domingo, 15 de marzo de 2020

VIRUS CULTURALES






VIRUS CULTURALES








Llevamos tiempo conviviendo con un virus muy potente. No pertenece a la familia de los corona virus pero puede llegar a ser, en casos extremos,  tan letal como este: es el virus del “optimismo de pandereta”. Pulula en el mundo virtual de las redes sociales y en la vida real se ha colado en los distintos ámbitos y esferas de nuestro mundo social.


Sus profetas divulgan, recurriendo a la pedagogía del loro de repetición,  todo un conjunto de mensajes pertenecientes a la familia del  “pensamiento positivo”,  transformando cualquier situación, por muy trágica que esta sea, en otra  propicia para “ser feliz”. Logran semejante proeza, recurriendo a toda la gama de sesgos cognitivos que los seres humanos traemos de fábrica, y con los cuales podemos fabricar  interpretaciones falaces, inexactas, irracionales e ilógicas,  que nada tengan que ver con los datos objetivos que nos muestra la realidad. ​ 

Resumiendo, los profetas del optimismo de pandereta logran esta transformación utilizando  una extrema subjetividad,  y  recurriendo  a  la distorsión manifiesta  e interesada de la realidad.

Es este el paradigma dominante de la sociedad de nuestro tiempo y si alguien  no se enrola en el mismo,  se arriesga a ser condenado al ostracismo social, laboral, e incluso al educativo en el cual, es fundamental,  que haya una conexión entre las ciencias que se preconizan y los hechos objetivos que se dan en la vida de las personas.  Si tus propuestas no sintonizan de forma absoluta con sus postulados  estas fuera de juego.




Ha habido una generalización  desde el mundo de la política al mundo social, en general,que explica muy bien aquella famosa frase de “el que se mueva no sale en la foto”. Se busca la conformidad entendida según la experimentó Solomon Asch el cual nos permitió conocer cómo influyen los otros en nuestra opinión, hasta el punto de  que aun  cuando tenemos la respuesta correcta en muchas circunstancias, preferimos optar por seguir la opinión de otros para sentirnos aceptados en un grupo




El grupo de los del “optimismo de pandereta” excluye y elimina a todo aquel que discrepe de sus postulados generando consecuencias de toda índole para el afectado.  No sólo cuenta con “encantadores de serpientes”, sino,  y además, con  personas que siguen el juego a otras  que tienen  poder para tomar decisiones  que pueden facilitar  o dificultar mucho la vida de otras personas. Por resumir la cuestión: 


La estructura de este virus se forma a partir de unos emisores de los mensajes.  Estos mensajes,  se componen a partir de la utilización de falacias y otros sesgos que benefician al emisor. Los receptores de los mensajes deben, necesariamente “comulgar” con ellos sin el más mínimo cuestionamiento, sabiendo,  que si lo hacen,  se deja de contar con ellos, por lo que deben, antes de hacerlo preguntarse de cuantas opciones disponen como alternativa a la que tienen  en estos momentos.




El paradigma social del optimismo de pandereta crea una realidad ficticia, no existente, con el objetivo de manipular y someter a la mayoría de las personas a unas condiciones deplorables,  en beneficio de una minoría privilegiada, llevando a la práctica, de forma extremista, el llamado Efecto Mateo


"Al que más tiene, más se le dará, y al que menos tiene se le quitará para dárselo al que más tiene".   

Es la versión moderna de la “banalización del mal”. Ya no tenemos con nosotros a Hannah Arendt que nos sugería que dada nuestra condición humana, deberíamos estar atentos.  

En la ciencia, cuando el paradigma dominante empiezan a salirle muchas lagunas y se encuentra con dificultades para explicar racionalmente determinadas parcelas de la realidad, es reemplazado por un nuevo paradigma emergente que da explicaciones más ajustadas de la misma.


 Es urgente reemplazar el “Optimismo de Pandereta”  por el “Paradigma del Optimismo Funcional”


Para que ello ocurra, lo primero es  empezar  por dotarnos todos y cada uno de nosotros, del valor de Autonomía Intelectual, el cual nos permite mostrarnos como una entidad autónoma para perseguir nuestras propias metas e intereses intelectuales siendo curiosos y de mente abierta. Esto nos permitirá no ser un mero títere que se limita a seguir puntos de vista ajenos, sino, lo que es más importante, esforzarse en distinguir entre lo verdadero y lo falso.

Sería bueno, a mi juicio, que cada vez que nos lavemos las manos (no metafóricamente,  no comprometiéndonos con las situaciones), sino con agua y jabón para protegernos  del coronavirus, aplicáramos la profilaxis ante el virus del optimismo de pandereta haciéndonos las siguientes preguntas:









¿Cómo percibo yo  el mundo?

¿Cómo utilizo mi atención en el mundo y llego a ser consciente del mismo?


¿Cómo llego a saber?






Entrevista de Jordí Évole al  papa Francisco.

- ¿Es usded óptimista?, le pregunta Évole
 - Respuesta del papa Francisco: 

 "Es una palabra que no me gusta, por que al menos a mí me suena a maquillaje. Yo tengo esperanza en la humanidad." 



Es necesario traspasar el Poder (Estatus social sobre las personas y los recursos) que actualmente tiene el optimismo de pandereta,   al optimismo funcional en forma de Logro (Éxito personal mediante demostración de competencia según criterios sociales)








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