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domingo, 3 de mayo de 2020

INVOLUCIÓN



INVOLUCIÓN




“Esa visión extracorpórea de la Tierra, obtenida a través de la pantalla, está inoculando en nuestra conciencia la sensación de que en esa nave de locos perdida en el espacio o nos salvamos todos o nos vamos todos juntos al infierno”. Manuel Vicent


Según nos ilustró Darwin, la selección natural tiene sentido desde el punto de vista individual. Mucho más tarde Dawkins nos dice que los genes son egoístas, tan solo van a lo suyo:  replicarse.  Su foco está exclusivamente en aquello que les permitan conseguir su meta.

En este nivel lo que manda es la competencia. Los individuos establecen una feroz competencia entre ellos   premiando el egoísmo. Estamos ante la selección individual.

"Cualquier tipo desesperado tiene a su disposición armas de destrucción masiva conectadas a su odio, a su venganza o simplemente a su dolor de estómago". Manuel Vicent

En un momento evolutivo, los individuos empezaron a vivir en grupos y se estableció una competencia entre grupos de tal forma que, evolutivamente,  fue más adaptativa y  empezó a premiar,  ya no a individuos que competían entre ellos, sino que cooperaban y buscaban el progreso del grupo, lo que hoy llamamos jugadores de equipo. Empezó así la selección grupal.

Cuando hay competencia entre grupos acaba ganando el más cohesivo, el que más coopera y colabora en el bien común.

Hoy en día sabemos que la selección natural funciona a la vez en muy distintos  niveles. La selección multinivel cuantifica el grado en que la selección presiona en cada nivel  y nos aclara cuando favorece a la selección individual (genes para rasgos particulares) y cuanto a la selección grupal (genes para el auto sacrifico: altruismo).

Parece que en las sociedades de recolectores los grupos se dividían cuando superaban los ciento cincuenta adultos.

“Más allá de razas e ideologías, cada persona forma un nudo al que todos estamos atados y basta con un estornudo en cualquier rincón del planeta para que la especie humana esté en peligro.” Manuel Vicent

A lo largo de toda la evolución  los animales sociales vivieron en grupo, en rebaños y en manadas. Ninguno  fue capaz de organizarse  en ultra grupos, es decir, vivir en grupos grandes con una estructura interna la cual proporciona muchas ventajas.

Tampoco ningún tipo de animales sociales fueron capaces de adquirir una intencionalidad compartida: compartir una idea común de cómo debían funcionar las cosas. Llegamos así evolutivamente a la mentalidad de grupo

"capacidad de aprender y ajustarse a las normas sociales, sentir y compartir emociones relacionadas con el grupo y, en última instancia, crear y obedecer a instituciones sociales” Michael Tomasello









Punto azul

Más allá de razas e ideologías, cada persona forma un nudo al que todos estamos atados y basta con un estornudo en cualquier rincón del planeta para que la especie humana esté en peligro


En 1977 la Nasa lanzó al espacio la sonda Voyager I con la misión de localizar y estudiar los límites del sistema solar. Después de 13 años de viaje, cuando la nave estaba más allá de la órbita de Plutón se la orientó hacia la Tierra para echarle el último vistazo. Desde 6000 millones de kilómetros de distancia nuestro planeta aparece como una mota de polvo iluminada por el sol en medio de la oscuridad cósmica. Esa mota de polvo azul, que es nuestro hogar, lleva consigo por el universo el misterio de la vida junto al caos que la raza humana con sus dioses, creencias, pasiones, crímenes, patrias e ideologías. Esa visión extracorpórea de la Tierra, obtenida a través de la pantalla, está inoculando en nuestra conciencia la sensación de que en esa nave de locos perdida en el espacio o nos salvamos todos o nos vamos todos juntos al infierno. En esa mota de polvo los avances de la ciencia y la alta tecnología conseguidos por la raza humana se hallan también al servicio del fanatismo y la miseria moral. Cualquier tipo desesperado tiene a su disposición armas de destrucción masiva conectadas a su odio, a su venganza o simplemente a su dolor de estómago. Del mismo modo que desde la caída de las Torres Gemelas nos hemos acomodado al virus del terrorismo y de hecho el escáner se ha convertido en un paso obligado de nuestras vidas, y en el aeropuerto aceptamos que nos palpen todo el cuerpo y hurguen en nuestro equipaje en el que un frasco de colonia puede ser tomado por un explosivo, así ahora la covid-19, que acaba de hacer acto de presencia en esa mota de polvo azul, nos ha hecho saber que toda la humanidad constituye un tejido muy tupido y, más allá de razas e ideologías, cada persona forma un nudo al que todos estamos atados y basta con un estornudo en cualquier rincón del planeta para que la especie humana esté en peligro.