domingo, 12 de febrero de 2017






LA GRAN COALICIÓN: PENSAMIENTO CRÍTICO Y OPTIMISMO FUNCIONAL (2)





"Si en la sociedad de los cavernícolas hubiesen existido sólo conformistas, está claro que todavía seríamos cavernícolas, e incluso caníbales"[1]

Auto gestionar la vida

¿Cómo posicionarse ante el mundo con esta coalición formada por el pensamiento crítico y el optimismo funcional, para así auto gestionar la vida,  practicando  el gobierno de uno mismo, el cual,  ya no solo forma parte de la existencia sino que, además, la compone y la garantiza?

Para situar esta pregunta en un contexto entendible, además de haber leído el post anterior, te invito a leer, en este mismo blog, 

Ya hace muchos años que la filosofía revolucionó la manera de pensar. Lo comenzó a hacer allá por  los 600 años antes de Cristo, en la Grecia Clásica. Lo hizo  aportando preguntas pertinentes, que requerían respuestas diferentes a las que hasta ese momento se tenían para explicar  la realidad. Desterró los relatos sobre dioses, los mitos,  como forma de explicar lo que sucedía y en su lugar apeló al  razonamiento, sostenido este en la experiencia y la razón para explicar las cosas.
 
Nosotros ya no apelamos a los dioses, pero seguimos conservando y utilizando los  mitos: el mito del mercado, el mito del crecimiento ilimitado, el mito de la eterna juventud. Algunos incluso el mito de la inmortalidad. 
Seguimos explicando nuestra realidad apelando a los mitos y añadiendo además,  de forma extensa como  elementos  explicativos, la mentira, la farsa y la manipulación. Si antes se justificaba todo en base al designio de los dioses, hoy todo se argumenta y justifica apelando al mercado. Se nos inculca que nuestra principal responsabilidad es consumir además  de producir. No gobierna el mundo la política ni la democracia; lo gobierna la economía, así, en general, a través de una abstracción que se llama mercado. Esta impone sus propias leyes al igual que Apolo o Dioniso imponían sus propios deseos antes de que surgiera la filosofía con sus preguntas. Son más importantes las preguntas que las respuestas que puedan ofrecer. Una pregunta válida y pertinente siempre da como resultado una respuesta válida y pertinente. Con una mala pregunta nunca se obtiene una buena respuesta.

¿Nos estamos haciendo las preguntas adecuadas?

Vivimos en una sociedad enferma. Una sociedad sin principios, sin valores, dominada por el egoísmo e inclinada exclusivamente al hedonismo. Imagina a un joven al que le aleccionas con el discurso clásico de que está en una sociedad libre, en la que puede pensar como quiera, en la que todos somos iguales, que puede llegar a ser lo que quiera... De repente,  él te pregunta: "Dime, ¿Cómo lo hago?"

Por eso se volvieron tan pragmáticos, porque para ellos lo primero es gestionar la situación, organizar su vida de forma concreta. Tenía razón Maslow y su pirámide de motivación: cuando la base no está satisfecha (las necesidades fisiológicas, primarias o básicas) no queda espacio para otra cosa que no sea ocuparse de satisfacerlas. 

¡Y pensar que hace muchos años que decían los sociólogos,  que los tres primeros escalones de la pirámide, en la sociedad occidental quedaron definitivamente satisfechos a partir del año 1950! ¿Tanto hemos retrocedido? ¿Donde quedó aquello, tan necesario, y que muchos hemos conocido,  de que para una gestión adecuada de la vida es fundamental valorar a la persona, permitirle mejorar en su trabajo, crecer en su profesión, ser reconocido y permitirle y fomentar el desarrollo personal y profesional? ¿Que respuestas le damos a un joven que pregunta: "¿Cómo organizo mi vida?"
  
Lo primero que nos hace falta, a mi juicio, es retomar o desarrollar unos principios y valores que fomenten   personas integras y coherentes, humanas, dignas y morales. Podemos poner como ejemplo a  Sócrates, que no sólo renunció  mitigar  la condena del jurado integrado por 500 ciudadanos que lo condenó a muerte, sino que, antes de reconocer  su culpabilidad para eliminar la pena, o de aceptar una huida organizada, prefirió recurrir a la cicuta.

¡Qué ejemplo para nuestros corruptos actuales,  que habiendo tenido libre albedrío para actuar, ahora no asumen la responsabilidad de sus actos, culpando de los mismos a cualquiera menos a ellos mismos! Es  de lo más denigrante en lo que puede caer un ser humano: no apechugar con las consecuencias derivadas de sus acciones,  libremente elegidas. ¿Cómo han podido ascender tanto en la sociedad con semejante nivel de responsabilidad? ¿Puede un irresponsable llegar dirigir a personas y gestionar instituciones importantes?
 
Desapareció la ética, la moral. Las leyes ya no encierran un valor o norma moral. Ya no buscan la justicia, la fraternidad, la protección social. No significan más que normas prácticas de funcionamiento, es decir, se pueden hacer trampas, eso sí, “trampas legales”. Si has robado mucho dinero, este te proporcionará la posibilidad de contratar a un buen abogado, te permitirá, también,   apelar a todos los escalones de la justicia. Hoy oí decir a un corrupto condenado,  que no solo apelarían al Tribunal  Supremo sino al tribunal de Estrasburgo. En definitiva,si tienes dinero, al margen de como lo hayas ganado o robado,  te incrementará, considerablemente, tus posibilidades de “irte de rositas”. Ya sabemos que la “justicia cara” resuelve favorablemente a favor del juzgado.

Esta descripción que acabo de hacer, salpicada de algún elemento valorativo, no pretende fomentar el pesimismo. Pretende argumentar que esto solo es posible en una sociedad sin pensamiento crítico y sin optimismo funcional. Por eso proponemos la coalición como gobierno individual, lo cual se extenderá al gobierno colectivo.

Existe una doctrina jurídica llamada “ignorancia deliberada”, aplicada, fundamentalmente, a casos de blanqueo de dinero. Un magistrado del Tribunal Supremo la resume así: “Como sabía la respuesta, no preguntó”.[2] Una sentencia de este mismo tribunal señala que “quien se pone en situación de ignorancia deliberada, sin querer saber aquello que puede y debe saberse, y sin embargo se beneficia de la situación, está asumiendo y aceptando todas las consecuencias del ilícito negocio en el que voluntariamente participa”.
Aplicado esto a nosotros: ¿No estaremos cayendo en una "ignorancia liberada" la cual no nos beneficia, todo lo contrario, al no querer enterarnos de lo que sucede? Dicho de otra forma: ¿no estaremos aplicando la estrategia del avestruz “esconder la cabeza debajo del ala”? 

Hay ignorancias necesarias (no podemos saberlo todo), pero hay otras ignorancias que en el mundo actual no están justificadas desde ningún punto de vista. Hay cosas que como ciudadanos responsables tenemos la obligación de no ignorar.



Pensamiento crítico y optimismo funcional: la coalición del buen gobierno.
El optimismo bobalicón te invita a ser positivo sin más, decir a todo que sí, ser muy guay, e ignorar los problemas. El optimismo funcional preconiza mirar los problemas a la cara y actuar ante ellos de forma proactiva.

La profesión de vivir

Un fontanero competente o cualquier otro profesional de cualquier clase debe, en primer lugar, dominar toda una serie de tareas que constituyen su profesión. Tareas concretas, específicas que pueden describirse y analizarse, aprenderse y enseñarse. Tareas cuyo dominio requiere la adquisición de conocimientos.
En segundo lugar, tiene que saber utilizar con destreza todo un conjunto de herramientas necesarias para realizar las tareas. ¿Nunca te ocurrió que ante una avería del grifo que ya dabas por resuelta, después de ver como el fontanero trabajaba en ella, este tuvo que dejarla sin terminar por que “no traje una herramienta que me hace falta”? Toda profesión tiene sus herramientas, cuyo dominio solo se adquiere a través del entrenamiento, de la práctica intensiva.
Al utilizar las herramientas y ejecutar las tareas el fontanero o cualquier otro profesional guía su actuación por una serie de principios, de normas o reglas de actuación. Estos principios determinan la calidad de la utilización de las herramientas y la calidad de las tareas realizadas. Se pueden aprender y enseñar. Hay que conocerlos y cumplirlos para lo cual es necesario comprenderlos, entender intelectualmente su porqué, y sobre todo, disciplina para aplicarlos en el día a día.
Los principios de cualquier profesión son fáciles de formular (código deontológico). La dificultad está en tenerlos en cuenta en el día a día,  pues ello,  exige mucho rigor y disciplina. Como sociedad tenemos un gran número  de valores declarados, pero, escasos o nulos valores practicados.
Vamos apelar a un aspecto del pensamiento, del raciocinio como es el que obtener nuevos conocimientos a partir de los ya adquiridos, para concretar más el cómo aplicar en nuestra vida la coalición que estamos propugnando.
Razonando podemos hallar las respuesta  pertinentes a un problema dado, haciendo previamente las preguntas adecuadas. Echando mano del raciocinio deductivo (va de lo universal a lo particular) y del raciocinio inductivo (va de lo particular a lo universal), podemos concretar el cómo aplicar la coalición, a través de tres principios, tres tareas y diez herramientas que deducimos del enunciado de lo que llamamos DECÁLOGO DE  AUTOGESTIÓN.


Tres principios[3] CAR[4] (Conciencia, Autocreencia y Responsabilidad y tres tareas DAR (Desarrollo personal y profesional, Aportaciones al entorno y Recompensas recibidas de ese entorno).

En la  transparencia de más abajo, aparecen sintetizados.
Las herramientas implícitas en cada uno de los puntos del Decálogo de Autogestión,  las desarrollamos,  en los talleres presenciales que damos, en función de las características de los asistentes.






El primer punto del Decálogo de Autogestión lo titulamos así:

"Cardar para saber mirar" y de el deducimos una herramienta muy práctica y de gran ayuda para alcanzar una vida plena.[5] 


BIBLIOGRAFÍA


[1]FROMM Erich. La patología de la normalidad. Paidós, Barcelona, 1994.p.23

[2]http://politica.elpais.com/politica/2014/02/20/actualidad/1392932530_077970.html

[3]RAVIER, Leonardo.: Arte y ciencia del coaching. Su historia, filosofía y esencia. Editorial DUNKEN, Buenos Aires 2005

[4]Decálogo de Autogestión: Cardar para saber mirar.
http://tv.uvigo.es/es/video/mm/15177.html


[5] Decálogo de Autogestión. Cardar para progresar: http://tv.uvigo.es/es/video/mm/15178.html













lunes, 6 de febrero de 2017




LA GRAN COALICIÓN: PENSAMIENTO CRÍTICO Y OPTIMISMO FUNCIONAL  (1)



Pensar bien para sentirse bien.






Sin conciencia (capacidad de darse cuenta) no hay comprensión


Sin comprensión (entender) no hay motivación.

Sin motivación (energía) no hay acción.

Sin acción no hay evolución.

“Ser es hacer”

















Llevamos mucho tiempo abogando por una educación holística,  la cual parte de una visión integral e integradora de la persona. Se trata, en este caso,  básicamente  de  sumar lo emocional al aprendizaje intelectual, de modo que se logre educar y no solo instruir. Una educación que nos forme para el trabajo y para la vida. [1]

Autogestionar la vida, pasa por el gobierno de uno mismo, el cual,  ya no solo forma parte de la existencia, sino que, además, la compone y la garantiza. Para el gobierno de uno mismo, proponemos hoy una gran coalición entre lo intelectual y lo emocional, entre el pensar y el sentir, entre el pensamiento  crítico y el optimismo funcional.


El pensamiento nos permite razonar. No es lo mismo razonar bien que razonar mal. Un raciocinio correcto marca una gran diferencia en todos los órdenes de la vida: ¿le damos la importancia que merece?

A nuestro juicio no. Hay  muchas razones del por qué esto es así. Una de ellas es la de que pensar es gratis. A lo que es gratis, no le damos valor. El mundo consumista que tenemos,  no funciona con pensamientos: funciona con consumo, ¡que no es gratis!. Por eso al consumo sí le damos valor, un exagerado valor, un exclusivo valor.

En muchos casos se da una paradoja entre  pensar y consumir.  Tienden a mantener una relación inversa: cuanto más pensamos menos consumimos. A menor pensar más consumir. Por si a alguien esto le parece muy fuerte, vamos a plantearlo de otra manera: a más pensar,  menos   consumo irracional; a menos  pensar,  más consumo irracional. El  mundo actual lo tenemos montado sobre un consumo irracional.

A través de los enunciados anteriores podemos explicar, causalmente, muchas de las cosas que nos están sucediendo.  Entender el mundo sin sentido  actual,   pasa por captar el sinsentido de cómo lo tenemos montado. El fenómeno de causa-efecto, inherente al paradigma racionalista, y el fenómeno de la interdependencia,  propio del paradigma sistémico, están detrás de las posibles explicaciones.

Obstáculos  al pensar.


Pensar es peligroso.  Es una consecuencia de lo afirmado anteriormente. Por eso se combate todo aquello que lo fomente.  Vivir sin conciencia, sin capacidad de darse cuenta, es lo más adaptativo  para sobrevivir  en el mundo actual.  Para consumir,  de forma irracional,  tenemos que dejarnos manipular, lo cual está reñido con la razón, con la capacidad de descubrir las falacias y demás fallos en el razonar de los manipuladores.

Nada de fomentar espacios para pensar.  Todo lo contrario: fomentemos y  practiquemos la anestesia mental. Fomento de la televisión basura, de la redes sociales del “ja, ja, ja”, de la banalidad y superficialidad.  Fomento, también,  de otras redes en las que prolifera la búsqueda de relaciones exclusivamente instrumentales,  y en las que se repiten contenidos llenos de tópicos y se abusa de la pedagogía del “loro de repetición”: saturación de frases y conceptos que no llegamos a comprender, simplemente por entender que están dentro de lo políticamente correcto y que van a gustar a quién los lee,   o a quién tiene poder  y sintonizando  con su posición siempre nos puede benéficar en algo.  Implica un sometimiento exagerado a la convención social, síntoma claro de miedo, el cual llega a arrugarnos, a empequeñecernos,  a  anularnos.


Tertulias de amigos en las que se habla,  en exclusiva, ya  no de ideas, ni siquiera de cosas, sino de personas para resaltar sus defectillos  y pequeñas miserias humanas (entiéndase como  “chafardeo”).  Anéctotillas del pasado, de lo que hizo Juan o Pepe en determinada situación, es la mejor forma de rehuir hablar y abordar el presente para desde el mismo tratar de construir el futuro.

No dejar tiempo para la reflexión, para la filosofía, para el dialogo interesante contrastando distintos puntos de vista sobre ideas.  Nada de lectura, no interesa conocer lo que pensaron las figuras relevantes de nuestra historia. La premisa que sostienen los historiadores de que  no se puede entender el presente si no se conoce y asume el pasado, se considera irrisoria.  A nadie interesa el camino recorrido, es ridículo intentar comprender y encontrar sentido. Vivir en la inconsciencia es la mejor fórmula. 



Recurrir a la lógica para elaborar pensamientos claros, pensamientos que expresen, nítidamente,   de modo directo y sin subterfugios  la realidad a la que se refieren, es casi un “pecado”.  Para los manipuladores que se benefician del consumo irracional, para sus intereses, viene mejor fomentar pensamientos confusos (todos los días tenemos numerosos ejemplos de este tipo de pensamientos; fue muy comentado, y valga como ejemplo, el “y su indemnización se ha satisfecho en diferido”.


Hace muy pocos día  felicité a un amigo que cumplía años más  o menos así:
“(…) casi siempre es un placer cumplir años. Un adolescente ansía “hacerse mayor”. A partir de cierta edad cronológica, el placer consiste en ser consciente, darse cuenta, de que las virutas que el tiempo cronológico va dejando, somos capaces de asimilarlas y quemarlas y así producen el milagro de alumbrarnos, dándonos una mayor claridad mental. Incrementar la claridad mental es una de las metas humanas más importante. Nos hace más humanos”.
Se busca la confusión mental (el mejor antídoto para el pensamiento crítico).  Ya no necesitamos entender y comprender nada. El profesor Sartori [2], nos habla de la transformación del homo sapiens en homo videns, debido a lo cual la palabra ha perdido valor y actualmente se da la primacía de la imagen, es decir, de lo visible sobre lo inteligible,  lo cual lleva a un ver sin entender que ha acabado con el pensamiento abstracto, con las ideas claras y distintas.

 Ya no interesa la “lógica informal”. Ya no hay necesidad de saber argumentar correctamente. No interesa la capacidad de desmontar razonamientos no válidos que pueden parecer ciertos. Se aceptan fragantes falacias como si fueran dogmas de fe.




En un curioso  y humorístico libro [3], se sostiene la tesis de que la inteligencia,  entendida como el rasgo más distintivo del ser humano y gracias a la cual fuimos capaces de progresar, ya quedó en desuso, está obsoleta. Sostiene cosas como las siguientes:

“El poder de una organización social humana es tanto más fuerte cuanto mayor es la cantidad de inteligencia que consigue destruir”; “la inteligencia intimida y desencadena la agresividad de quién no la posee o está menos dotado”;  “la jerarquía es el instrumento que ha inventado la evolución para agrupar a los sapiens y conducirlos hacia la estupidez”.
Va, aún,  más lejos,  llegando a determinar varias leyes sobre el fin de la inteligencia:
Primera ley sobre el fin de la inteligencia:
 “El imbécil sobrevive. El genio se extingue".


Corolario de la Primera Ley:

 "Antes tontos que muertos".

Sentirse  bien para vivir mejor



Si has llegado en tu lectura hasta aquí, tal vez estés pensando que la cosa va más bien de pesimismo.

A mi juicio, no. Va de optimismo funcional y, por lo tanto, rehuyendo del optimismo bobalicón y sin sentido que tanto se está utilizando como una herramienta más de manipulación. El optimismo funcional  va de posición. Es aquel que te hace colocarte ante las situaciones,  en una posición de proactividad y creyendo que con tu esfuerzo y recursos la sacarás adelante. El optimismo bobalicón va de ingenuidad, de creer que basta solo con tener fe para que la cosa se arregle por sí mismas. El optimismo bobalicón va de humor; el optimismo funcional va de voluntad. Al Bienestar Individual Subjetivo se llega con voluntad y gobierno; jamás se llega con anestesia mental y consumo irracional. 

El artículo pretender ser un   canto al pensamiento crítico, considerándolo como la mejor forma  de posicionarse  ante la sociedad para que esta prospere desde todos los puntos de vista.

“Un hombre no tiene muchos más enemigos que sí mismo: Un hombre es su peor enemigo a causa de sus falsos juicios, de sus temores vanos, de su desesperación y de los discursos deprimentes que se dirige.  Decirle simplemente a un hombre: “Su destino depende de usted”, es un consejo que vale…” [4]

 ¿Cómo posicionarse ante el mundo con esta coalición?  Lo abordaremos en la próxima entrada.




BIBLIOGRAFIA

 [2] SARTORI, Giovanni : Homo videns. La sociedad teledirigida, Taurus, 1998.

[3] APRILE, Pino: Elogio del Imbécil, Temas de Hoy, 2006

[4] ALAIN, (Émile Chartier).: Mira a lo lejos. 66 escritos sobre la felicidad, RBA libros, 2007, p.188