jueves, 16 de marzo de 2017


Construyéndote (3)


Aplicación práctica del PENSAMIENTO CRÍTICO

                   LA POLÍTICA Y EL PENSAMIENTO CRÍTICO



   «¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos
                                                                    Chico Marx en “Sopa de ganso” 
Ha sido noticia hace unos días, un diputado polaco: "Tras justificar este miércoles que las mujeres cobren menos que los hombres porque son "más débiles, más pequeñas y menos inteligentes", el eurodiputado de extrema derecha polaco Janusz Korwin-Mikke es objeto de una investigación por parte del Parlamento Europeo.[1]

Una cosa son los valores declarados y otra, distinta, en muchas personas sobre todo en los políticos, los valores practicados. Suele haber una gran distancia entre ambos.En este caso, el diputado polaco, tiene la osadía de declararlos. Es menos hipócrita que otros, pero, igual  de  aberrante.

 ¿Cómo se puede votar a alguien con un pensamiento egocéntrico tan  acusado?
Cuando una  persona  se centra en exclusiva en sí misma,  observa el mundo en función de sus propios intereses exclusivamente,  y pensando en procurar  sus propios deseos aún a expensas de los derechos y necesidades de los demás, en el último contexto en el que no debería encajar  sería en el político. Se supone que servir a los demás y no servirse de ellos es la máxima por antonomasia de un político decente. Una persona con este tipo de pensamiento no puede representar a nadie, ni siquiera a sí mismo.

¿Cómo pensamos  lo que pensamos?

La base de nuestros  pensamientos está en lo que creemos. Nuestras  creencias son las responsables de nuestros pensamientos. Investiga tus creencias y llegarás a la raíz de tus pensamientos. Son ellas las que dan una estructura a nuestra mente, creando un “estilo de pensar”, unos hábitos o programas mentales orientados  en un sentido u otro.

También son los cimientos de los valores. A partir de lo que creemos, creamos nuestros valores. Los valores son las priorizaciones que tú haces acerca del valor que tienen para ti las cosas. Influyen en tus pensamientos, sentimientos y acciones.Este esquema de cómo pensamos,  podemos generalizarlo a todos.

En el caso particular del diputado que nos ocupa, hay que preguntarse  lo siguiente:
¿Revisó en alguna ocasión sus creencias? ¿Es consciente de la rigidez de su pensamiento?
Estas mentes operan así: Parten de la premisa de que lo que creen es cierto sin haber cuestionado jamás las bases de sus creencias. Sus argumentos los podemos sintetizar así: “Yo lo creo,  luego es cierto”.

Además de lo anterior, que podríamos llamarle egocentrismo personal,  hay que añadirle el  grupo al que pertenece. Desde esta perspectiva,  parten de la premisa de que las creencias más relevantes del grupo son ciertas; tampoco se las han cuestionado nunca. La síntesis de sus argumentos sería así: “Nosotros lo creemos,  luego es cierto”. Si el anterior era un egocentrismo personal, esto es un sociocentrismo  radical.


¿Reconoces tus tendencias egocéntricas?
¿Tratas de analizar tus posibles creencias irracionales?

Cuando una irracionalidad tan acusada entra en un parlamento, es para asustarse, no por los políticos, sino por quiénes les votan.


Unos ciudadanos con pensamiento crítico un poco desarrollado,  no tolerarían esto.
¿Cómo?
¡Jamás tendrían políticos así!
 ¿Cómo?
¡Nunca los votarían!
Ya es hora de que nos hagamos responsables de cómo pensamos y de las consecuencias e implicaciones que puede generar nuestro voto.Tenemos la capacidad de ver, pero también tenemos la responsabilidad de ampliar nuestra visión.

Un ciudadano votante,  con un pensamiento crítico medianamente desarrollado, apela, entre otras cosas,  al razonamiento ético. Entiende que su comportamiento, su voto, tiene consecuencias en el bienestar de los demás,  pudiendo  aumentar o disminuir su calidad de vida.
Asume que es inalienablemente libre de votar a quién quiera, pero , como no puede haber libertad sin responsabilidad, también asume que tiene que responsabilizarse de las consecuencias que genera su acto completamente libre de votar.

De esta forma recordaría, antes de emitir su voto,  que hay comportamientos que no son éticos. Por ejemplo, en este caso, no es ético el sexismo, entendido como tratar a las personas desigualmente,  en función de su género. Y ya no digamos,  si este tratar desigualmente,   supone perjudicarlas o dañarlas. Lo mismo podemos decir del racismo: tratar a las personas desigualmente (y de modo dañino) en virtud de su raza o su etnicidad.

¿Somos conscientes de cuántos atentados a los estándares éticos cometen partidos, que fueron votados por ciudadanos bienintencionados pero faltos de pensamiento crítico?

Sigue habiendo en nuestro planeta tierra esclavitud, genocidio, tortura, sexismo, racismo, fraude,
 engaño, intimidación... Una persona con estándares éticos adecuados respeta escrupulosamente los derechos humanos universales y de los animales.


La experiencia que tenemos todos nosotros, por el simple  hecho de vivir,  nos hace ser conscientes de la falta de congruencia y de la inconsistencia de los seres humanos. Con mucha frecuencia decimos una cosa y luego hacemos otra. A veces, o muchas veces en algunos entornos,  como en el político,  esa “otra cosa” es justamente,  ya no ligeramente diferente a lo que dijeron, sino exactamente la contraria.

Nuestra experiencia también nos pone de manifiesto,  que tenemos unos criterios para juzgar a los demás, y otros, más laxos para juzgarnos a nosotros mismos.

También, aun cuando no seamos conscientes de ello, caemos en el egocentrismo en múltiples ocasiones y, también, en el etnocentrismo: "tendencia a considerar los rasgos, estilos, ideas y valores observados en otros grupos culturales como inferiores y menos naturales que los del grupo propio". Un ejemplo claro son aquellas películas de indios y vaqueros que tanto nos gustaban de niños. ¿Qué representación hacían de los indios?¿Con que estereotipos se les definía? Nada que ver con la imagen de los indios que plantea, desde un punto de vista antropológico la película de “Bailando con Lobos”.

¿Entendemos  la irracionalidad del pensamiento egocéntrico? ¿Somos  conscientes de cuando estamos operando desde el mismo?


La antropología,  al etnocentrismo opone el concepto de relativismo  cultural: "principio que afirma que todos los sistemas culturales son intrínsecamente iguales en valor y que los rasgos característicos de cada uno tienen que ser evaluados y explicados dentro del contexto del sistema en el que aparece".  
Las definiciones de etnocentrismo y de relativismo cultural las copié literalmente  de uno de los libros que me valieron para preparar la asignatura de antropología cuando estudiaba en la universidad. Todavía lo conservo con gran cariño en mi biblioteca y recurro a él con frecuencia deleitándome con sus ideas. [2]

Somos inconsistentes también, en nuestro pensar. Si nos referimos a uno de sus componentes, los conocimientos, nos desenvolvemos fundamentalmente a través de un saber ingenuo, el cual es espontaneo, no nos cuesta esfuerzo. El saber  crítico,  que exige una determinada actitud, requiere  autodisciplina y esfuerzo.  El saber crítico sólo puede admitir algo cuando está fundamentado, esto es, exige que se aduzcan los fundamentos o razones de cada afirmación (principio de razón). Esto ya exige esfuerzo.

La Fundación para el pensamiento crítico dice que “cuando pensamos, tenemos un propósito con un punto de vista, basado en suposiciones que llevan a implicaciones y consecuencias. Usamos conceptos, ideas y teorías para interpretar datos, hechos y experiencias, para contestar preguntas, resolver problemas y asuntos”.  [3]

¿Qué conclusiones sacaríamos si analizamos el pensamiento expresado en las declaraciones de este diputado polaco, a través de los 8 elementos o estructuras básicas de todo pensamiento?
Referido al propósito: ¿Qué propósito, objetivo o meta tenía?, ¿Cuál era su intención?
¿Qué quería lograr?
Referido a las Implicaciones y consecuencias: Si alguien aceptara su posición, ¿Cuáles serían las implicaciones?  ¿Qué está insinuando?
Por lo que respecta a las Suposiciones: ¿Qué está dando por sentado? ¿Qué suposiciones le llevan a esta conclusión?
Te invito a contestarte a ti mismo las preguntas que se formulan en la imagen de abajo para cada uno de los elementos de análisis.


¿Reconocemos  el poder y el daño potencial del pensamiento egocéntrico en nosotros  mismos y en los demás?
¿Ponemos  todas nuestras alertas en marcha para ser conscientes de cuando estamos funcionando a nivel egocéntrico y tratamos de controlarlo o minimizarlo?


 



REFERENCIAS
[2] HARRIS Marvin.: Introducción a la antropología general. Alianza Universidad Textos. Madrid 1987
[3]  Elder y Richard Paul, 2002, Dillon Beach: Fundación para el Pensamiento Crítico, www.criticalthinking.org




domingo, 12 de marzo de 2017

Construyéndote (2)
Aplicación práctica del PENSAMIENTO CRÍTICO

Nosotros ganamos porque contratamos a la gente más inteligente. Mejoramos los productos a base de pensar en ellos hasta que son los mejores. Todos los años nos retiramos uno días para ponernos a pensar adónde va el mundo
                                                                                          Bill Gates. Microsoft

 PensándoTE  

Es un hecho evidente que los animales siguen en el mismo estado primitivo que tenían  hace miles de años. Nosotros, los humanos,  nos hemos desarrollado y perfeccionado a nosotros mismos,   hemos desarrollado la ciencia, la tecnología. Creamos  cosas tan grandiosas como La Declaración Universal de los Derechos Humanos;  los europeos,  el Estado de Bienestar (lo mejor que el hombre se ha dado a sí mismo); la Democracia.
Lo hemos hecho gracias a nuestra capacidad de pensar. Con  esta capacidad hemos vencido, modificado y salvado muchas  circunstancias y hemos podido progresar y  evolucionar. Nuestra capacidad pensante nos dio una ventaja evolutiva que no les fue dada a los animales.

El pensar,  como tremenda capacidad transformadora de los individuos considerados uno a uno y de la sociedad en su conjunto, no hay que comprarlo, nos viene dado y otorgado por el hecho de nacer, a los  humanos. Traemos en origen, debajo de nuestro cuero cabelludo, una capa (neo córtex)  que es la que genera eso tan distintivo e único de los humanos: pensar.

Aunque nuestro cerebro tiene la misma organización y los mismos tipos de neurotransmisores (mensajeros químicos entre neuronas) que los cerebros de los mamíferos, nuestra corteza es mucho mayor que la de cualquier otra especie. Constituye un 80 % del cerebro humano. La corteza es lo que nos hace humanos.

Todos los humanos pensamos. Unos mejor, otros peor. Unos más, otros menos. Pero, todos pensamos. Si lo anterior es cierto, también lo es que nuestro pensar tiene muchos defectos: prejuicios, distorsiones, parcialidades, confusiones, arbitrariedad…

Si es cierto que creamos grandiosas cosas, también es cierto que generamos grandes desastres, verdaderas barbaries que ningún otro animal es capaz de generar. Tanto las grandiosas cosas como las verdaderas barbaries, son fruto de nuestro pensar. A veces pensamos bien y otras veces pensamos mal. Los resultados y las consecuencias de pensar bien son totalmente diferentes de los resultados y consecuencias de pensar mal.


Los  defectos en el pensar,  nos llevan, a veces, a no saber distinguir la verdad de su contrario, la falsedad, lo cual  da como resultado que  emitamos juicios falsos creyéndolos verdaderos. Se nos pasa por alto  que solamente la verdad de las premisas lleva a la verdad de la conclusión (“validez deductiva”) y a la emisión de juicios verdaderos. Si hablamos de razonamiento  inductivo, si las conclusiones presentan un grado de probabilidad determinado (“fuerza inductiva”).   Otras veces confundimos los hechos con las opiniones. Esto da como resultado que nos lancemos a hacer afirmaciones basadas en opiniones que pretenden  convertirse en hechos. De nuevo se nos pasa por alto, que  los hechos deben dar lugar a las opiniones; las opiniones no dan lugar a los hechos. Otras veces, desde un estado de  ignorancia (ausencia de conocimientos con respecto a algo) emitimos juicios  bajo la etiqueta de certeza (afirmar algo sin temor a equivocarse) lo cual da como resultado el  error, tomando lo verdadero como falso y lo falso como verdadero.

Los errores y los sesgos en el razonamiento aparecen cuando nos saltamos las reglas de la lógica,  las cuales, en el razonamiento deductivo,  nos permiten saber si a partir de unas premisas podemos inferir unas conclusiones válidas o inválidas.  Si hablamos de razonamiento inductivo, no tenemos en cuenta el teorema de Bayes, el cual nos permite obtener la probabilidad de una conclusión ante un conjunto posible de conclusiones alternativas (“fuerza inductiva”).  En la práctica, razonamos sin tener en cuenta nada de esto. [1] 

No me extiendo más en nuestros defectos en el pensar. Creo que ya es suficiente y no quiero bajarle la autoestima a nadie. Ejemplos prácticos los tenemos todos los días, y no tan solo en las tertulias televisivas, sino en nuestras propias discusiones con amigos, en las charlas interpersonales, en las reuniones de las empresas… Todos podemos recordar ejemplos  claros de “diálogos de besugo” que están a la  orden del día. También hay gran afición  al “onanismo mental” puesto de manifiesto en algunas reuniones realizadas en entornos laborales y de otras índoles.

¿Qué piensas sobre tu propio pensar?

Las preguntas a plantearse son: 
¿Podemos mejorar nuestro pensar? ¿Qué ganaríamos con ello? ¿Nos ayudaría a mejorar nuestra vida?

Las respuestas a estas preguntas puede ayudarnos a restablecer la autoestima perdida en la exposición de los defectos: Sin duda podemos mejorar, y mucho,  nuestra forma de pensar. Nos viene dada de origen, según decíamos anteriormente, pero tenemos mucho que mejorarla y perfeccionarla. 
Los dos grandes recursos que utiliza el pensamiento crítico en su proceso de elaboración de posturas lógicas, razonadas y justificadas, son los conocimientos y la inteligencia. Nadie duda que los conocimientos que tenemos en nuestra mente los estamos mejorando todos los días. Si no lo hacemos así, en poco tiempo quedamos desfasados y no entendemos el mundo. También es mejorable  la  inteligencia,  la cual se puede incrementar a partir de la experiencia, es decir, del pensar, de la reflexión. Solo tenemos experiencia de las cosas que hemos reflexionado. 

 “Si piensas un poco en un ser humano, te das cuenta de que su mente no está sólo en el cerebro, sino en la biblioteca, el ordenador, los amigos y todas las herramientas para pensar que ha adquirido a lo largo de su vida. Si se despoja a una persona de estas herramientas, se queda indefensa”.
Daniel Denté,
 Director del  Centro para estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts.


Refiriéndonos a los conocimientos, todos somos conscientes de la velocidad a la que evolucionan. Si nos situamos en el año uno de la era de Cristo, se necesitaron 1700 años para duplicar el conocimiento y el acervo tecnológico que entonces había. Ocurrió esto en el año 1700. Después del año 1700 de nuevo se duplicó el conocimiento en el año 1850, es decir, en esta segunda ocasión ya no se necesitaron 1700 años, sino tan sólo 150 años. La tercera ocasión en la que se duplicó el conocimiento, fue en el año 1925 (se necesitaron 75 años). La cuarta vez ocurrió en el año 1975 (después de 10 años desde la última vez que se había duplicado el conocimiento). [2]Todo parece indicar, que actualmente se necesitan menos de cuatro años para que se dupliquen los conocimientos.

Ante esto  muchos tienen la impresión de que necesitamos dotarnos de nuevos modelos mentales, generar programas mentales más adecuados para abordar los tiempos actuales y no quedar descolgados.  Estas mismas personas se preguntan. ¿Existen esos modelos?

          “Se han descubierto más cosas sobre el cerebro en las dos últimas                     décadas, que en los últimos dos millones de años”Rober Sperry
 El neurólogo Richard Restak, nos habla de un nuevo cerebro:
 “El cerebro humano, antes un órgano misterioso, fascinante, desconocido…se presenta ahora ante nosotros bajo una nueva luz. La tecnología y la biología se unen para influir en su evolución, tanto que ya se empieza a hablar de un “nuevo cerebro”
Así empieza la portada del libro de este autor titulado “Nuestro nuevo cerebro” y editado por Urano.


¿Nos estamos aprovechando realmente de estos nuevos conocimientos?

Una cosa es nuestro nivel de inteligencia (CI), y otra es como  utilizamos la inteligencia que tenemos. Normalmente, la diferencia entre las personas no la marca el grado de inteligencia que tienen sino el cómo  utilizan la que poseen. No te sirve de nada que tengas un destornillador o un ordenador si no sabes cómo utilizarlo.

 “Conocer  el funcionamiento de nuestro  cerebro puede permitirnos  entender y mejorar nuestras vidas” [3]


¿Te ocupas en actualizar tu  software cerebral?


SintiéndoTE

Visión de helicóptero de tu realidad:

¿Qué sueles sentir?

En un día típico y representativo de tu vida, ¿que sientes con más frecuencia: miedo, desilusión, preocupaciones, temores…? ¿O más bien sientes optimismo, ilusión, entusiasmo, esperanza...? Una forma de sentir te lleva al fracaso y a la frustración, mientras que la otra te lleva al logro y al éxito

¿Qué hace que sientas lo que sientes?

Sea lo que sea lo que sientes, ello no es debido a la realidad que te toca vivir, a las circunstancias,  sino tu percepción, a lo que piensas, a las ideas que tienes en tu mente acerca de esa realidad, de esas circunstancias. Es por esta razón, que dos realidades objetivas, vividas por dos personas diferentes, lleva a una a sentir sobre todo emociones positivas mientras que la otra siente emociones negativas. Lo que marca la diferencia no es la realidad, sino tu pensamiento. Deshazte de estos pensamientos, cámbialos por otros y cambiará tu realidad.

Esto, dicho así,  puede parecer un mensaje salido del optimismo de pandereta, que nada tiene que ver con el optimismo funcional que preconizamos desde este foro. Si el primero se olvidaría de la realidad, este segundo, te llevará a cambiar la realidad por ti mismo, operando en ella, no desde la vulnerabilidad de estados debilitadores, sino desde la fortaleza de estados potenciadores, los cuales puedes crear tú mismo percibiendo, pensando de forma inteligente. Enfrentándote a la realidad con tus mejores recursos y en tu mejor estado.


Hay todo un debate acerca de que es lo primero, el pensamiento o el sentimiento. La  cuestión  podemos resolverla diciendo que el pensar, sentir y actuar van juntos, forman un todo en un esquema de causa-efecto.
Somos lo que pensamos y si aprendemos a controlar nuestros pensamientos, también controlamos nuestros sentimientos. El sentimiento es una  reacción física a un pensamiento. Cada emoción tiene un correlato fisiológico.   Cambiando tu percepción y cambiaran tus emociones.

“Jilly Ccoper, famoso novelista, escribió una vez un artículo en un periódico en el que decía que para saber  si un marido tenía una amante había que mirar el largo de la corbata cuando salía de casa después de desayunar y cuando volvía por la noche. Un día un caballero volvió a casa con la corbata mucho más corta que cuando se fue por la mañana. Su mujer inició una discusión acusándole de estar viéndose con otra mujer.

“Cariño, he ido a jugar al squash” contestó él. Hay que quitarse la corbata para jugar. La precepción de la mujer cambió y con ella sus emociones.” [4]

Nuestros pensamientos son determinantes en nuestro sentir y en nuestro  hacer. En este mismo Blog, en el post titulado: La CADENA PSA como fuente de nuestros RECURSOS 1, decíamos que primero pensamos y que en función del tipo de pensamientos que tengamos, generamos unos estados  que nos van a facilitar mucho una actuación eficaz o, por lo contrario, nos la van a dificultar o incluso impedir actuar eficazmente.

La manera en que cada persona ve su propio intelecto influye mucho en las dificultades o facilidades  que le surgen a la hora de funcionar. Si alguien se ve a sí mismo como inteligente y otros apoyan su creencia, se le incrementan considerablemente las probabilidades de desarrollar el potencial de su cerebro. Un experimento realizado hace muchos años (1968),  por Richard Rosenthal y Leonore  Jacobson así lo confirma.  De ahí nació el “Efecto Pigmalión” y la “Profecía auto cumplida” que tanto se utilizaron como argumentos en infinidad de cursos de desarrollo personal.

No es lo mismo sentirse bien que sentirse mal. El BIS: Bienestar Individual Subjetivo (lo que comúnmente llamamos felicidad) es muy importante. Las personas, los sitios, las situaciones, los definimos, básicamente, en función de cómo nos sintamos con, en o ante ellas.

¿Qué sientes como consecuencia de pensar sobre tu propio pensar?

ActuándoTE

Hay muchas formas de mejorar nuestro pensar [5], pero lo primero es echar mano de la Meta cognición. Es una de las características del pensamiento crítico: pensar acerca de nuestro propio pensar. Se trata de ser consciente de nuestro pensamiento cuando realizamos una tarea específica y luego, usar esta conciencia para controlar lo que estamos haciendo.

Cualquier profesional ya sea fontanero, electricista, etc.,  tiene muchas y diversas herramientas en su maletín de trabajo. Estas le facilitan el realizar,  con competencia,  una serie de tareas propias de su profesión. El  cerebro humano tiene también herramientas, programas mentales que usados solos o en combinación, nos permiten resolver mucho mejor todas las situaciones que se nos presentan en la vida.
No solo se necesita inteligencia para reconocer y mantener un programa mental, sino que su uso proporciona mayor inteligencia a quien piensa sobre cómo utilizarlo. Este “pensar sobre como pensamos” se llama Meta cognición, la forma de pensar de manera inteligente.

La meta cognición, la capacidad de salirnos de nosotros mismos y reflexionar sobre nosotros mismos, es una facultad que no tiene ningún otro animal de la escala filogenética. Nos dio a los humanos una ventaja evolutiva muy importante. También, es la que marca la diferencia entre las personas que saben resolver de forma conveniente las dificultades de la vida diaria de quienes no saben hacerlo.
   
Normalmente, cuando nos enfrentamos a una situación pensamos: “¿Qué hago a continuación?”. Pensar inteligentemente pasa por preguntarse, primero, ¿Qué pienso sobre lo que puedo hacer?, y segundo, ¿Qué hago a continuación?
    

Lo ideal es enfrentarse a una situación haciendo la siguiente pregunta:

     ¿Cómo puedo hacer, para pensar mejor sobre lo que podría pensar,  sobre lo que puedo hacer ante este problema, proyecto, objetivo o situación?
La pregunta, a primera vista, es un poco  enrevesada. No la rechaces por esto. ¡Piénsala!




Visión de helicóptero de tu hacer


La atención y la conciencia son los fundamentos sobre los que descansa nuestro entendimiento y comprensión del mundo.

Para tomar conciencia (darte cuenta) de tu actuación, para ser consciente de si estás actuando bien o mal en función del objetivo que persigas en una determinada situación, es bueno “elevarse”, coger perspectiva.  Si los árboles no te dejan ver el bosque… ¡ELÉVATE!

Aplicación práctica

Cada persona tenemos un “doble yo”: un yo actor, y un yo observador.

El yo actor actúa y ejecuta la conducta. El yo observador, observa, guía la actuación del yo actor. Proporciona información de la situación. El yo observador se “sube al helicóptero”, determina la distancia óptima, mira desde lo alto, ve las cosas con perspectiva y tomas conciencia, se da cuenta de cómo está actuando. Por eso puede guiar eficazmente al yo actor, el cual, enfrascado en la actuación no se da cuenta de muchas cosas significativas que están ocurriendo mientras el actúa. Se forma así una idea sistémica de la situación.

En la próxima reunión que tengas, o en la próxima situación a la que te enfrentes, tómate un momento y “sube al helicóptero”.




¿Cómo percibes tú el mundo?
¿Cómo utilizas tu atención en el mundo y llegas a ser consciente del mismo?
¿Cómo llegas a saber?

BIBLIOGRAFÍA


[1]GONZALEZ LABRA María José.: Introducción a la Psicología del Pensamiento. Editorial Trotta, Madrid 2001, p.105
 [2] CHINCHILLA Nuria.: Seminario  “La gestión del tiempo directivo”. IESE.
[3]RATEY John J.: El cerebro: manual de instrucciones. Mondadori S.L. Barcelona 2012
[4] DE BONO Edward.: ¡PIENSA! Antes de que sea demasiado tarde. Paidós Madrid 2011. P. 174
[5]LEWIS David y GREENE James.: El arte de pensar. Martinez Roca, Barcelona 1989







viernes, 3 de marzo de 2017


Construyéndote (1)

Aplicación  práctica del OPTIMISMO FUNCIONAL

 ConociéndoTE


Podemos sostener que, en general, todos tenemos los recursos necesarios para alcanzar aquello que nos proponemos, siempre que lo hagamos bajo el prisma de “la mirada en el cielo y los pies en la tierra”, es decir, siendo realistas, enfocándose en un optimismo funcional y escapando del optimismo de "pandereta".  Unos consiguen sus metas y se sientes satisfechos; otros,  no las consiguen y se sientes en permanente frustración. Hay, también,  quién ni tiene metas, ni propósitos ni objetivos,  y navegan por la vida  en constante confusión y desorientación.

Parte de la explicación puede estar  en lo siguiente:

1. Hay personas que no son conscientes de los recursos que tienen.
2. Hay otras personas que sí son conscientes de los recursos que tienen, pero, no saben cómo utilizarlos de forma efectiva.
3. Hay, también, personas que tienen los recursos, saben cómo utilizarlos, pero no quieren utilizarlos.
4. Otras personas  son conscientes de los recursos que tienen, saben cómo utilizarlos, quieren utilizarlos, pero,  no los utilizan   y  no están satisfechos con lo que obtienen.
5. Finalmente, hay personas que son conscientes de los recursos que tienen, saben cómo utilizarlos, quieren utilizarlos, los utilizan  y están satisfechos con lo que obtienen.

¿En qué grupo te ubicas tú?

 Yo soy yo y mis circunstancias”. Esta frase, tan repetida y que todos escuchamos alguna o muchas veces, pone el énfasis en las circunstancias, en la resignación, en la reacción, en la falta de control que tenemos sobre lo que nos sucede, en que cada uno somos como somos, en que tenemos la situación que tenemos  y en que hay muy poco que hacer, salvo el conformarse.  Detrás de ella están otras que también todos escuchamos, o incluso dijimos,  tales como “Yo soy así”, “Yo nací así”, “no hay nada que hacer”, “las cosas son como son”, “todos tenemos un destino predeterminado”, “hay que resignarse” etc.

¿Eres de los que utilizan, de forma habitual,  frases de este tipo?

En mi infancia,  los  “ilustrados” de la época   lo repetían muchas veces: “yo soy yo y mis circunstancias”. Nos lo decían para que no intentáramos  modificar o cambiar las  circunstancias y nos conformáramos con lo que éramos y teníamos. No sé si era ignorancia o mala fe, más bien creo que lo primero. Es probable que estuvieran  convencidos de que era lo mejor para todos.

¿Conocerían la frase completa de Ortega y Gasset? : “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. En el supuesto de que la conocieran completa, ¿alcanzarían a ver su significado? ¿Entenderían que hay que abordar la vida desde la proactividad y no desde la reactividad? En el supuesto de que la conocieran completa y comprendieran su significado, ¿les parecería un mensaje revolucionario y pervertidor del orden establecido el intentar cambiar las circunstancias?

Hoy sigue habiendo  “ilustrados analfabetos” (valga el  oxímoron)  que mandan  mensajes similares, unos de forma explícita (Investigado el eurodiputado polaco que dijo que las mujeres son "más débiles, más pequeñas y menos inteligentes") y otros en forma subliminal.

Será por ello que está a la orden del día el victimismo. Encontraremos a un montón de gente culpando de sus males a las más diversas fuentes,  sin darse cuenta que como adultos responsables,   hacen acciones que tienen consecuencias. Si no le gustan las consecuencias,  cambiar las acciones es más práctico que buscar culpables. Hoy más que nunca es necesario dejar de  lamentarse y pasar a ocuparse, es hora de trabajar en las soluciones.  No convertirse en “protagonistas paralizantes” poniendo nuestra atención en el miedo, la preocupación  y en lo incierto, sino convertirse en protagonistas activos  dotándonos de iniciativa y autonomía, vencer al miedo,  teniendo la valentía de decir lo que pensamos y aportando soluciones a las dificultades  con las que nos vayamos encontrando.

¿Qué rol adoptas en la vida: el de víctima o el de protagonista?

ConstruyéndoTE


A todos nos suena aquello de “Conócete a ti mismo”, como una frase, o mejor, un precepto, que se leía en el frontispicio del Templo de Apolo. En aquellos tiempos  aún no había ciencia. Surgía la filosofía  tratando de desterrar los mitos como forma de explicar la realidad. Si Sócrates viviese hoy, es probable que no eligiera   el precepto del Templo de Apolo como guía moral y lema de vida, como camino a seguir para alcanzar la propia madurez. Lo cambiaría por otro de podría decir: “Constrúyete a ti mismo”.  Por aquel entonces, no conocían lo que hoy sabemos, gracias a la ciencia, del cerebro humano: que cambia constantemente, que su bioquímica, su anatomía y fisiología, cambia día a día en función de sus interacciones con el entorno, con el medio ambiente en el que se desenvuelve.

A esto hoy la ciencia le llama “Plasticidad del Sistema Nervioso Central” y  supone que todo conocimiento, información, percepción sensorial que entra en el cerebro, opera en alguna medida, cambiándolo. Si  vais a un curso, no sois los mismos el primer día de curso que el último. De aquí que los cursos ¡siempre valen para algo! Por eso la formación no puede pensarse exclusivamente al servicio de las necesidades y requerimientos del sistema productivo. También, debe satisfacer necesidades de carácter cultural, social, ético y sobre todo de desarrollo personal, que no responden de manera única a las necesidades de los sistemas productivos, que también, sino  a necesidades humanas más amplias.

Todos entendemos que no nacemos totalmente hechos, que nos vamos haciendo, poco a poco,  a lo largo de la vida. Lo que no todos entendemos es el cómo nos vamos haciendo, ni tampoco, en qué medida depende de nosotros y en qué medida es fruto de la pura aleatoriedad.
Somos y nos hacemos con nuestras elecciones.  En nuestro estar en el mundo vamos obteniendo cosas del mismo y a su vez vamos perdiendo otras. Lo que incorporemos y lo que dejemos a lo largo del camino,  constituyen un balance indicativo de cómo nos van  a ir las cosas en nuestro trascurso vital.

Así,  tanto si nos referimos al ámbito laboral como al personal,   todos somos conscientes de que este exige de nosotros estar incorporando constantemente nuevas formas de hacer las cosas, nuevos conceptos y conocimientos, nuevos hábitos y formas de funcionar.  También, nos exige,  dejar en el camino anticuados esquemas mentales, hábitos que ya no son funcionales, viejas costumbres muy arraigadas y  manías que ya no nos dan satisfacción sino muchas molestias el mantenerlas. Esto,  algunos,  lo ven como un problema, mientras que otros lo ven como una oportunidad.

Por un lado están los que se apoyan en el determinismo genético,  mal entendido,  que  lleva a muchos a afirmar que son los genes los que mandan. No  tenemos nada que hacer.  Desde aquí vamos a partir de la premisa de que la “tómbola genética" que nos otorgó aleatoriamente un ADN formado en igual medida por nuestro padre y nuestra madre, la mitad de cada uno, tiene menos influencia  que la que nos otorgan los hábitos que hemos o no hemos incorporado  a nuestra vida. Digo lo de “tómbola genética” por qué no hemos tenido la ocasión de elegir ni a nuestro padre ni a nuestra madre. Los genes nos son dados,  pero,  los hábitos nos los damos nosotros a nosotros mismos.

Otros sostienen que la educación recibida en la primera infancia marca el resto del camino que nos queda por recorrer toda nuestra vida. Seguimos así en la misma, no tenemos nada que decir ni nada que hacer.

La ciencia nos dice que “somos fruto de la interacción genes más ambiente”. Las personas nos conformamos a partir de lo dado (genes) y de lo adquirido (ambiente). El dilema científico sobre ambiente frente a la herencia, de la  naturaleza frente al entorno,  es decir, tratar de dilucidar cuál es más importante en la construcción de uno mismo, si el ambiente o entorno (educación, cultura, familia, y todo aquellos elementos externos que puedan influir en nuestra naturaleza o herencia), viene de muy lejos [1]

Para tener una referencia de cómo está la cosa actualmente, podemos concluir así: En un 80 % de las personas, un 25 % son genes, un 25% es educación temprana (padres, maestros, etc.), y un 50 % es espacio para construirse, grado de libertad en el que cada uno puede decidir.
Al  20% de personas restantes, les ocurre que su educación temprana y/o sus genes le comen parcelas de su grado de libertad.

El título nos sugiere que  podemos construirnos a nosotros mismos siguiendo unas pautas previamente definidas y planificadas. ¿En cuanta medida? Como el sentido común nos señala, es difícil cuantificarla, pero, como el mismo sentido común nos sugiere, sin duda,  en  mucha medida. ¿Un 50%? [2]   

Lo cierto es que sí tenemos mucho de que ocuparnos. Entre ese mucho, y como prioritario,  está en hacernos a nosotros mismos. Esto pasa, en primer lugar, por creer en ti. Tener un rasgo de personalidad llamado “Locus de control interno”, es decir, estar convencido de que lo que obtienes en la vida, el cómo te va, depende de características personales tuyas (inteligencia, competencias, habilidades, esfuerzo, dedicación,  etc.).  En definitiva, tener la sensación de que controlas tu vida. Los de “Locus de control externo” creen que lo que obtienen y el cómo les va, depende de la suerte, los dioses, el mal de ojo, el jefe, del vecino,  etc. Y es por eso que no tienen metas, no se esfuerzan ni planifican su vida, puesto que nada de ella depende de ellos, sino de factores externos.

¿En dónde te ubicas?

La construcción de uno mismo se concretiza en  la mejora continua personal,  que tiene lugar,  cuando la persona cree en sí misma. Todo proyecto, objetivo o meta necesita tener cierto sentido de certidumbre. Está relacionado con la auto eficacia: las probabilidades subjetivas con las que calculamos las posibilidades de éxito en una tarea o proyecto antes de emprenderlo. Si estas son bajas, si nos falta el sentido de certidumbre, no tendremos la energía suficiente para llegar. Si las probabilidades son altas, si crece nuestro sentido de certidumbre, utilizaremos todos nuestros recursos, a veces, de manera insospechada. Por eso el primer paso es creer. [3]

Cambiamos, a lo largo de nuestra vida,  de forma de pensar y de sentir, cambiamos de personalidad, de motivaciones, de preferencias… Tu yo de hoy es diferente de tu yo de hace 20 años. Las percepciones que recibes ahora mismo, filtradas por tus percepciones anteriores, te van actualizando cada minuto, cada día. Los conocimientos sociales, éticos, profesionales, emocionales, a los que nos exponemos nos cambian, en mayor o menor medida, pero, siempre en alguna medida.

¿Cómo puedes tú dirigir este cambio no dejándolo totalmente al azar y a las circunstancias? Pasando del  “yo soy yo y mis circunstancias” al “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.  Seleccionando la información que procesas, exponiéndote a un ambiente moral, social, intelectual que te enriquezca, mejorando tu  nicho ecológico. En uno de los múltiples cursos a los que asistí en mi vida, nos contaron que un  pez (carpa japonesa) llamado Koi,  cuando se cría en peceras, alcanza apenas unos centímetros de longitud; cuando se crían en lagos, llegan casi al metro; finalmente, aquellos criados en el mar superan el metro de crecimiento.
El pez no puede cambiar sus circunstancias. Nosotros no sólo podemos sino que,  además, debemos cambiarlas.

¿A qué y a quién prestas tu atención (llave de entrada a tu cerebro)? [4]


DisfrutándoTE


Intentar hacer de nuestra vida el mejor de los proyectos posibles es lo propio de personas  inteligente. No conformarnos en cómo somos en un momento dado y luchar por mejorar,  buscando acercarnos, cada vez más, a lo que podemos llegar a ser, es una exigencia de todo ser humano. Nunca es tarde para ser quién podrías haber sido.
No dejarse apabullar por las circunstancias, teniendo presente que también estas son modificables, y que "si no salvas tus circunstancias, tampoco te salvas tú".
 Entender que la felicidad consiste en estar satisfecho con uno mismo,  lo cual logramos cuando constatamos que hay una correlación positiva, entre lo que has deseado y lo que has conseguido. [5]  



BIBLIOGRAFÍA

[1] RIDLEY Matt. Qué nos hace humanos. Taurus, Madrid 2004
[2] Ibíd.
[3] Decálogo de Autogestión: Cardar para progresar.
 [4]Decálogo de Autogestión: Cardar para saber mirar.
 [5] Decálogo de Autogestión. La práctica consciente te lleva a ser competente