domingo, 29 de julio de 2018





¿EVOLUCIÓN O INVOLUCIÓN?




“Las cosas cambian para peor espontáneamente
si no son cambiadas para mejor a propósito”.Francis Bacón






La perspectiva moderna sostiene que la humanidad  evoluciona a través de un proceso lineal,   en el cual las formas de ser, saber y actuar se van perfeccionando. Así, desde esta perspectiva podemos describir la historia de la humanidad como un constante progreso logrado mediante la desaparición de las formas de ser, saber y actuar menos perfeccionadas y apareciendo unas más perfectas, superiores y mejoradas.

Sin duda es una perspectiva equivocada. Desde una perspectiva postmoderna,  que mira más allá del progreso,  se sostiene que la anterior no tiene ninguna validez ni legitimación objetiva alguna.


Siempre puede aparecer, de forma aleatoria, algún elemento capaz de desestabilizar lo que existe en un tiempo dado,  y crear formas de ser, saber y actuar inferiores a las que ya había.


Estos episodios de involución, quitan la razón al enfoque moderno y su idea teleológica de la evolución de la sociedad, y da la razón  a la perspectiva postmoderna.

 Los propósitos o fines que se buscan no son siempre los mejores para la sociedad en general.
 

La columna de Vicent en el País del domingo de hoy, nos invita a imaginar
Leer:
Imagina
En ese extraño país la democracia parece estar tutelada aun por ese dictador desde su tumba


sábado, 28 de julio de 2018





EL PODER DEL DINERO






“Habrá un periodo en el que solo los más ricos podrán pagar los nuevos fármacos contra el cáncer” Antoni Ribas

La ciencia, de la que decimos que no genera verdades absolutas, sino “verdades provisionales”,  no cree en los dogmas,  pero,  si cree en el dinero. Esta última creencia, cuya consecuencia directa es la mercantilización de la misma, genera unos efectos perversos y dañinos de gran alcance.


El saber positivo y objetivo que de ella salía, se está convirtiendo en sospechoso  de no buscar  ya, ni de ofrecer, una imagen objetiva del mundo y la realidad tal  y como esta es.

La ciencia ya no genera un saber neutro y desinteresado. Su fin ya no es buscar la descripción objetiva de lo que ocurre, sino manipular en función de  los intereses económicos que la promueven.

Lyotard, en su obra ‘La condición postmoderna’, se pregunta: 

¿quién decide lo que es saber, y quién sabe lo que conviene decidir?


El saber canalizado a la obtención de plusvalía,  genera efectos como el  que se señala en el artículo que adjunto:
Leer:
 “Habrá un periodo en el que solo los más ricos podrán pagar los nuevos fármacos contra el cáncer”


El saber se mercantiliza al mismo tiempo que se privatiza. Se cambian las reglas de juego de la ciencia, en el sentido de que el saber ya no es apreciado en sí mismo; ya no es distribuido públicamente de tal forma que todos podamos tener acceso  al mismo; solamente se investiga aquello que prometa generar rentabilidad.

 Desde un enfoque propio de un optimista funcional (contrario al optimismo de pandereta) creo que  los nuevos eslóganes    que ya están  en buena medida implantados  son,   y serán  cada vez más,  los  siguientes:

“EL saber para quién pueda pagarlo”


“Los avances que proporcione la ciencia para quienes puedan comprarlos”



domingo, 22 de julio de 2018




Cuando la ESTÉTICA  influye más que la ÉTICA.




Nicolás Maquiavelo titula el capítulo XIV de su obra El Príncipe” así: DE LAS OBLIGACIONES DEL PRÍNCIPE EN LO CONCERNIENTE AL ARTE DE LA GUERRA.
Nos dice, en este capítulo,  que lo que se espera del que manda es que se dedique, en cuerpo y alma, a cultivar el arte de la guerra. Es de tanta utilidad ésta, que ya “no solamente mantiene en el trono a los que nacieron príncipes, sino que también hace subir con frecuencia a la clase de hombres de condición privada. Por una razón opuesta, sucedió que varios príncipes, que se ocuparon más de las delicias de la vida que en las cosas militares, perdieron sus Estados”.

Hoy, los que mandan parece que para llegar al poder y mantenerse en él, lo que prima es que sean guapos y jóvenes. Muchos votantes confundes ambos términos y  creen que la ética trata de lo bello y lo feo, y que la estética se ocupa de discernir entre lo bueno y lo malo, entre lo permitido y lo que  no, en lo referente a una acción o a una decisión, es decir, aclarar lo que nos conviene como especie y sociedad.  

Nos dice Manuel Vicent en su colunma en el Pais de hoy, que  “Si un político no sabe enfrentarse a este pequeño problema que tiene su cabeza por fuera (una incipiente calvicie), no esperes que pueda resolver los que tenga por dentro su cerebro y menos los de todo un país a la hora de gobernar”.

¿Nos irá mejor con gobernantes  bien parecidos físicamente y desconocedores de la moral,   que con gobernantes que se rigen por códigos éticos?

 Leer: Al pelo
https://elpais.com/elpais/2018/07/20/opinion/1532099156_823417.html





domingo, 15 de julio de 2018





LA UTILIDAD  DE LOS  PARADIGMAS CIENTÍFICOS




En cursos, conferencias, charlas y foros varios, se utiliza con profusión el término de “Paradigma”. Cada uno lo explica y aplica a su manera, en función del contexto en el que se ubica.

Fue el gran filósofo de la ciencia, Thomas Kuhn, el que lo utilizó en su obra “La estructura de las revoluciones científicas”. Lo cierto es que como el término no gustó a los críticos, que lo etiquetaron de excesivamente vago y esquivo, posteriormente lo sustituyó por el de “matriz disciplinaria”.

Kuhn sostuvo que la ciencia avanzaba a través de dos fases totalmente diferentes la una de la otra. Hay un periodo, que él llama de “ciencia normal”, y un periodo que él denomina de “ciencia revolucionaria”.

Así, por ejemplo, si nos referimos a la astronomía, el periodo de ciencia normal que desarrollo la astronomía ptolemaica o geocéntrica duró dos mil años, desde el siglo V a.C. hasta mediados del siglo XV. Posteriormente el periodo de ciencia revolucionaria, desterró la idea de que la tierra permanecía fija en el centro del universo y que todos los astros, sol incluido, giraba en círculos alrededor de ella. 

Después de un periodo de ciencia revolucionaria, que costó a algunos grandes sacrificios (recordemos a Galileo), hoy aceptamos, como verdad científica,  la astronomía heliocéntrica, es decir, fue desterrado el paradigma anterior y reemplazado por el nuevo paradigma.

Kuhn decía que hay cuatro elementos que componen un paradigma (generalizaciones simbólicas, modelos, valores normativos, ejemplares).
El elemento denominado valores normativos trata de criterios de valoración que los investigadores utilizan para evaluar las teoría y los resultados empíricos que la ciencia consigue. Utiliza tanto criterios internos a la propia ciencia, como externos a la misma y,  entre estos, 

utiliza parámetros que valoran la utilidad social y económica de la teoría propuesta y también, la compatibilidad de la teoría con determinadas concepciones ideológicas, metafísicas o incluso religiosas aceptadas por la comunidad.

La columna  de Manuel Vicent  publicada hoy, como todos los domingos en  El País, termina así:

“Quim Torra, acompañado de otros viajeros anónimos, volvió por la tarde en el AVE a Barcelona y aunque fuera había un sol radiante él solo veía sombras a través de la ventanilla, pero el convoy iba hacia Cataluña como una lanzadera de telar fabricando con los sueños y las pasiones de los pasajeros un recio tejido vital que no se podrá rasgar sin tragedia”.





Yo,  leyendo a Vicent,  me preguntaba si sería útil a los políticos utilizar los modelos de la ciencia para avanzar y aportar a la sociedad muchas utilidades

¿Cuál es el paradigma político de  Quim Torra?



¿En qué periodo estamos en Cataluña: periodo de “política normal” o de “política revolucionaria”?



domingo, 1 de julio de 2018

VENDEDORES DE HUMO: ¿SABEMOS DETECTARLOS?



VENDEDORES DE HUMO: ¿SABEMOS DETECTARLOS?


  

Hoy, mi admirado Manuel Vicent no publica, como todos los domingos, su columna en El País. Supongo que estará de vacaciones. 

Comparto uno de los daguerrotipos que escribió en los años 1982 y 1983 sobre los políticos de la transición, en este caso, sobre Felipe González. 


Su gran sabiduría, que siempre le caracterizó, se pode de manifiesto, una vez más, aquí, a través de su capacidad de predecir (pre + decir: lo que ha dicho previamente), la evolución del personaje. A muchos nos engañó con su chaqueta de pana y con su gran dialéctica de encantador de serpientes, diciéndonos, en aquel entonces, exactamente lo que nos gusta oír con lo que no nos quedaba otra postura que la de estar de acuerdo con él. 

La gran pregunta es la siguiente: 

¿él era así o hacía simplemente una representación teatral perfecta?


Los actores representan un papel, ya sea en el teatro o en las películas, y todos somos conscientes de que es algo que tan sólo interpretan, que no es verdad. Puede llegar a fascinarnos la película o la obra de teatro pero, una vez que termina, nos queda muy claro que tan sólo se trataba de algo que se representaba.


En aquel entones, muchos creíamos que Felipe González era así, tal y como se manifestaba. Hoy ya sabemos, con certeza, que no era así, sino, simplemente un buen actor. 

Manuel Vicent, es este artículo, nos escribe el siguiente diálogo: 

“El señor gordito de Nueva York ha tenido la ficha técnica de Felipe González todo el año sobre su mesa y en ella ha ido anotando las sucesivas correcciones. Si un día este muchacho tan puro podía quitarle la sardina de la boca a la derecha española, había que pulirlo un poco más. A veces apretaba el botón de la computadora, unida a otro ordenador del Pentágono, y en el condensador de órdenes instalado en la cancillería de Bonn los dígitos, salían en pantalla con la última voluntad del amo.
Lo queremos totalmente suave.
-¿Más todavía?
-Nada de marxismo.
-Eso se arregló hace dos años.
-Que venda ética. Sólo ética.
-¿Como si fuera un jabón de tocador?
-Exacto”. 

El señor gordito de Nueva York estará contento: 

ya no vende, desde hace mucho tiempo, ni siquiera ética.


Leer artículo de Vicent: