domingo, 17 de julio de 2022

LA GUERRA CULTURAL

 


LA GUERRA CULTURAL




La guerra cultural (que Ayuso preconiza, aunque el término cultura asociado a Ayuso constituya un Oxímoron,  y que Feijoó ignora)  determina lo que “puede ser dicho” y, sobre todo,  lo que “no puede ser dicho”. Si algo no encaja, dentro de lo políticamente correcto, se le aplica la terapia de la cancelación.

Lo "gratificante" es que siempre nos quedará la “libertad de tomar unas cañas”. ¿A qué más puede aspirar un humano a lo largo de su trayectoria vital?

La “Espiral del silencio”(Noelle-Neumann, Elizabeth. La espiral del silencio. Nuestra piel social. Editorial Paidos. Buenos Aires, 1993)  como arma de control social, está en plena vigencia.

Como ejemplo paradigmático tenemos el caso de Madrid, como alguien como  Ayuso, forma una opinión pública con 4 frases  huecas de contenido y sentido, que le llevaron a obtener una mayoría absoluta. A partir de conformar unas opiniones individuales, más las interacciones entre individuos y grupos, y más concretamente entre individuos y ambiente se hace la reina del cotarro.   


Invito a leer:

 

El triunfo de la INSENSATEZ

https://neuroforma.blogspot.com/2020/11/el-triunfo-de-la-insensatez.html

Pongamos que hablamos de Madrid.DECIR antes de HABLAR

https://neuroforma.blogspot.com/2020/10/decir-antes-de-hablar-pongamos-que.html


MANUEL VICENT

17 JUL 2022 - 05:00 CEST

 https://elpais.com/opinion/2022-07-17/tertulia.html

La tertulia de media mañana en la terraza del café había adoptado un cariz aciago. La conversación iba de la guerra en Ucrania al problema de las centrales nucleares, del exorbitante precio de los carburantes al peligro del cambio climático, de la pandemia a la inflación, del desplome de la Bolsa a la depresión económica que parecía inevitable. En medio de este negro panorama un contertulio aprovechó un resquicio de silencio para contar que la tarde anterior, ante una maravillosa puesta de sol, en un bareto con sombra de cañizos y el mar a los pies había tomado una copa de vino blanco y cinco sardinas asadas. Añadió que las había saboreado muy despacio, con los ojos cerrados como si se tratara de la sagrada eucaristía. Consideraba que su sabor constituía una vía de conocimiento, de modo que cada sardina le había llevado con el pensamiento muy lejos, una a los fenicios, otra a los egipcios, a los griegos, a los romanos. Desde entonces, a través de los siglos, ese placer tan sencillo y barato no había cambiado, incluso los epicúreos lo equiparaban a una alta conquista del espíritu. La última sardina se la había reservado para recordar los veranos de su juventud cuando las compartía con amigos que ya han muerto. La tertulia entró en otra fase. Del recalentamiento del planeta derivó a los problemas concretos, que nos hacen felices o desgraciados. Alguien planteó si la anchoa en salazón que se extiende sobre la pequeña torta de pan con aceite, la misma que ya tomaban los faraones, había que meterla con la masa en el horno o añadirla después para que no perdiera su sabor. En ese momento empezaron las opiniones en favor y en contra con una pasión que ni de lejos despertaba la guerra en Ucrania. Pero la disputa fue a más cuando un contertulio preguntó por qué los tomates no sabían como los de antes. Por fin la tertulia había tomado altura.

https://elpais.com/opinion/2022-07-17/tertulia.html

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