domingo, 22 de julio de 2018




Cuando la ESTÉTICA  influye más que la ÉTICA.




Nicolás Maquiavelo titula el capítulo XIV de su obra El Príncipe” así: DE LAS OBLIGACIONES DEL PRÍNCIPE EN LO CONCERNIENTE AL ARTE DE LA GUERRA.
Nos dice, en este capítulo,  que lo que se espera del que manda es que se dedique, en cuerpo y alma, a cultivar el arte de la guerra. Es de tanta utilidad ésta, que ya “no solamente mantiene en el trono a los que nacieron príncipes, sino que también hace subir con frecuencia a la clase de hombres de condición privada. Por una razón opuesta, sucedió que varios príncipes, que se ocuparon más de las delicias de la vida que en las cosas militares, perdieron sus Estados”.

Hoy, los que mandan parece que para llegar al poder y mantenerse en él, lo que prima es que sean guapos y jóvenes. Muchos votantes confundes ambos términos y  creen que la ética trata de lo bello y lo feo, y que la estética se ocupa de discernir entre lo bueno y lo malo, entre lo permitido y lo que  no, en lo referente a una acción o a una decisión, es decir, aclarar lo que nos conviene como especie y sociedad.  

Nos dice Manuel Vicent en su colunma en el Pais de hoy, que  “Si un político no sabe enfrentarse a este pequeño problema que tiene su cabeza por fuera (una incipiente calvicie), no esperes que pueda resolver los que tenga por dentro su cerebro y menos los de todo un país a la hora de gobernar”.

¿Nos irá mejor con gobernantes  bien parecidos físicamente y desconocedores de la moral,   que con gobernantes que se rigen por códigos éticos?

 Leer: Al pelo
https://elpais.com/elpais/2018/07/20/opinion/1532099156_823417.html





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