domingo, 3 de mayo de 2020

INVOLUCIÓN



INVOLUCIÓN

Punto azul


“Esa visión extracorpórea de la Tierra, obtenida a través de la pantalla, está inoculando en nuestra conciencia la sensación de que en esa nave de locos perdida en el espacio o nos salvamos todos o nos vamos todos juntos al infierno”.


Según nos ilustró Darwin, la selección natural tiene sentido desde el punto de vista individual. Mucho más tarde Dawkins nos dice que los genes son egoístas, tan solo van a lo suyo:  replicarse.  Su foco está exclusivamente en aquello que les permitan conseguir su meta.

En este nivel lo que manda es la competencia. Los individuos establecen una feroz competencia entre ellos   premiando el egoísmo. Estamos ante la selección individual.

En un momento evolutivo, los individuos empezaron a vivir en grupos y se estableció una competencia entre grupos de tal forma que, evolutivamente,  fue más adaptativa y  empezó a premiar,  ya no a individuos que competían entre ellos, sino que cooperaban y buscaban el progreso del grupo, lo que hoy llamamos jugadores de equipo. Empezó así la selección grupal.

Cuando hay competencia entre grupos acaba ganando el más cohesivo, el que más coopera y colabora en el bien común.

Hoy en día sabemos que la selección natural funciona a la vez en muy distintos  niveles. La selección multinivel cuantifica el grado en que la selección presiona en cada nivel  y nos aclara cuando favorece a la selección individual (genes para rasgos particulares) y cuanto a la selección grupal (genes para el auto sacrifico: altruismo).

Parece que en las sociedades de recolectores los grupos se dividían cuando superaban los ciento cincuenta adultos.

“Más allá de razas e ideologías, cada persona forma un nudo al que todos estamos atados y basta con un estornudo en cualquier rincón del planeta para que la especie humana esté en peligro.”

A lo largo de toda la evolución  los animales sociales vivieron en grupo, en rebaños y en manadas. Ninguno  fue capaz de organizarse  en ultra grupos, es decir, vivir en grupos grandes con una estructura interna la cual proporciona muchas ventajas.

Tampoco ningún tipo de animales sociales fueron capaces de adquirir una intencionalidad compartida: compartir una idea común de cómo debían funcionar las cosas. Llegamos así evolutivamente a la mentalidad de grupo

"capacidad de aprender y ajustarse a las normas sociales, sentir y compartir emociones relacionadas con el grupo y, en última instancia, crear y obedecer a instituciones sociales” Michael Tomasello


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