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domingo, 31 de mayo de 2020

¡NO DEJEMOS QUE NOS INTOXIQUEN! Las decisiones del doctor Simón


  


Las decisiones del  doctor Simón




¡NO DEJEMOS QUE NOS INTOXIQUEN!



 “Nada es más difícil, y por lo tanto más precioso, que ser capaz de decidir.” 
Napoleón Bonaparte


Todos nos damos cuenta de que los economistas son, realmente buenos,  explicando los sucesos y acontecimientos una vez que estos han pasado. También, todos nos damos cuenta de que los economistas son, realmente malos,  cuando hacen pronósticos sobre sucesos y acontecimientos que todavía no han sucedido,  que tendrán lugar en el futuro.

Actualmente ocurre lo mismo,  ya no solo con los economistas, sino con muchas personas, normales y corrientes  y,  también, con algunos políticos  digamos corrientes pero pongamos en cuestión lo de normales, porque realmente no lo son (entiendo por normales la normalidad estadística: una distribución matemática que cumple la ley de normalidad y en la que la mayoría de la población se concentra en torno a la media, más concretamente, entre una más una sigma y menos una sigma)  con respecto al Civid19.

La cosa se ha salido tan de madre,  que incluso se presentan querellas contra personas, por ejemplo, contra el señor  Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias. Lo acusan, nada más ni nada menos,  de haber matado a un determinado número de personas, (27.000) he leído en algún lado)

He impartido,   a lo largo de mi vida,  muchas sesiones a mandos y directivos sobre la toma de decisiones. Utilicé, en función del contexto y del perfil de los asistentes,  diversas metodologías. En todas decíamos que tomar decisiones es un proceso, con método, para determinar el curso de acción que mejor satisfaga los objetivos fijados de antemano, con riesgos aceptables. Dicho de otra forma más ajustada a lo que hoy abordamos: 

Con frecuencia,  la vida nos obliga a elegir entre alternativas que, todas ellas, nos parecen  deseables o cuyas consecuencias desconocemos.

¿Puede una persona, normal y corriente,  dudar de que estas ideas son las que guiaron al doctor  Simón? 

Nadie,  o muy poco gente dudaría.  La cuestión ya cambia si ya no hablamos de gente, normal y corriente, sino de políticos, y refiriéndonos a los mismos podemos plantear la pregunta de esta forma: ¿Algún malintencionado,  dudará que uno de los objetivos, tal vez el principal, del doctor  Simón,  era el de lograr  el menor número de muertes posibles? Como un objetivo nunca debe estar planteado en negativo,  lo planteo de otra forma: "conseguir la mayor supervivencia posible de ciudadanos Españoles ante la pandemia del virus Civid19."

 La respuesta es sí, hay políticos/as que sí lo dudaron. Al parecer no entienden que, a la hora de decidir,  las circunstancias nunca son idénticas; que en cualquier situación hay diversos caminos que conducen a un mismo fin; y, por último, en la mayoría de las elecciones hay que perseguir simultáneamente varios fines que compiten entre sí. Es por todo esto  que  solo se  decide,  cuando se tienen dudas sobre diferentes posibilidades de acción.  

Decidir es confirmar una alternativa de acción con la vista puesta en un futuro desconocido.

En las empresas sucede que resultados conseguidos,  que las personas suelen atribuir a una esmerada y brillante planificación, la realidad es que se llegó a ellos mediante ensayo - error: probando muchas cosas y quedándose con lo que funciona. 

Una decisión suele generar tensión a corto plazo y crear problemas a largo plazo. De aquí que haya "indecisos", que dejan los problemas sin resolver con la intención de no tener que enfrentarse a los efectos colaterales que generan las  soluciones de las decisiones que en ese momento tiene disponibles.

En otras empresas la cuestión clave no es lo que se decide, sino como se comunica:  se anuncia   de forma pública y enérgica y luego se canalizan las energías en evitar fallos. La energía que no se utilizó en la búsqueda de la decisión más idónea, se gasta en conseguir una imagen de la cúpula "llena de energía para actuar." ("no me temblará la mano..."

En mis sesiones, uno de los módulos “estrella” es el que se  titula Características del decisor. Empezábamos diciendo,  que en contra de lo que comúnmente pensámos, los humanos tenemos una racionalidad muy limitada, y hablamos y desarrollábamos los temas de Percepción selectiva, Procesamiento secuencial, Habilidad de computación limitada, Adaptación, La autoridad, La presión del grupo, El estrés, etc.
Ver en este blog: EL RAZONAMIENTO MOTIVADO



Saber si una persona es más racional o más emocional, es una buena fuente de información para saber muchas cosas de su estilo de decidir. 
Lo que sigue no es un test del que puedan sacarse conclusiones válidas pero nos puede orientar algo. 

Cómo eres, según tu opinión: 

¿más instintivo o más racional cuando decides? Responde antes de continuar: ¿Pesa más en tu toma de decisiones tus emociones o tu racionalidad?

Vamos ahora a ver si coincide la opinión que tienes de ti mismo con la realidad.

¿Qué opción elegirías de las dos apuestas siguientes?:

             1.     20% de probabilidades de ganar 25 €, o nada.
             2.    40 % de probabilidad de ganar 10 €, o nada.

¿Cuál elegiría?

En el caso 1, la función de utilidad esperada es 5: se obtienen multiplicando la utilidad por la probabilidad:
 25x 0,2
En el caso 2, la utilidad esperada es de 4: 10 x 0,4
Racionalmente, te convendría  maximizar tu utilidad esperada, eligiendo la apuesta 1.
Ver en este blog: TOMA DE DECISIONES


He realizado a muchas personas (Ceos, Ejecutivos, Directivos, Mandos, etc)  a lo largo de los años,  cientos de test PAPI: Personality And Preference Inventory. Una de las escalas se refiere a  la  "Aptitud para Tomar de Decisiones". Nos dice en que medida una persona se percibe como alguien que toma decisiones rápidas. Aptitud para tomar decisiones rápidamente y capacidad para asumir riesgos. 

Hay personas que toman decisiones rápidamente e incluso con entusiasmo,  confiando en su intuición y asumiendo los riesgos. Por otro lado, hay personas muy prudentes y rigurosas las cuales detestan llegar a  conclusiones precipitadas y se paran a analizar cuidadosamente la situación antes de emprender cualquier acción.

La primeras, tienen como puntos débiles los siguientes: Son impacientes, en general y si se da otro rasgo,   quieren llegar cuanto antes a las conclusiones; son impulsivos que pueden tomar decisiones irreflexivas. Suelen, también,  conceder más importancia a la rapidez que a la precisión.

Las personas del segundo grupo, titubean demasiado, temen comprometerse y hacen gala de una excesiva lentitud a la hora de tomar una decisión. Son estos los que generan aquello de "parálisis por análisis", convirtiéndose, en función del puesto que desempeñen,  en cuellos de botella que impiden que los acontecimientos fluyan con normalidad.  



La calidad de las decisiones que tomamos está muy determinada, ademas de por nuestras características como decisor,  por la calidad y cantidad de información de la que disponemos,  y en base a la cual tomamos la decisión.

Hay quien sostiene, que en la toma de decisiones de los directivos,  dado que en la mayoría de los casos no tendremos toda la información disponible, que casi siempre decidimos en situaciones de información incompleta, nuestras decisiones serán  un tanto sesgadas. En base esto, y al tiempo que lleva tomar decisiones racionales (vía lenta), saldría más rentables,  en la mayoría de situaciones,  tomar decisiones emocionales, por corazonadas (vía rápida). Hay cientos de experimentos sobre este tema, en los que no me voy a parar ahora.


Otros sostienen que el mito de la intuición, del “sexto sentido”, de la “sensación de certidumbre subjetiva” de lo que muchos presumen, hay que tomarla con  mucha precaución.La cuestión clave aquí es saber diferenciar entre los intuiciones correctas y las que no lo son. Lo cierto es que detrás del “sexto sentido” suele haber un duro trabajo y unos conocimientos técnicos profundos.

Para tomar buenas decisiones los ingredientes son: 1. Juicio (se puede mejorar). 2. Experiencia (requiere tiempo).  3. Conocimientos técnicos.

 ¿En qué medida, una persona normal y corriente,  le atribuiría al doctor Simón estas características?
 Sin duda en una medida alta.

Si dejamos de lado a las personas normales y corrientes y le preguntamos a los políticos por la misma cuestión, ¿qué dirían?
Hay políticos que sostiene que el doctor Simón ni tiene juicio, ni experiencia ni conocimientos técnicos. 

Y lo más grave, toda una masa de "voceros",  recurren a la pedagogía del loro de repetición, consiguiendo que en los grupos en los que se mueven, asientan con sus cabezas y terminen  por reírle las gracias a los jocosos, pero sin ningún ingenio, chascarrillos que el vocero suele meter en medio. Y así se despacha el tema
Una de las fórmulas empleada en mis sesiones es la siguiente:



La calidad y la cantidad de información que tenía al principio el doctor  Simón, era muy escasa. Desconocíamos casi todo del famoso virus. No le quedaba otra que ir tomando  las medidas oportunas con la información que tenía en el momento que  las tomaba, y haciendo las suposiciones razonables que había  que hacer. A medida que se fue avanzando,  fuimos disponiendo de cantidades ingentes de datos y de información, pero aún teníamos poco conocimiento científico.

















Seguimos avanzando,  y fuimos incrementando el conocimiento científico que nos fue dando herramientas para incrementar nuestras formas de hacer y actuar sobre el virus.
No alcanzamos la sabiduría. Podíamos haber adoptado otros criterios diferentes al que se adoptó con las personas mayores… No me voy a parar en esta cuestión.
Ver en este blog la Ética del CUIDADO:

Por último, no olvidemos que el dr.  Simón es un científico. No apela a dogmas para convencer a nadie. Recurre muy poco a opiniones,  y  jamás, al menos que yo haya visto,  se le ocurre utilizar exabruptos,  que es la pieza literaria a la que más recurren sus críticos.

 ¿Sabrán estos que la ciencia no tiene verdades absolutas sino provisionales?

La ciencia llega a verdades no definitivas sino provisionales.  Tiene la capacidad,  y a su vez la humildad,  de sostener sobre algo lo siguiente: "con los conocimientos científicos que tenemos al día de hoy, podemos sostener  que esto es…" Y estos conocimientos científicos van cambiando en el tiempo a través de paradigmas.
Ver en este Blog: LA GRANDEZA DE LA CIENCIA Y SUS PARADIGMAS

Una vez que las cosas pasan,  la mayoría de las personas sabemos lo que deberíamos haber hecho. Digo la mayoría,  porque no todos aprenden y sacan conclusiones de sus actuaciones deficientes.


Nuestra competencia de actuación como humanos en la vida viene marcada por el eje del Saber y por el eje del Querer. Vimos, anteriormente,  como fue evolucionando nuestro eje del Saber con respecto al virus de marras, de cuyo nombre no quiero ni acordarme.





¿Y en otro eje, el del Querer? 


¿Cómo fue evolucionando?









No lo voy hacer yo, me gustaría que el lector que este post, lo hiciese por sí mismo y nos diese a conocer sus conclusiones.
 El gustar se mueve desde la comodidad y se concretiza con una mera declaración del tipo “me gustaría…”. Al apetece sigue siendo una mera sensación,  pero que no lleva a la acción. El desear activa más nuestros deseos,  pero,  no los concreta y sigue sin hacer nada.  

Sólo el auténtico querer, desde la voluntad,  se pone en acción para lograr los  objetivos previamente establecidos.   


¿En qué punto del Eje del Querer se movió y evolucionó:




¿La población en general?



¿Y los políticos? 

¿En el gobierno de la nación?

¿En el gobierno de las autonomías? 

¿En  nuestro personal sanitario?  

¿En los críticos del doctor   Simón?


   

¿Qué molesta del  doctor Simón?  
¿Tal vez su estilo tranquilo, claro, sin ambigüedades, conciso?
 ¿Preferirían muchos políticos que fuese de una tipología estridente y sensacionalista para no desentonar de ellos mismos?
 ¿Que se presente ante el auditorio como una persona corriente y normal sin los estiramientos (“arrogante y orgulloso en su trato con los demás”) y pomposidades (“grandilocuencia, ostentación, magnificencia, suntuosidad, afectación, vanidad”)  que exhiben los políticos?






Una vez que las cosas pasan, todos nos desgañitamos en  juzgar lo que pasó echando mano de acontecimientos que sucedieron posteriormente,  y que no conocíamos en el situación original, la cual ya se nos olvida y nos quedamos con la nueva como si fuera la pasada.  









Escribí  este post  en mi blog el domingo pasado. Desde entonces le fui añadiendo ciertos matices. Esta última semana observé que algunas personas se sienten engañadas porque según dicen,  el doctor Simón dijo, con respecto a la norma de utilizar o no las mascarillas, primero  que  no tenían mucha utilidad y por lo tanto no era obligatorio su uso,  y que posteriormente “se le escapó” que no se puso como norma obligatoria su uso, porque no había mascarillas.
Añadí, hoy al post unos párrafos más sobre las normas. 

Si te interesa puedes leerlo aquí:

He formado a muchas personas en la prevención de riesgos laborales, en general y sobre todo, en riesgos psicosociales, en particular. Sobre las normas sosteníamos que  son indispensables para crear un marco que  favorezca  la autonomía y la iniciativa responsable.

Para que las normas sean eficaces requieren que cumplan una serie de condiciones:

Lo primero, tienen que ser útiles:
Especifican los valores comunes de la comunidad, entre los cuales está, en este caso,  la seguridad e integridad física; se relaciona con los objetivos que pretenden conseguir, en este caso que nadie se infecte del pernicioso virus; fomentan la cohesión del colectivo ( en este caso no logrado, sino todo lo contrario: generaron conflictos); incrementa la implicación de las personas aclarándole el marco general de actuación y las iniciativas que pueden tomar por sí mismos; Ante casos de desavenencias o conflictos, sirven de referencia.

Lo segundo, tienen que ser eficaces:
Para esto lo primero tienen que ser aplicables, es preferibles la ausencia de normas a normas inaplicables. (Sin duda esto lo tendría en cuanta el Dr. Simón. Si no había mascarillas para todos, sería absurdo obligar a todos a llevarlas.)
Lo segundo, tienen que ser útiles, es decir, suponer una ayuda que facilite el cumplimento del objetivo que se persigue.
Lo tercero, protectoras de tal forma que supongan una ayuda sin atemorizar a nadie.
Lo cuarto, contractual. Compromiso recíproco de todos.
Lo quinto y último, FLEXIBLES: REVISABLES DE FORMA INTELIGENTE EN FUNCIÓN DE LA EVOLUCIÓN Y DEL CONTEXTO.

Con respecto al CONTROL DE LA SITUACIÓN  me gustaría añadir lo siguiente:
















Lo peor no es la subjetividad sino la arbitrariedad. En muchos casos se puede medir por lo que el procedimiento sería “medir en donde sea posible”. 
Hay situaciones en las que la medición no es posible. El procedimiento aquí sería  “juzgar y valorar en donde no sea posible medir”. 
Para esto último es imprescindible tener la capacidad  de análisis y experiencia (dos características, a mi juicio, en riesgo de extinción)










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