-por-suicidio-duplican-a-los-accidentes-de-trafico-y-superan-en-11-veces-a-los-homicidios

Si algo caracteriza a las  olas emocionales de las que hablamos más arriba, es la juventud de sus componentes. Todos sabemos que  es esta una etapa en la que no se tiene muy claro,  ni  se sabe mucho,  de la naturaleza humana, de sus defectos e imperfecciones,  ni de sus virtudes y grandes logros. Tampoco, en general, se piensa en el largo plazo, y muchos tienen la idea (producto mental) de que no vale la pena el preocuparse ni esforzarse ni anhelar algo que puede que no se cumpla nunca. La movilidad social, que según nos decían cuando éramos jóvenes, y nosotros se lo pasamos a ellos,   permitía a un americano ascender en la escala social desde barrendero a presidente de EEUU,  era un poderoso concepto que nos permitía a cada uno hacer proyectos a su medida y construir, en buena parte,  el futuro en el que terminaría habitando. No hay que ser muy observador para darse cuenta (siempre y cuando uno no esté contagiado por el virus del “optimismo de pandereta”),  que el ascensor social está averiado y con muchas probabilidades de que no funcione en muchas décadas.

 

 

¿Qué tipo de anhelos les ofrece la sociedad actual a estos jóvenes, para que canalicen sus energías a lograrlos?

Según nos dice Damasio, el anhelo es un rasgo profundo de la mente humana, y que su  consistencia tiene que ver con el poderoso mecanismo biológico que hay tras él:

 “ La misma empresa natural de la auto conservación  que Spinoza enuncia de forma tan clara y transparente como esencia de nuestro ser, el conatus, es llamado a actuar cuando nos enfrentamos a la realidad del sufrimiento y, en especial, de la muerte, real o anticipada, ya sea  la nuestra  o la de los que amamos. […] La empresa natural de auto conservación  y bienestar responde al trastorno con una lucha para evitar lo inevitable y corregir el equilibrio. La lucha provoca que encontremos estrategias compensadoras para la hemeodinámica que se ha desviado del camino recto; y el darse cuenta de toda la situación comprometida es causa de profunda aflicción.”

“Las emociones son fuerzas biológicas, no las detiene la mente”, nos dice Jacobs Hendel

Spinoza está de acuerdo con esta idea dado que criticaba a los estoicos los cuales afirmaban que podíamos llegar a tener un control total sobre las emociones.

Spinoza, nos proporciona una vacuna que logra desarrollar anticuerpos de anticipación en nosotros. Funciona así:

 Logra una ruptura entre los estímulos que desencadenan en nosotros emociones negativas del tipo miedo, ira, celos resentimiento, tristeza, etc. y su sustitución por estímulos que generen emociones positivas que nos potencian en nuestra actuación.

Para conseguir esto  nos dice que hay que recurrir a ensayos mentales con estímulos negativos,  de forma que nos vayamos haciendo más tolerantes con las emociones negativas para terminar adquiriendo poco a poco la habilidad de crear en nosotros emociones positivas.

Actualmente Antonio Damasio nos dice:

“No sugiero que intentemos gestionar los asuntos sociales con la misma eficacia con la que nuestro cerebro mantiene los aspectos básicos de la vida. Probablemente no pueda hacerse. Nuestros objetivos deberían ser más realistas. Además, los repetidos fracasos de los intentos pasados  y presentes en este sentido nos hacen justificadamente  propensos al cinismo. En realidad, la tentación de echarse atrás ante cualquier esfuerzo concertado para gestionar los asuntos humanos y para anunciar el fin del futuro es una actitud comprensible. Pero nada puede garantizar con más seguridad la derrota que retirarse a una auto preservación aislada. Por mucho que pueda sonar a ingenuo utópico, especialmente después de leer el periódico de la mañana o de ver las noticias de la noche, simplemente no hay alternativa a creer que podemos hacer algo importante”.


Incorporar a los análisis sociológicos  y explicar  muchos fenómenos sociales añadiendo a los mismos  una perspectiva emocional individual,  puede ser una paso importante para lograr una sociedad más gratificante que nos permita -según la aspiración de Spinoza-  "vivir con alegría de forma plena y duradera". 

La neurociencia y la sociología tienen mucho que aportar a este importante 

objetivo de bienestar.
 

 



domingo, 10 de enero de 2021

El trumpismo ha tropezado: ¡Aleluya!

 


El trumpismo ha tropezado: ¡Aleluya!

Nos decía Paul Sartre que “un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”.

¿En qué circunstancias, acontecimientos, contexto social, etc., nació y se desenvolvió Trump, que hicieron de él semejante personaje  para acabar siendo lo que es ahora, en este momento: una nueva versión de 'Conan el bárbaro'? Pretender, en los tiempos actuales,  hacer política  desde un poder fabricado a través de la espada y la brujería es toda una temeridad

Unos siglos antes, Baruch Spinoza nos había definido, de forma clara y precisa el centro de la psicología, la ética y la política que él desarrolló a lo largo de su corta vida.

Llamó a este centro el conatus: y lo definió así: “Cada cosa se esfuerza, en cuanto está en ella, por perseverar en su ser”. En una primera aproximación podemos entender el conato, como  que todo lo que existe, tiende a la autoconservación.

El empecinamiento de Trump en mantenerse en la presidencia del país más poderoso de la tierra, saltándose las normas que este se había dado para que ello fuera posible, es una prueba empírica relevante,  confirmatoria de la hipótesis de que la personalidad,  muchas veces anula la inteligencia y recursos cognitivos y económicos  que alguien pueda tener,  obteniendo en la vida cotidiana resultados totalmente negativos, por mucha riqueza que este pueda tener.

Freud incorporó al desarrollo de su sistema el conatus de Spinoza,    y sostuvo  que las acciones de autopreservación se activaban de forma inconsciente. La imprudencia e irreflexión de Trump que le llevaban a no valorar las consecuencias de sus acciones,  son una prueba evidente de su falta de conocimiento e incapacidad de percibir y darse cuenta del  funcionamiento del mundo político actual. Confirman, también, la  afirmación de psicoanálisis de que es el inconciente el que manda y regula la vida de los humanos dejando en un segundo plano a la razón.

Con  personajes como Trump quedó confirmado que son los instintos y no la razón los que nos llevan a actuar y, también, que aquello tantas veces repetido que que somos ‘Homo Sapiens Sapines’, hombres doblemente sabios, es una de las más grandes falacias jamás inventadas.

 En una de las cartas que Sartre escribió a Simone de Beauvoir,  le hablaba de otra persona y le decía entre otras cosas “(…) se había dado cuenta de que lo que le estropeaba la vida no era la fatalidad sino su propia forma de ser”.  Sartre, J.P.: Cartas al castor 1. Barcelona, Edhasa, 1986 p.117

La personalidad tiene una gran incidencia en nuestro comportamiento y poderosos efectos sobre la calidad de vida que uno logra tener. Es, a través de ella,  que que hace que nos adaptamos mejor o peor, social y personalmente,  a la vida en general y a  las diferentes parcelas de esta. Sin duda Trump, no se adaptó a la política.

La historia recodará los años 2020 y 2021, como la victoria de la humanidad ante dos destructores  virus, a cada cuál más letal: el SARS-CoV-2, propagador de la enfermedad Covid-19 , y el trumpismo, propagador de la enfermedad “comecocos”,  que produce, entre otras cosas,  unas intensas mermas de madurez, sensatez y sentido común,  llegando, en los casos más graves, a suspender la actividad funcional del cerebro humano generando individuos descerebrados.

Ya nos lo advertía, en el siglo pasado,  Skinner:

“El auténtico problema no es si las máquinas piensan, sino si lo hacen los hombres”. 

Burrhus Frederic Skinner

 


 

domingo, 6 de diciembre de 2020

NUESTRA INCIERTA VIDA ANORMAL



“Vivir es una cosa terriblemente arriesgada”

Carl Rogers

Aun cuando muchas personas viven creyendo que actúan a partir de certezas, casi absolutas,  lo cierto es que el mundo en el que vivimos es mudable e inestable: nada más cierto que el constante y permanente  cambio.

El gran psicoterapeuta Carl Rogers, creador de la ‘Terapia centrada en el cliente’- terapia no directiva- , autor de un gran número de obras pero, sobre todo,  a mi juicio,  la más destacada “El proceso de convertirse en persona",  parece que nos quiere poner de relieve con la frase con la que inicio este  artículo,  que el mundo es sobre todo inseguro y, en consecuencia, nuestro vivir en él requiere asumir grandes riesgos.

Estamos en un contexto de anormalidad, distinto,  en muchos aspectos, del que teníamos antes de que el famoso virus asomara su rostro en el planeta tierra, obligándonos a vivir fuera de nuestro estado cotidiano, cambiando las condiciones bajo las cuales cada uno de nosotros organizaba su vida. Las incertezas  que atacan directamente a nuestra esperanza, expectativas y la confianza en nosotros mismos y en los demás- "el infierno son los otros", decía Sartre-, se han incrementado hasta umbrales no tolerables por mentes y psiquismos sanos,  haciendo que aumenten significativamente el número de psicopatologías.[1]

El riesgo que asumimos ya va mucho más allá de las pequeñas inversiones que puntualmente podemos hacer en el mercado de valores, el de perder el empleo que tenemos, el tener una accidente cuando viajamos, etc. Esto se ha convertido en anécdota cuando nos jugamos cada día, nada más ni nada menos,  que la vida: cualquiera puede levantarse hoy "vivito y coleando", creyéndose libre de todo mal,  y en muy pocos día haber abandonado el mundo para siempre. Hay riesgos objetivos medidos a través de las probabilidades;  riesgos subjetivos personales de cada uno de nosotros,  directamente conexionados con nuestras  creencias; hay, también,  riesgos  intersubjetivos que afectan a un grupo amplio de personas e incluso de comunidades,  formando una conciencia colectiva y subjetiva de la misma.  

Vivíamos antes sin ser conscientes de que nuestra existencia era finita. Tampoco éramos muy conscientes de que podía terminar de forma inesperada y aleatoria. Nuestra capacidad de “darnos cuenta” arrastraba déficits peligrosos. La pandemia que estamos pasando ha creado en nuestra sociedad un riesgo intersubjetivo,  haciendonos tomar conciencia de la gravedad de la situación. Los riesgos subjetivos se modifican cambiando las creencias que los sustentan: cambia tus creencias y cambiará tu percepción del riesgo. Para cambiar un riesgo intersubjetivo es necesario  que muchas personas, un número estadísticamente significativo de ellas,  cambien sus creencias ( podemos llamarle "inmunidad de rebaño de las creencias"). Para el contexto actual tal vez sería más preciso hablar de incertidumbre, lo que es aún peor que cualquier riesgo. El riesgo es medible, la incertidumbre no lo es. Para el primero siempre podemos estimar las opciones que tenemos y para cada una de estas calcular las probabilidades. Para la segunda solo podemos especular. 

 Clasificar cosas es muy útil; clasificar personas tiene sus riesgos. Aún así me voy a arriesgar.  Sigue habiendo un gran número de personas que podemos clasificar en el grupo  de ‘inconscientes sin conciencia’. Su número es lo suficientemente significativo como para que nos afecte a toda la comunidad. 

El cambio de creencias de este grupo a través del cambio individual de sus componentes,  es harto difícil por las propias  características  de sus componentes. Ya no digamos nada de cambiar al colectivo como tal.  Inculcar aquí responsabilidad individual es lisa y llanamente como predicar en el desierto. Aquello que sostengo habitualmente de que la libertad y la responsabilidad van unidas, que  no pueden separarse y no son posibles la una sin la otra, suena a jauja.

Espero que lo de "inconscientes sin conciencia" se entienda en el contexto en el que aquí aparece. Nada se puede entender, y mucho menos explicar a otros, si no comprendemos el contexto en el que tiene lugar.   Los términos de “conciencia” y “consciente”, son muy confusos y controvertidos. Hay mucha información sobre la conciencia.  Aproximadamente 82.700.000 resultados (0,45 segundos) aparecen en google para “conciencia” (06-12-2020, 8:48 horas). Se habla de ella en los foros más diversos. En unos se aborda desde profundas reflexiones, desde la ciencia, desde múltiples enfoques referidos a la moral, la psicología, la filosofía etc. y en otros, a partir de un mero y superficial vistazo a la definición que nos da la RAE, y sin tener en cuenta aquello que estudiamos de pequeños en la escuela: "el signo lingüístico es arbitrario: no hay ninguna razón objetiva para llamarle..."  Escuché a una persona, hablando a unos alumnos universitarios  que asistían a su charla, y cuando le tocó hablar de  la conciencia,  lo único que aportó fue criticar a los que, según ella, confundían conciencia con consciencia, en un contexto que al parecer esta persona no llegaba a entender, o sí lo entendía, pero los objetivos  que perseguía con la crítica eran de otra índole.

 Como sostiene  Daniel Dennett, - autor de “La conciencia explicada” – y  sin duda una de las personas que más ha  profundizado en el estudio e investigación de la conciencia, “(…)Finalmente me he dado cuenta de que mucha gente le gusta mantener el equívoco.

 No quieren corregir sus imaginaciones. Les gusta decir que yo niego la existencia de la conciencia, que yo niego la existencia del libre albedrío. Incluso un pensador de la inteligencia de  Robert Wright    encuentra irresistible la negación de la distinción que propongo". 

Nos relata también lo que dice Robert acerca de él: "Por supuesto, el problema es que la tesis de que la conciencia es “idéntica” a los estados físicos cerebrales. Cuanto más se esfuerza Dennett y otros por explicarme lo que quieren decir con eso, más me convenzo de que lo que realmente quieren decir es que la conciencia no existe”[2]

¿Emplearían las personas asistentes  al acto anterior algún tipo de filtro para separar el  grano de la paja? ¿Se trataría de personas “ahogadas” por el exceso de información propio de la actual  sociedad del conocimiento? Manejar anécdotas en un foro universitario no dice nada bueno de la situación. [3] Leer: Cardar para saber mirar: cardar como COMPETENCIA  https://julioiglesiasforma.blogspot.com/2020/11/primero-cardar-para-sabermirar-1.html

El grupo de los ‘inconscientes sin conciencia’ parece que para ellos la afirmación de Carl Rogers con la que comienza este artículo no la consideran en absoluto,  a juzgar por lo que nos  ofrecen diariamente los medios de comunicación, describiendo la forma que tienen de abordar esta pandemia.

 A finales del siglo pasado, concretamente en mayo de 1995, Sherwin B. Nuland, cirujano y profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale, sacó,  traducido al español  por Camilo Tomé, un libro que nos impactó en aquel momento a los que lo leímos[4]. Abordaba, de forma rigurosa y científica,  un tema por el que todos y cada uno de nosotros pasaremos: la muerte. Trata de desmitificar el proceso de morir. Describe la muerte desde el punto de vista clínico, psicológico y biológico de las,  según él,  6 enfermedades mortales que se llevarán por delante a la mayor parte de nosotros. 

“Las seis tienen características que son representativas de ciertos procesos universales que todos experimentamos al morir.  La parada de la circulación, el transporte inadecuado de oxígeno a los tejidos, el deterioro progresivo de las funciones cerebrales hasta su total interrupción, el fallo funcional de los órganos, la destrucción de los centros vitales: estas son las armas de todos los jinetes de la muerte”.[5]

En el libro va describiendo la muerte por cada uno de estos seis jinetes: cáncer, SIDA, enfermedades cardiacas, accidentes cerebro-vasculares, Alzheimer, vejez y agresiones violentas. Sostiene la idea de que sólo familiarizándonos con estos jinetes, y conociendo  la verdad,  podemos llegar a perder el miedo a los mismos.

Hay quien sostiene que para eliminar una preocupación, una forma de sacarla de la cabeza, es generando otra mayor. Es una cuestión de relativización: La dimensión de la segunda minimiza el valor de la primera.  En general, a todos nos preocupan todos y cada uno de los jinetes de la muerte que Sherwin menciona. De repente aparece el SARS-CoV-2, empieza a manifestarse a través de miles de personas aquejadas de la enfermedad  Covid-19,  que produce la muerte a miles de personas que se anuncian en los titulares de los medios de comunicación:

El mapa mundial del coronavirus: más de 66 millones de casos y más de 1,5 millones de muertos en todo el  mundo:

https://www.rtve.es/noticias/20201205/mapa-mundial-del-coronavirus/1998143.shtml

 Aunque no pertenezcamos al grupo de los “inconscientes sin conciencia”, muchos  de nosotros rehuimos estos temas acerca de los cuales arrastramos toda una serie de tabúes y prejuicios. Nos dice Sherwin B. Nuland,“(…) hay algo en cada uno de nosotros que evita que tomemos conciencia de la realidad de nuestro propio envejecimiento. Algo dentro de nosotros no acepta esa conciencia inmediata de que, al tiempo que asistimos al envejecimiento de quienes ya son mayores, nuestros propios cuerpos están pasando simultánea y sutilmente por el mismo proceso inexorable que al final conduce a la senectud y a la muerte." 

La muerte forma parte de la normalidad. Aunque en muchos ámbitos nos creemos insustituibles, con el tiempo nos damos cuenta que somos sustituidos sin que pase absolutamente nada. También en la vida, es un dictado de la naturaleza la constante renovación. 

Michel de Montaigne,   maestro del ensayo y liberal moralista francés, autor del estudio existencial titulado De cómo filosofar es aprender a morir, nos decía: “Haced sitio a otros como otros os lo hicieron."

Poner en riesgo extremo la vida, saltándose todas las normas que la ciencia nos  dicta,  explicándonos lo que ocurre y dándonos herramientas para protegernos,  es una temeridad que no puede formar parte de la normalidad sino de su antónimo: la  anormalidad.

Vaya esta reflexión de hoy con el objetivo de que disminuya el grupo de los “Inconscientes sin conciencia”, utilizando la pedagogía que el propio Montaigne nos sugería:

“Quien le enseña al hombre a morir, le enseña a vivir”. 

También nos puede ayudar, en tan encomiable objetivo, la reflexión de Manuel Vicent en 

El País de hoy: Ser de letras

“Nadie sabe adónde han ido a parar aquellos intelectuales con pipa, dueños de la verdad y de  todas las certezas. El mundo ya no es de letras.

https://elpais.com/opinion/2020-12-05/ser-de-letras.html

 


Referencias bibliográficas:

[1] ¿Cómo se relacionan la enfermedad mental y la Covid-19?  https://psiquiatria.com/corona-virus-covid-19/como-se-relacionan-la-enfermedad-mental-y-la-covid-19/

[2]DENNETT C,  Daniel: LA EVOLUCIÓN DE LA LIBERTAD. Editorial  Paidós Ibérica, S.A., Barcelona, 2004, p.252

[3] Cardar para saber mirar: cardar como COMPETENCIA  https://julioiglesiasforma.blogspot.com/2020/11/primero-cardar-para-sabermirar-1.html

[4]NULAND B. SHERWIN: Cómo morimos: Reflexiones sobre el capítulo final de la vida. Alianza Editorial S.A., Madrid, 1995, p.17

[5] Ibíd. P.87

 


domingo, 1 de noviembre de 2020

El triunfo de la INSENSATEZ

 




El triunfo de la INSENSATEZ

Falto de sensateztonto, fatuo. Así define la Real Academia Española al vocablo insensatez.

Robert J. Sternberg en un artículo que titula “La teoría del desequilibrio de la tontería” y que incluye en un libro en el que se recogen una serie de artículos de diferentes autores,  todos relevantes en la investigación de la estupidez humana,  titulado “Por qué las personas inteligentes pueden ser tan estúpidas”. Autor: Robert J. Sternberg. Editorial: Crítica., recurre al American Heritage Dictionary of the English Language, que define a una persona “estúpida” como: “Lenta para aprender o comprender; obtusa.”; Carece de, o está marcada por una falta de inteligencia”.

El mismo diccionario define a la persona “tonta” como: “Carece o da muestras de falta  sentido común o juicio; estúpida…”; “resultado de la estupidez o mala información; poco lista”; que provoca risa, absurda ridícula; No moderada o tozuda, no razonable.

Sternberg sostiene que la causa de la insensatez humana se debe a la falta de conocimiento tácito:

 “El conocimiento orientado a la acción, adquirido normalmente sin ayuda directa de los demás, que permite a los individuos adquirir objetivos que valoran personalmente”. Este conocimiento tácito es fundamental, adquirirlo por uno mismo, bajo su propia responsabilidad personal, y luego ser utilizado en el día a día si no queremos caer en conductas insensatas.

 Es más una forma de “cómo saber” que de “qué saber”.

Esto quiere decir, entre otras cosas, que cuando en la historia del domingo pasado publicada en Facebook,  y que aparece en mi blog con el título de “La “realidad” de las pensiones: según el Pacto de Toledo”, en la que hablamos de diferentes métodos de resolución de problemas, desde la perspectiva del conocimiento tácito se considera que el conocimiento académico abstracto de procedimientos,  para la solución de problemas que no son relevantes para la vida,  no se considera conocimiento tácito. Los “inteligentes de libro” sin conocimiento tácito, son un peligro para resolver un problema de pensiones o cualquier otro problema práctico humano.


“Los costes de la insensatez pueden ser muy elevados. Para poder evitarlos, primero debemos comprenderlos. Esa comprensión puede adquirirse considerando la insensatez un desequilibrio resultado de los sentimientos de omnisciencia. omnipotencia e invulnerabilidad.”

De forma muy resumida, práctica  y limitada,  referida a los políticos:

En el mundo político  la sensación de omnisciencia  es el resultado de tener a su disposición todo tipo de información que deseen. La de omnipotencia se debe al gran poder que  tienen en sus manos que les permite hacer casi todo de lo que quieren. La de invulnerabilidad se debe a su falsa ilusión de estar completamente protegidos. Creen que tienen muchos amigos dispuestos  a protegerles en todo momento.

¿A cuantos personajes de la vida pública española podemos incluir como portadores de estas características? 

 Como terapia cognitiva  para comprender este contexto (no podemos entender racionalmente ningún suceso si no lo ubicamos en un contexto), a los ciudadanos nos vendría bien leer a Byung-Chul Han :

“La violencia y la libertad son los extremos de una escala del poder. Una creciente intensidad de la intermediación genera más libertad, o más sentimiento de libertad. Así pues, es la estructura interna de la intermediación lo que determina la forma de manifestación del poder”. (p.18)  (el resaltado en negrita es mío) . Autor: Byung-Chul Han. Titulo: Sobre el poder. Editorial: Herder.

Nos ilustra muy bien esta situación Vicent en su columna de hoy : "Pero si lo que dice esta señora fuera cierto, en ese caso la batalla política española se estaría librando como un desafío de igual a igual entre la Puerta del Sol y La Moncloa."https://elpais.com/opinion/2020-10-31/gran-guinol.html

Y ya puestos, podemos seguir con Michel Foucault :

En su obra “Vigilar y Castigar” nos habla de “tres tecnologías" del poder: El poder de la soberanía, el poder de la legislación civil y del poder disciplinario. Nos dice que el poder de la legislación civil es más estable que el de la soberanía ya que no opera desde fuera, sino desde dentro. No hace gala de la coerción externa (el poder de la espada como símbolo del poder de la soberanía)  que se irradia de arriba abajo).

 “Cuando hayáis formado así una cadena de las ideas en la cabeza de vuestros ciudadanos, podréis entonces jactaros de conducirlos y de ser sus amos. Un déspota imbécil puede obligar a unos esclavos con unas cadenas de hierro; pero un verdadero político ata mucho más fuerte por la cadena de sus propias ideas. Sujeta el primer cabo al plano fijo de la razón.”

Hace que la libertad coincida con el sometimiento.

Como psicoanálisis para los políticos (generalizable a toda persona con poder) infectados del virus de la invulnerabilidad,   que creen estar completamente protegidos, ya que tienen muchos amigos dispuestos  a echarle una mano  en todo momento, les vendría muy bien, a este tipo de políticos,   recordar a Harry Truman y seguir su consejo:

"Aquellos que deseen ardientemente una amistad que compren un perro. En cuanto las cosas se tuercen, los amigos pueden resultar cualquier cosa menos fieles, mientras que la lealtad del perro es siempre incondicional."

Nota:

 Este escrito elaborado a prisa los domingos por la mañana, para los lectores de la Historia que publico en Facebook, lo someto a reflexión más profunda durante unos día y termino por añadirle a sacarle algunos párrafos hasta que definitivamente queda recogido en mi blog.

Como complemento a esta lectura   que me ha servido de  fuente de inspiración para que yo hoy haya escrito esto, invito a leer la columna de mi admirado Manuel Vicent.   

https://elpais.com/opinion/2020-10-31/gran-guinol.html

Por si algún lector no tiene accedo a El País, la transcribo a continuación: 

Gran guiñol

Ayuso se mueve por todas las alfombras en el papel de diva, mientras los madrileños asisten al espectáculo entre la risa, el cabreo y la congoja

MANUEL VICENT

01 NOV 2020 - 00:30 CET

Madrid es España y España es Madrid. Así lo ha sentenciado la presidenta de la Comunidad, Díaz Ayuso, que habla y se expone como si alguien moviera los hilos de este guiñol político por detrás de las bambalinas. Se trata de una nueva sandez a la que nos tiene acostumbrados esta lideresa cuyos juicios son tan inquietantes como su mirada y su media sonrisa. Pero si lo que dice esta señora fuera cierto, en ese caso la batalla política española se estaría librando como un desafío de igual a igual entre la Puerta del Sol y La Moncloa. En la Puerta del Sol se produjo el levantamiento del Dos de Mayo ; desde el balcón del entonces Ministerio de la Gobernación se proclamó la Segunda República; en ese edificio se ubicó durante el franquismo la Dirección General de Seguridad en cuyos sótanos fueron torturados cientos de demócratas, algunos hasta la muerte; hacia la Puerta del Sol confluyen los gritos y pancartas de protesta desde cualquier punto del territorio nacional; en esa plaza está el kilómetro cero y su reloj da las campanadas de Año Nuevo para todo el país. La energía política que se condensa en esa plaza es demoledora. Alguien habrá convencido a esta lideresa de que si tienes la Puerta del Sol tienes a España entera, lo que te permite fajarte cuerpo a cuerpo con un presidente del Gobierno de izquierdas, quien al fin y al cabo vive en las afueras, en un palacio anodino de falso mármol solo famoso porque allí se rodó La reina del Chantecler en 1962. Puede que algún torvo asesor le haya soplado al oído que el virus que anda descabalgado asolando la Comunidad de Madrid le brinda la oportunidad de ser ella la única protagonista de esta película, como lo fue la Bella Charito. Así se mueve la Ayuso por todas las alfombras en el papel de diva, mientras los madrileños asisten a este guiñol político entre la risa, el cabreo y la congoja.