domingo, 10 de enero de 2021

El trumpismo ha tropezado: ¡Aleluya!

 


El trumpismo ha tropezado: ¡Aleluya!

Nos decía Paul Sartre que “un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”.

¿En qué circunstancias, acontecimientos, contexto social, etc., nació y se desenvolvió Trump, que hicieron de él semejante personaje  para acabar siendo lo que es ahora, en este momento: una nueva versión de 'Conan el bárbaro'?

Unos siglos antes, Baruch Spinoza nos había definido, de forma clara y precisa, el centro de la psicología, la ética y la política que él desarrolló.

Llamó a este centro el conatus: y lo definió así: “Cada cosa se esfuerza, en cuanto está en ella, por perseverar en su ser” (IIIp6). En una primera aproximación podemos entender el conato, como  que todo lo que existe, tiende a la autoconservación.

El empecinamiento de Trump en mantenerse en la presidencia del país más poderoso de la tierra, saltándose las normas que este se había dado para que ello fuera posible, es una prueba empírica relevante,  confirmatoria de que la personalidad,  muchas veces anula la inteligencia y recursos cognitivos y económicos  que alguien pueda tener,  obteniendo en la vida cotidiana resultados totalmente negativos.

En una de las cartas que Sartre escribió a Simone de Beauvoir,  le hablaba de otra persona y le decía entre otras cosas “(…) se había dado cuenta de que lo que le estropeaba la vida no era la fatalidad sino su propia forma de ser”.  Sartre, J.P.: Cartas al castor 1. Barcelona, Edhasa, 1986 p.117

La historia recodará los años 2020 y 2021, como la victoria de la humanidad ante dos destructores  virus, a cada cuál más letal: el SARS-CoV-2, propagador de la enfermedad Covid-19 , y el trumpismo, propagador de la enfermedad “comecocos”,  que produce unas intensas mermas de madurez, insensatez y sentido común,  llegando, en los casos más graves, a suspender la actividad funcional del cerebro humano generando individuos descerebrados.

Ya nos lo advertía, en el siglo pasado,  Skinner:

“El auténtico problema no es si las máquinas piensan, sino si lo hacen los hombres”. Burrhus Frederic Skinner