domingo, 15 de julio de 2018





LA UTILIDAD  DE LOS  PARADIGMAS CIENTÍFICOS




En cursos, conferencias, charlas y foros varios, se utiliza con profusión el término de “Paradigma”. Cada uno lo explica y aplica a su manera, en función del contexto en el que se ubica.

Fue el gran filósofo de la ciencia, Thomas Kuhn, el que lo utilizó en su obra “La estructura de las revoluciones científicas”. Lo cierto es que como el término no gustó a los críticos, que lo etiquetaron de excesivamente vago y esquivo, posteriormente lo sustituyó por el de “matriz disciplinaria”.

Kuhn sostuvo que la ciencia avanzaba a través de dos fases totalmente diferentes la una de la otra. Hay un periodo, que él llama de “ciencia normal”, y un periodo que él denomina de “ciencia revolucionaria”.

Así, por ejemplo, si nos referimos a la astronomía, el periodo de ciencia normal que desarrollo la astronomía ptolemaica o geocéntrica duró dos mil años, desde el siglo V a.C. hasta mediados del siglo XV. Posteriormente el periodo de ciencia revolucionaria, desterró la idea de que la tierra permanecía fija en el centro del universo y que todos los astros, sol incluido, giraba en círculos alrededor de ella. 

Después de un periodo de ciencia revolucionaria, que costó a algunos grandes sacrificios (recordemos a Galileo), hoy aceptamos, como verdad científica,  la astronomía heliocéntrica, es decir, fue desterrado el paradigma anterior y reemplazado por el nuevo paradigma.

Kuhn decía que hay cuatro elementos que componen un paradigma (generalizaciones simbólicas, modelos, valores normativos, ejemplares).
El elemento denominado valores normativos trata de criterios de valoración que los investigadores utilizan para evaluar las teoría y los resultados empíricos que la ciencia consigue. Utiliza tanto criterios internos a la propia ciencia, como externos a la misma y,  entre estos, 

utiliza parámetros que valoran la utilidad social y económica de la teoría propuesta y también, la compatibilidad de la teoría con determinadas concepciones ideológicas, metafísicas o incluso religiosas aceptadas por la comunidad.

La columna  de Manuel Vicent  publicada hoy, como todos los domingos en  El País, termina así:

“Quim Torra, acompañado de otros viajeros anónimos, volvió por la tarde en el AVE a Barcelona y aunque fuera había un sol radiante él solo veía sombras a través de la ventanilla, pero el convoy iba hacia Cataluña como una lanzadera de telar fabricando con los sueños y las pasiones de los pasajeros un recio tejido vital que no se podrá rasgar sin tragedia”.





Yo,  leyendo a Vicent,  me preguntaba si sería útil a los políticos utilizar los modelos de la ciencia para avanzar y aportar a la sociedad muchas utilidades

¿Cuál es el paradigma político de  Quim Torra?



¿En qué periodo estamos en Cataluña: periodo de “política normal” o de “política revolucionaria”?



domingo, 1 de julio de 2018

VENDEDORES DE HUMO: ¿SABEMOS DETECTARLOS?



VENDEDORES DE HUMO: ¿SABEMOS DETECTARLOS?


  

Hoy, mi admirado Manuel Vicent no publica, como todos los domingos, su columna en El País. Supongo que estará de vacaciones. 

Comparto uno de los daguerrotipos que escribió en los años 1982 y 1983 sobre los políticos de la transición, en este caso, sobre Felipe González. 


Su gran sabiduría, que siempre le caracterizó, se pode de manifiesto, una vez más, aquí, a través de su capacidad de predecir (pre + decir: lo que ha dicho previamente), la evolución del personaje. A muchos nos engañó con su chaqueta de pana y con su gran dialéctica de encantador de serpientes, diciéndonos, en aquel entonces, exactamente lo que nos gusta oír con lo que no nos quedaba otra postura que la de estar de acuerdo con él. 

La gran pregunta es la siguiente: 

¿él era así o hacía simplemente una representación teatral perfecta?


Los actores representan un papel, ya sea en el teatro o en las películas, y todos somos conscientes de que es algo que tan sólo interpretan, que no es verdad. Puede llegar a fascinarnos la película o la obra de teatro pero, una vez que termina, nos queda muy claro que tan sólo se trataba de algo que se representaba.


En aquel entones, muchos creíamos que Felipe González era así, tal y como se manifestaba. Hoy ya sabemos, con certeza, que no era así, sino, simplemente un buen actor. 

Manuel Vicent, es este artículo, nos escribe el siguiente diálogo: 

“El señor gordito de Nueva York ha tenido la ficha técnica de Felipe González todo el año sobre su mesa y en ella ha ido anotando las sucesivas correcciones. Si un día este muchacho tan puro podía quitarle la sardina de la boca a la derecha española, había que pulirlo un poco más. A veces apretaba el botón de la computadora, unida a otro ordenador del Pentágono, y en el condensador de órdenes instalado en la cancillería de Bonn los dígitos, salían en pantalla con la última voluntad del amo.
Lo queremos totalmente suave.
-¿Más todavía?
-Nada de marxismo.
-Eso se arregló hace dos años.
-Que venda ética. Sólo ética.
-¿Como si fuera un jabón de tocador?
-Exacto”. 

El señor gordito de Nueva York estará contento: 

ya no vende, desde hace mucho tiempo, ni siquiera ética.


Leer artículo de Vicent: 
                                       






jueves, 7 de junio de 2018




EL VALOR DE LA PALABRA

“¡La confianza es buena; el control mejor!"


Nos hemos acostumbrado a que los políticos, en general,  nos den gato por liebre. Hemos tolerado,  e incluso  justificado,  que los políticos, en general, representen un “papel” que luego, a la larga (algunos a la corta), no son capaces de mantener.

Cuando digo “los políticos, en general”, doy por supuesto que no “todos son iguales” y que, como en todas las profesiones,  hay una amplia gama de perfiles.

Los actores representan un papel, ya sea en el teatro o en las películas,  y todos somos conscientes de que es algo que tan sólo  interpretan, que no es verdad. Puede llegar a fascinarnos la película o la obra de teatro pero,  una vez que termina,  nos queda muy claro que tan sólo se trataba  de algo que se representaba.


Parece elemental que deberíamos exigirles a nuestros políticos,  primero,  que crean en lo que dicen;  segundo, que actúen en                          consecuencia.


 ¿Es tal vez exigirles demasiado?

Claro que posiblemente, antes de exigirles a los políticos  que no utilicen la máscara,  que no fabriquen un falso yo para actuar, tal vez tendríamos que empezar por nosotros mismos y auto exigirnos,  cada uno así mismo,  que bajo ningún concepto nos dejaremos engañar.

¿Es tal vez exigirnos demasiado?


Toda transformación  empieza con un cambio de mentalidad

No podemos cambiar a los demás pero sí podemos cambiarnos a nosotros mismo.  
¿Qué pasaría si empezamos por tener en cuenta aquello de León Tolstoi:
“Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo”,  y nos ponemos manos a la obra.
A mi juicio, uno de las cosas urgentes en las que deberíamos poner el foco,   sería en el papel que esta sociedad nos hace representar como ciudadanos y cambiarlo radicalmente.



Vivimos en una sociedad etiquetada, en la que se fomenta una tipología de ¿ciudadanos? más parecidos a ovejas mudas y ciegas que a otra cosa, en la que abundan robots humanos programados por múltiples fuentes pero, todas coincidentes en el mismo objetivo:  en que no pensemos  por cuenta propia, sino lo que nos dicen que pensemos.  En una sociedad en la que se impone lo convencional que nos lleva a  establecer con los demás unas relaciones basadas en la hipocresía. Una sociedad en la que se impone  lo igual, lo clónico y la consiguiente expulsión del diferente.






¿Somos conscientes de la etiqueta bajo la que vivimos?
¿Cuántas veces al día nos hacemos el ciego,  ignorando acontecimientos que deberían impulsar nuestra acción?
¿Con qué frecuencia  reímos la gracia o asentimos ante alguien que manifiesta una opinión con la que discrepamos en el fondo y en la forma?
¿Qué causas nos impiden discrepar asertivamente?
¿Dónde se  creó y programó  el algoritmo que marca nuestras pautas de actuación?


Darse cuenta



En la medida en que incrementemos nuestra conciencia,  entendida  como los conocimientos que un ser tiene de sí mismo, de los demás y de su entorno,  y que le permiten “darse cuenta” de lo que ocurre en su interior, de lo que le ocurre a los demás y de lo que sucede en el medio en el que se desenvuelve, estaremos incrementando también nuestra autogestión y proactividad.

 La proactividad, desde el punto de vista práctico,   nos permite dar respuestas elegidas por nosotros mismos a los estímulos que nos presentan,  y no respuestas reactivas promovidas por el estímulo o por convencionalismos más inconscientes,  que marcan lo políticamente correcto fomentando unas relaciones superficiales y puramente instrumentales. 


La proactividad nos permite fomentar el “arte de ser uno mismo”, y comportarnos en todo momento de acuerdo a                  decisiones propias tomadas previamente.



La autogestión consiste en  gestionar la propia  vida, y pasa por el gobierno de uno mismo, por practicar,  con todas las consecuencias,  un lema que llevo años y años repitiendo en diversos y variados foros: “tu conduces tu vida, tú decides”. Para el gobierno de uno mismo hemos propuesto, en varios artículos de este mismo blog,  una gran coalición entre lo intelectual y lo emocional, entre el pensar y el sentir, entre el pensamiento  crítico y el optimismo funcional.

Poner el foco en lo que acabamos de reseñar, acelera el cambio de mentalidad de las personas, el cual fue la causa determinante de cualquier transformación social a lo largo de la historia.
 Un cambio de mentalidad que estamos viviendo actualmente y que referido a los políticos podíamos sintetizarlo así:



Principios y valores declarados, determinarán los comportamientos practicados. Cuando no sea así, entrará en funcionamiento ese eslogan que fue  tan mencionado: “El que la hace la paga”.



Entendiendo por “el que la hace”, ya no solamente el que roba o se corrompe a través de las múltiples formas que existen, sino también, el que promete una cosa y luego hace la contraria, el que nos “vende” un programa y luego, una vez en el gobierno se olvida del mismo. El que pretende darnos gato por liebre.

Este cambio de mentalidad  hará que sea imposible que los corruptos,  cuando toman la decisión basada en el coste-beneficio con miras a  lograr su enriquecimiento personal, esta no le salga a cuenta, como hasta ahora, de tal forma que después de ir unos cuantos años a la cárcel le quedan por delante largos años para vivir a cuerpo de rey.

El cambio de mentalidad tiene que llevar a crear un entorno en el que si alguien cae en la corrupción, primero devuelva lo robado, segundo cumpla los años de cárcel que le correspondan y, después que “haga la calle”.

En cuanto a los que prometen y luego no cumplen,  hay que recordarles que la ontología del lenguaje sostiene que el lenguaje humano no sólo describe la realidad de forma pasiva: también genera realidad de forma activa. El lenguaje es acción y crea realidades de forma continua.

Todo lo que hablamos da como resultado “productos lingüísticos”, los cuales los podemos clasificar, según Rafael Echeverría,  así:

Afirmaciones, declaraciones, PROMESAS, ofertas y peticiones.
Cuando hacemos una afirmación,  nos comprometemos a la veracidad de lo que afirmamos.
Cuando hacemos una declaración, nos comprometemos a la validez y a lo adecuado de lo declarado


Cuando hacemos una promesa, una petición o una oferta, nos comprometemos a la sinceridad de la promesa enunciada. Cuando nos comprometemos a cumplir una promesa nos comprometemos, también, a tener la competencia para cumplir con las condiciones de satisfacción estipuladas.

Referido a nosotros mismos, ese cambio de mentalidad, nos llevará a dejar atrás la famosa resignación tan predicada. A entender que resignarse es una aceptación sin acción previa, con lo cual aceptar y resignarse ante un hecho que nos daña,  lo único que genera es un mayor sufrimiento. Un ejemplo  paradigmático de este cambio de mentalidad es el de  los pensionistas actuales, sus luchas y sus logros, los cuales les abalan para poder decir de sí mismos: hemos cambiado el mundo, cambiemos ahora nosotros.

Termino este artículo  con el  lema  con el que lo empiezo. Se atribuye  a Lenin, sacándolo tal vez un poco o incluso un mucho  de contexto, para aplicarlo aquí,  sin el sentido cínico en el que es probable que se aplicara el original. Lo utilizo  aquí para decir que no debemos caer, ni siquiera los que militan en algún partido político,  en una “confianza ciega” en los políticos. Tenemos que lograr que vivan desde la verdad y no desde la mentira, de tal forma que sus votantes sepan lo que pueden esperar de ellos, y no permitan que los políticos, en general, caigan  en aquello de
  “ Dar gato por liebre”.








lunes, 7 de mayo de 2018

MAYORES 5: MAYO DEL 68: Adolescentes, entonces, personas mayores, hoy.





MAYO DEL 68: Adolescentes, entonces, personas mayores,  hoy.





“Mostraremos que la democracia es la paz, porque la democracia es la justicia”. 
Emilio Castelar


Aun cuando hay muchas personas, hoy mayores, que presumieron de haber estado y participado en el Mayo francés del 68, lo cierto es que la “lucecita del Pardo”, que iluminaba toda la noche a Franco para que velara por  los españoles, no nos permitió, en nuestra adolescencia,  enterarnos del mismo. Ni ver ni escuchar nada sobre él  y, todavía menos,  comprenderlo como fenómeno sociológico.

El Nacionalcatolicismo  que la RAE define como "Durante el régimen franquista, situación caracterizada por la estrecha relación entre el Estado y la Iglesia católica", no entendía ni se aproximaba a lo que entendieron los obispos latinoamericanos, reunidos en Puebla bajo el paraguas de la teología de la liberación, que preocupados por las injusticias sociales que se estaban viviendo y muy motivados, no por ocultarlas,  sino por ayudar a encontrar una solución, definieron las ideologías como “un consenso de ideas que mueven a la acción concreta para resolver problemas sociales.”

 Hoy,  es probable que sí comprendamos mucho mejor el fenómeno del mayo del 68; también es posible que estemos desencantados de las ideologías, pero, también es probable que la vida nos haya enseñado, que de lo que no podemos pasar es de una moral para todos,  una ética simplemente humana y no contaminada ni por las ideologías ni por las religiones.

Nos decía Enrique Miret Magdalena  cuyos artículos en la revista Triunfo (creo recordar que también leí alguno en Cuadernos para el diálogo) leíamos y discutíamos acaloradamente en nuestra juventud:   “[…] el dominico Domingo de Soto, que no  ponía por delante, en la ley civil y penal, lo que conviniera a la creencia en Dios y a sus mandamientos específicos, sino lo que pidiera la simple convivencia humana. 
  
Aquellos adolescentes de entonces, hoy personas mayores, cada uno de los cuales tiene su propia filosofía de vida, sus propias ideas, tenemos la gran ocasión de vivir nuestro particular mayo del 2018, dado que el auténtico nos ha sido arrebatado y todos sabemos “quién nos ha robado el mes de abril”.

 No nos olvidemos que lo que nos distingue de los animales, es que  los humanos somos los únicos  que nos marcamos metas de largo alcance. Que lo nuestro es el auto desarrollo y el alcance de los logros que hemos proyectado.   

Para  Federico Mayor Zaragoza,  la clave del hombre actual, para sentirse hombre efectivo, debería ser la siguiente:  

"Participo, luego existo"


¿Os imagináis a los nietos actuales,  dentro de 60 años, anunciar a sus propios nietos,   que  van  a empezar a cobrar la pensión gracias a la defensa que hicieron de ellas sus abuelos en mayo  2018?









martes, 3 de abril de 2018

MAYORES 4.Diversidad generacional: enriquecimiento versus conflicto



LOS MAYORES 4

Diversidad generacional: enriquecimiento versus conflicto
 




Introducción


En el artículo anterior, tratamos de acotar y concretar  la población de Los Mayores, respondiendo a la pregunta siguiente: ¿A quién nos referimos cuando hablamos de personas mayores?  Utilizamos términos como Identidad Personal  e Identidad Social e incorporamos, desde la sociología,  el concepto de Generación. Aun cuando no hay homogeneidad en las fechas de cada una de las generaciones, incluimos un cuadro con las fechas que consideramos fruto de un mayor consenso entre los que abordan  el tema. 


 Un ejemplo de confusión de fechas, de los muchos que podíamos poner, aparece en algunos estudios sobre la población de mayores en los que se manejan para la generación   del Babyboom la de  1957-1977:
El fenómeno conocido como “baby-boom” y generalizado en muchos países europeos tras la 2ª Guerra Mundial, se caracterizó por un fuerte aumento de la fecundidad entre 1957-1977. Esas generaciones representan actualmente un tercio de toda la población y llegarán a la edad de jubilación hacia la tercera década del siglo (2020). (Barrio et al, en prensa)” [1]
Esto puede ser debido, entre otras razones a lo que nos aclara un artículo de Expansión [2] que nos dice lo siguiente:
"La generación mayoritaria en España no es la del baby-boom, bautizada así por el inusual repunte de las tasas de natalidad en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Este grupo, nacido entre 1945 y 1964 (y que tenía en enero entre 52 y 71 años), suma en España un total de 10.882.493 personas".
El artículo fue escrito en el año 2016 y sigue diciendo:
"Supera esta cifra la conocida como Generación X, ahora la mayoritaria. No hay un consenso exacto sobre sus años de nacimiento, pero la mayoría de expertos incluye aquí a los nacidos entre 1965 y 1979 (entre 37 y 51 años). También se les conoce como Generación Perdida, Generación Peter Pan o Generación Puente, ya que se encuentran entre los famosos Baby Boomers y los cada vez más populares Millennials. En total, componen este grupo 11.468.147 españoles".

 La confusión no solo se refiere a las fechas.Lo mismo ocurre con el nombre con el que se pretende identificar a cada una de las generaciones. Salvo para la Generación X, que se debe al canadiense Douglas Coupland que escribió una novela titulada  “Generación X”, para las demás no hay un solo autor al que se deba su nombre. Son muchos los que compiten para que puedan ser reconocidos como los autores del mismo. 

Valga, como ejemplo,  la que aparece en la  Figura 1, mencionada en el artículo anterior como Generación Y – Mileniales (1985-1994). Para referirse a ella se han utilizado los siguientes términos: Generación Copiar y Pegar, Generación de la Pantalla, Generación del Pulgar, Generación Arroba, Generación I (de internet), Generación Gamer, Generación de la  Comida Rápida, Generación Visual, Los milenialistas, etc. Jeroen Boschma, escribió un libro sobre esta generación a la que, él llama Generación Einstein y se refiere a la misma como “los nacidos después de 1988”.

Todo esto lleva a muchos a ver el tema Generaciones como algo  confuso.   No es de extrañar que en LinkedIn se vean opiniones de personas que manifiestan que esto de las generaciones “ya les cansa” que “están desfasadas”, que son “anticuadas”, etc. También es cierto que no argumentan para nada  sus calificativos. Tal vez sería bueno empezar por leer y entender a Karl Mennheim, el sociólogo que empezó con el estudio y conocimiento de las generaciones.


Diversidad Generacional


El diccionario de la lengua española tiene varias acepciones para el término Generación, siendo una de ellas la siguiente: Conjunto de personas que, por haber nacido en fechas próximas y recibido una educación e influjos culturales y sociales semejantes, se comportan de manera afín o comparable en algunos sentidos.
 Las experiencias que han vivido al moverse en contextos similares desde el punto de vista personal, social, e histórico, les ha llevado a adoptar un estilo de vida y  unos comportamientos similares. El contexto histórico y sociocultural que han vivido le otorga a cada generación unas características propias. 
Referidos a España, Jeroen Boschma nos dice que al no haber participado en ninguna de las dos guerras mundiales, su división generacional es distinta de los demás países europeos. Son las que aparecen en la Figura 2 [3]


En la familia, en las empresas, en la sociedad, conviven miembros de diferentes generaciones. En general, en un ciudadano normal, desde el punto de vista estadístico,  aparecen influencias de tres generaciones: las suya propia, la de sus padres y la de sus abuelos. Un joven actual está ubicado en la generación Y (los que tienen en estos momentos entre 24 y 33 años), sus padres pertenecen a la Generación X (los que tienen en estos momentos entre 37 y 57 años) y sus abuelos a la Generación del Babyboom (los que tienen en estos momentos entre 58 y 75 años)




Dado que cada generación tiene sus propias características, la cuestión clave es cómo operan todas estas diferencias, si como fuente de conflicto o aportan y generan  enriquecimiento.


¿Cuánto de orgulloso te sientes de la generación a la que perteneces?

Conflicto o enriquecimiento



Hay una amplia bibliografía con las características de las personas pertenecientes a cada una de las generaciones. Utilicé, en algún periodo de mi vida,  para diferentes fines,  estudios en los que se identificaban toda una serie de cuestiones  de gran utilidad en el mundo laboral de cada una de las generaciones presentes en el mercado laboral: características como profesionales, valores, fortalezas en el trabajo, debilidades en el trabajo, etc. No me voy a referir aquí a cada  una de ellas. Invito, al que esté interesado y lo considere útil,   a que se documente sobre el tema pues tiene su interés y planteamientos prácticos muy interesantes. Sí me voy a referir a la generación que hoy está en la boca de todos dada su incidencia en el tema de las pensiones: a la Generación del Babyboom.

Saber cómo abordar la diversidad presente hoy en la sociedad, saber gestionar esta diversidad  referida a  la orientación sexual, la edad, la minusvalía, las  prácticas culturales, la religión, la lengua, la nacionalidad pasa por saber un poco de generaciones.  


¿Conoces las características más relevantes de la generación a la que perteneces?

Bibliografia y fuentes:



 [3] Boschama, J. Generación Einstein. Más listos, más rápidos y más sociables. Ediciones Gestión 2000, Barcelona 2008. p.34





miércoles, 14 de marzo de 2018

LOS MAYORES 3.REFLEXIONES SOBRE LA EDAD




REFLEXIONES SOBRE LA EDAD 




Introducción

Empiezo hoy una serie de artículos sobre las personas mayores. Lo hago movido por varios objetivos, entre los que se incluye el de conocer un poco más una población a la que todos aspiramos a llegar y vivir en ella el mayor número de años posibles,  con la mayor calidad que se pueda.
Saber cuál es nuestra situación actual, el punto de partida,  es el primer requisito para luego poder planificar y llegar a la situación deseada primero,  y a  la situación objetivo después, siempre y cuando nos pongamos manos a la obra. No hay que confundir deseos con objetivos.  A mi juicio no se puede vivir, en ningún periodo de la vida, sin metas, sin alguna esperanza.
Esta metodología que he practicado a lo largo de mi vida, y que me ha dado buenos resultados, no tengo por qué dejar de seguir utilizándola. Bien es cierto que es posible que requiera, en un momento determinado, algunos ajustes que iré practicando a medida que vaya acumulando experiencia sobre esta nueva realidad, y observando la retroalimentación que esta me vaya dando.   No me gustaría distorsionar la realidad que me tocará vivir cuando llegue a la etapa de la ancianidad (Ver Figura 1)  ni a través de la idealización ni  de la infravaloración. 
Una paradoja más,  de las que se nos dan a lo largo de nuestra existencia, es la de que siendo la última etapa de la vida, la de la ancianidad,  aquella que deberíamos preparar de forma más minuciosa, lo que realmente sucede es que apenas nos ocupamos de ella. La calidad de vida que tengamos cuando lleguemos a esa etapa va a depender, en mucha medida,  del tiempo que dediquemos a planificarla antes de llegar.
Llegar a ella en las mejores condiciones físicas, mentales y financieras que nos permitan disfrutarla al máximo, exige una preparación previa, como todo aquello que merece la pena en la vida. Mucho antes de que tenga lugar,  es necesario que vayamos acomodando nuestro estilo de vida a esa etapa final. No nos olvidemos de la importancia del aspecto financiero. No da la felicidad pero sí da tranquilidad, lo cual es importante a lo largo de toda la vida, pero, sobretodo, en esta etapa final debido, entre otras cosas,  a la mayor indefensión asociada a ella. Para vivir una jubilación digna y disfrutar de las ventajas que ofrece (hablaremos de ellas en otro artículo), es necesario disponer de determinados ingresos. 
Por eso está justificado la "revuelta" de los pensionistas ante el recorte tajante que le pretende meter este gobierno, revalorizándolas,  no en función del IPC, sino del 0,25%. Para ser conscientes de lo que supone semejante tijeretazo te invito a ver las tablas publicadas en este mismo blog, en el post titulado "La pesadilla de las pensiones"

Es el momento de pasar los deseos a  a objetivos. Mi situación deseada,  que empiezo a convertirla en situación objetivo,  es la de seguir practicando una vida activa que rompa con los estereotipos que muchas personas tienen sobre este colectivo y, por supuesto, seguir conservando los tres rasgos que más me caracterizan a lo largo de mi vida: la proactividad, el entusiasmo y el tercero, dicho en palabras de Einstein,  “lo importante es no perder jamás esta bendita curiosidad”.
Es una etapa que al igual que las anteriores está, o debería estar,  llena de posibilidades y desafíos,  aunque lógicamente, tanto las posibilidades como los desafíos,  son cualitativamente diferentes de los de las otras etapas. 

Comencé esta serie de LOS MAYORES,  incorporando a  este blog la semana pasa, un artículo titulado “La Pesadilla de las Pensiones”,  que escribí en el año 2014, y que fue publicado en diferentes medios. Lo hice porque a pesar de haber transcurrido 4 años está de plena actualidad.
También, dada su temática, pertenece a la misma serie, otro artículo que escribí hace más de 10 años,  y que incorporé a este mismo blog en el mes de julio de 2017, titulado “Las tres edades”

Tema de actualidad

La invisibilidad social de los mayores, de repente cambió de signo y pasó a ver la luz. Apartados del sistema productivo y condenados al ostracismo social por arte y magia de la incompetencia de los políticos de turno, que les llevó a encender el interruptor de las “sagradas pensiones”, hizo que los mayores  salieran de su letargo y pasasen a ser parte activa y visible en foros en los que son olímpicamente ignorados. Su presencia en las calles, en los medios de comunicación, en las tertulias televisivas, en las discusiones del bar, en las redes sociales, en las conversaciones familiares, forma  ya parte de la cotidianidad.

Pero, ¿quiénes son esos mayores que tanta guerra están dando? ¿Es consciente la sociedad de quiénes estamos hablando? ¿Tienen conciencia (capacidad de darse cuenta) ellos mismos de quienes son como colectivo?

Y a ti, sea cual sea tu edad, ¿te interesa el tema de los mayores?
¿Has pensado que, con un poco de suerte, y un mucho puesto de tú parte, llegarás a serlo tú también?


¿A quién nos referimos cuando hablamos de personas mayores?

La psicología nos dice que todos tenemos una Identidad Personal, es decir, una serie de rasgos y características propias de cada persona. También todos tenemos una Identidad Social, la cual nos define en función de los grupos a los que pertenecemos. Para la sociología  es la Identidad la que nos lleva a la comprensión de quienes somos y quienes son los demás y, también,  a la comprensión que los otros tienen de sí mismos y de los demás individuos, incluidos nosotros.

La sociología también nos ubica en una determinada Generación: “conjunto de personas que, por haber nacido en el mismo período histórico, recibieron estímulos culturales y sociales similares y, por lo tanto, comparten gustos, comportamientos e intereses”.

“Una generación no es sólo un puñado de hombres egregios, ni simplemente masa: es como un nuevo cuerpo social con su minoría selecta y su muchedumbre, que ha sido lanzado sobre el ámbito de la existencia con una trayectoria vital determinada. La generación, compromiso dinámico entre masa e individuo, es el concepto más importante de la historia, y, por así decirlo, el gozne sobre la que ésta ejecuta sus movimientos.” [1] (El destacado con negrita es mío)



En la Figura 1 quedamos perfectamente definidos con respecto a la edad y a la generación a la que pertenecemos cada uno. Aquí nos vamos a referir y a ocuparnos de los Mayores, es decir,   de las personas que componen la población de la Tercera  y Cuarta Edad.

Lo primero que tenemos que considerar es que no estamos hablando de un grupo homogéneo. No todas las personas envejecen de la misma forma. Cada persona, en función de una serie de variables y experiencias vitales que tuvo, se desarrolló de forma individual y distinta a cualquier otra.

Lo segundo a considerar es entender la ancianidad  como una etapa más del ciclo evolutivo. La última etapa de la vida de cualquier humano que haya llegado a ella, y que disciplinas tales como la geriatría y la gerontología se ocupan de que la vivamos con la mayor calidad de vida posible. También debería ocuparse de ella la política, los políticos,   no limitándose a verlos simplemente como un coste en su acepción de "cantidad de dinero que cuesta una cosa",  y la sociedad en general cambiando su percepción de "carga"  por la de valoración del patrimonio de experiencias y valores que tienen las personas mayores y lo que pueden aportar, gracias al mismo,  a la familia y  a la sociedad. 


¿Qué autoimagen tienes de ti mismo?
¿Cómo te ves y sientes  dentro de la población de personas mayores, si es que perteneces a ella?
¿Cómo te imaginas a ti mismo, si aún no formas parte de la misma, cuando llegues?

Los estereotipos de las personas mayores

El hecho de pertenecer a un grupo da lugar a que los demás nos perciban de una manera determinada y a un trato diferenciado por parte de estos. La percepción que tenemos de los grupos a los que no pertenecemos, y que es la que origina este trato diferenciado, la sustentamos, en muchas ocasiones,  en prejuicios y estereotipos que nos llevan a tratarlos de forma discriminatoria.

Hay una considerable relación entre la identidad social y la autoestima, ya que esta depende mucho de la valoración de las personas que nos rodean: nos miramos a nosotros en el espejo de la cara de los demás y en función de lo que percibimos de señales de afecto o rechazo, así nos sube o baja la autoestima. La autoestima tiene que ver con cómo las personas se sienten a sí mismas. El cómo se sienta, bien o mal, condicionará en buena medida su comportamiento.
Recojo el siguiente párrafo pues me parece interesante para situar la autoestima en un contexto práctico y comprensible:

 "El rostro que el agua nos devuelve no es el mismo para nuestros ojos que para los demás. Has de ver tu imagen con tus ojos y con los de ellos y usar la faz que más te convenga. Las personas se interpretan en tres estados: el estar, el ser y el permanecer. El ser se vincula a uno mismo y es la imagen que uno mismo percibe; el estar  es la imagen que a uno mismo le llega del entorno, es el reflejo visto por los demás; el permanecer es retrato de las obras que uno hace a lo largo de la vida y es la historia la que se encarga de juzgarlo en forma de recuerdo o de olvido. Cada quien ha de esforzarse para mejorar los tres iconos de la vida y a ti, mi buen discípulo, te falta el estar".[2]

Hay toda una parafernalia de términos que se utilizan para referirse a una persona mayor. Tal vez los más utilizados son los términos de adultos mayores,  mayor, anciano, abuelo y jubilado. Últimamente destaca el de PENSIONISTA.  Hay  personas que les parece denigrantes muchas de las palabras empleadas para referirse a los mayores lo cual trajo, como consecuencia,  que apareciera el nombre de “Tercera Edad” con el que se pretendía eliminar todo tipo  connotación  negativa. Lo cierto es que muchas personas lo consideran como un eufemismo.  
Ver: https://neuroforma.blogspot.com.es/2017/01/la-corrosion-lenguaje-sinconciencia.html

 Hay toda una retahíla de (¿insultos?) añadidos que componen el estereotipo con que muchas personas perciben a los pertenecientes a la población de los mayores: carcamal, añejo,  senil, caduco, decrépito, vejestorio, carroza, nonagenario, octogenario, ochentón, chocho, matusalén, añoso, arcaico, asilado,  caduco, veterano, vetusto, envejecido, longevo, senil, setentón, vejestorio… Todos ellos  se refieren a personas que han llegado a una determinada edad cronológica.

Es una obligación de todos, pero sobre todo de los mayores,  el eliminar los estereotipos que producen desvalorización de la vejez.

Tenemos el reto de enseñar a nuestros hijos y nietos cómo se vive una vejez activa  y gratificante, para que cuando ellos lleguen a la misma, la afronten con una sana autoestima e impidan que los agrupen en un “almacén de viejos” decrépitos e inservibles.  

Todos sabemos que la mejor forma de educar y enseñar  es a través del propio ejemplo. Observando ellos, como sus mayores adoptan un estilo de vida determinado, por aprendizaje vicario u observacional, aprenden a como afrontarla ellos cuando lleguen allí.  


¿Percibes algún cambio significativo en el comportamiento de los demás hacia ti, desde que entraste a formar parte de la población de los mayores?


La gran paradoja

Otra de las paradojas, de las que se dan en nuestra sociedad actual,  afecta e implica de lleno a la población de los mayores. Consiste, dicha paradoja, en que  cada vez vivimos más años y, a su vez, cada vez tenemos menos hijos. Sube la esperanza de vida y baja la natalidad. Esta paradoja genera muchas consecuencias, entre las cuales se encuentra,  la de añadir una mayor incertidumbre a la población de los mayores.

 
Dos palabras, incertidumbres y mayores, que combinadas entre sí y asociadas, no facilitan la tan ansiada meta que  muchas personas se marcaron, planificaron y se ocuparon  para que se cumpliera,  cuando llegaran a la edad de jubilarse: vivir una vejez tranquila y sosegada, como premio final a una vida dura y competitiva entregada casi en exclusiva a un trabajo que, en la mayoría de casos no tuvo otro sentido e incentivo que la de “ganarse los garbanzos”.

Una minoría sí tuvo el privilegio de trabajar en algo que le gustaba, y a la vez que se ganaba los garbanzos (motivación extrínseca),  disfrutó con lo que hizo y experimentó el gozo de la motivación intrínseca. Otra minoría tuvo la sabiduría necesaria para encontrar un sentido a su trabajo y  experimentó la tan poderosa motivación transcendente, la cual se da cuando lo que uno hace origina beneficios para muchos. Un ejemplo paradigmático de esta última minoría es la Madre Teresa de Calcuta.

Entre las muchas cuestiones de las que se ocuparon los mayores antes de serlo, para garantizar la jubilación, (ya mencionamos antes lo importante que era prepararla),  fue la de cotizar para que cuando llegase la hora pudieran cobrar una pensión determinada en función de unas normas jurídicas establecidas, a través de las cuales  se regulaba, entre otras cuestiones,  la cuantía de la pensión a cobrar, en función, sobre todo,  de la cuantía  de las  cotizaciones que se  hubieran realizado y de los años cotizados.

Además se garantizaba su poder adquisitivo mediante una  actualización anual de las mismas a través del IPC.  

Todos confiamos en la seguridad jurídica: “Principio del derecho, universalmente reconocido, que se basa en la «certeza del derecho», tanto en el ámbito de su publicidad como en su aplicación, y que significa la seguridad de que se conoce, o puede conocerse, lo previsto como prohibido, ordenado o permitido por el poder público”. Romper la seguridad jurídica es de lo peor que puede hacer un gobierno.
Si en un país se rompe la seguridad jurídica deja de ser un país fiable. Si la rompe  con los más vulnerables,  nos encontramos ante un sadismo manifiesto. A sus habitantes no les quedará más opción que, antes o después, ¡echarse al monte!

¿A quien pretenden engañar?

Centrando el tema de las PENSIONES


Cuando en las tertulias televisivas se habla de las pensiones, más que llevarnos a entender bien el problema nos llevan a incrementar la confusión. Nos “ahogan” y avasallan con todo un exceso de información irrelevante que nos confunde y desvía nuestra atención sobre lo importante. Hay mucha “carroña informativa" que nos lleva a enzarzamos en bizantinas discusiones sobre anécdotas y a la práctica del onanismo mental. 
Si el problema se entiende mal, no podrá nunca tomarse una decisión correcta. La regla práctica para concretar un problema es hacerse y responderse a dos preguntas: 
1. ¿De qué se trata aquí en realidad?
La realidad de los pensionistas actuales es muy sencilla: recuperar la legalidad anterior (Índice de Revalorización de las Pensiones según el IPC) que se cambió de forma unilateral por este gobierno. 
2. ¿Qué pasará cuando los pensionistas resuelven el problema? 
Que revalorizarán las pensiones en función del IPC y estas no tendría pérdidas en su poder adquisitivo.
Lo demás es ignorar que envejecer supone incrementar la claridad mental,  y aún así pretenden, los políticos y  sus ecos, que los mayores se queden mirando el dedo cuando alguien señala la luna. 
Si definimos la confianza en alguien como “tener la certeza de que no tomará una decisión en contra tuya. 

¿Qué grado de confianza tienes en que los políticos respeten lo pactado con respecto a tu pensión y no tomen una decisión que te perjudique?

“Envejecer es como escalar una montaña; mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, y la vista más amplia y serena”. Ingmar Bergman


En los  próximos artículos abordaremos los siguientes apartados referidos a Los Mayores:
Ruptura generacional
La guerra generacional
No nos dejemos engañar: Concretando el problema
La perspectiva temporal

 

Bibliografía:

[1] Ortega y Gasset, J. (1961). El tema de nuestro tiempo. Madrid: Revista de Occidente
 [2]   Lamelas, J. La leyenda de las lágrimas doradas. Ediciones Atlantis, Madrid 2010.