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domingo, 11 de abril de 2021

CIENCIA, DINERO y PANDEMIA GLOBAL

 



CIENCIA, DINERO y  PANDEMIA GLOBAL

Escribí en este mismo blog, el 27-07-2018, un  artículo que titulé:

EL EL PODER DEL DINERO: https://neuroforma.blogspot.com/2018/07/el-poder-del-dinero-habra-un-periodo.html, el cual empieza así: 

“Habrá un periodo en el que solo los más ricos podrán pagar los nuevos fármacos contra el cáncer” Antoni Ribas

La ciencia, de la que decimos que no genera verdades absolutas, sino “verdades provisionales”,  no cree en los dogmas,  pero,  si cree en el dinero. Esta última creencia, cuya consecuencia directa es la mercantilización de la misma, genera unos efectos perversos y dañinos de gran alcance.

Y termina de esta forma: 

 “EL saber para quién pueda pagarlo”
“Los avances que proporcione la ciencia para quienes puedan comprarlos”

Te invito a leerlo en este mismo blog.

Lo que nos está pasando actualmente,  avala y confirma la hipótesis que entones sostuve acerca de la ciencia mercantilizada. Creo que hoy es oportuno recordarlo pues puede ayudarnos, a mi juicio, a clarificar un poco este clima de confusión en el que estamos inmersos.   

Estamos viviendo una pandemia que pone de relieve que el paradigma dominante actual para explicar el mundo,  ya no es el paradigma racionalista,  sino el paradigma sistémico. Nos propone este paradigma, que emergió como dominante en la sociología en la década de los 70 del anterior siglo, cambiar nuestro enfoque y adquirir un nuevo modo de pensar que debería transformar la  visión que tenemos  de la realidad

El filósofo de la ciencia Thomas Samuel Kuhn,   definió al paradigma como "una escuela o método psicológico con conceptos, problemas y controles comunes y con postulados no discutidos": Dorsch Friedrich,: "Diccionario de Psicología": Editorial Herder, Barcelona, 1985.  Dado los múltiple y variados usos que se hace del concepto de paradigma, invito a leer los dos siguientes artículos publicados en este mismo blog: 

 LA UTILIDAD  DE LOS  PARADIGMAS CIENTÍFICOS:  https://neuroforma.blogspot.com/2018/07/la-utilidadde-los-cientificos-en.html

 LA GRANDEZA DE LA CIENCIA Y SUS PARADIGMAS:  https://neuroforma.blogspot.com/2018/08/la-grandeza-de-la-ciencia-y-sus.html

El paradigma sistémico nos hace ser conscientes de que  vivimos en un mundo interconectado, a nivel global,  en el cual los fenómenos que se dan en el mismo son interdependientes. Para resumirlo de forma práctica y concreta,  utilicé en muchas ocasiones  la siguiente definición del mismo: 

          Yo dependo de ti y tú dependes de mí.

 Los humanos pasamos a lo largo de nuestra vida por una fase de dependenciaYo dependo de ti. Las etapas de desarrollo humano pre-natal, infancia y  niñez,  estarían ubicadas dentro de esta fase. Pasamos, también,  por una fase de independencia. Yo dependo de mí. Se da en la  etapa de la adolescencia, en la que buscamos  la autonomía y nuestra identidad personal y comenzamos a hacernos egocéntricos.. A medida que nos hacemos adultos y maduramos, nos hacemos más  conscientes y llegamos a la fase de la interdependencia: yo dependo de ti y tú dependes de mí. 

 Todo un cúmulo de  efectos reales de este principio los estamos viendo en esta pandemia desde múltiple puntos de vista. Quiero enfocarme en primer lugar en el de la “eficacia de las vacunas”. El clima de confusión mencionado anteriormente se hace patente, sobre todo, en este apartado.

 Nos dicen que la vacuna tal tiene un 92% de eficacia; que la vacuna cual tiene un 80%, etc. Que si esta tiene estos efectos adversos,  que si esta otra tiene estos otros... En este tema de la eficacia,  nos inclinamos por la que más tiene, entendiendo que la de 92% nos protege más a cada uno de nosotros individualmente, que la que tiene un 80%. No entendemos que esa eficacia se refiere al colectivo, es decir, la que tiene una eficacia del 92%, si la población total a vacunar fuese de 100 personas, sería efectiva con 92 personas y no lo sería con  8 personas. La que tiene un 80%  actuaría sobre 80 personas y no lo haría sobre 20, con lo cual tardaríamos más en llegar a la inmunidad de rebaño, siempre y cuando esta fuese posible con este coronavirus. La ciencia aún ignora si es posible o no alcanzarla con el COVID-19. No saben si las personas que ya lo pasaron quedan protegidas para no volver a contraerla, ni cuanto tiempo dura la inmunidad.  

Nos dejamos llevar por el porcentaje que nos dicen los fabricantes,  ocultando que en las muestras en las que las que se ensayaron las vacunas con humanos,  fueron seleccionadas por ellos mismos y  no eran ni un número de personas estadísticamente significativo para sacar conclusiones definitivas,  ni representativas de la población general en cuanto a diversas características de esta. En consecuencia,  cuando ya se empieza a poner en la población real,   baja la eficacia de las mismas, pero que aún así, una vez aprobada por los organismos correspondientes, el balance riego - beneficio es altamente positivo. Parece como si buscáramos el riesgo cero, cuando sabemos, o deberíamos saber,  que el riesgo cero no existe. Nos empeñamos en mantener ideas caducas, o nunca probadas empíricamente. Defendemos gran número de  creencias cuya falsedad ha quedado demostrada con evidencias incontrovertibles. 

Otro tema que no manejamos con racionalidad es el de "efectos secundarios" de las vacunas. Los científicos repiten una y otra vez que son muy poco probables, sobre todo los más graves (grosso modo, 1 por cada 100.000 vacunados)  y que además no  son consecuencia directa de la vacuna. Los receptores de este mensaje, nosotros, no acabamos de entender que para comprender la realidad y hacer previsiones para el futuro,  disponemos de algo muy potente: la relación de causa-efecto. Es tan potente que lo generalizamos excesivamente según nos decía David Hume: 

"Cada razonamiento que hay en torno a las realidades de hecho parece fundamentarse en la relación de causa y efecto. [...] Todos nuestros razonamientos presuponen siempre que existe una conexión entre el hecho presente y el que se deduce como consecuencia de él".

 He encontrado a lo largo de mi vida,  personas que en sus programas de estudios se incluían ya no tan solo estudios de estadística descriptiva,  sino también, estadística inferencial,  y hasta generalizaban la relación de causa-efecto al índice de correlación. 

Por último, no voy a extenderme en la comunicación de los políticos sobre la fecha de vacunación de los distintos colectivos. 









Simplemente recordarles que toda información salida de su VOCA (entiéndase boca) si quieren recuperar algo de su credibilidad perdida, tienen que cumplir, necesariamente,  las condiciones siguientes: que la información sea verdadera, descriptiva, relevante y a tiempo. 


Estos tres efectos que abordo en este artículo, el de la eficacia de las vacunas, el de los efectos secundarios y el de las fechas, son un buen ejemplo del "segundo diluvio" del que hablo muchas veces: nos están "ahogando" con un exceso de información que no sabemos procesar, logrando el efecto contrario al que debe buscar : la claridad mental. 

 Si aplicamos el paradigma sistémico  a este momento que estamos viviendo con la presencia del virus, que sin duda a la mayoría de nosotros nos hizo aumentar nuestra consciencia y conciencia de  la interdependencia en la que estamos todos, nos pone de relieve que el egoísmo de los países ricos que no son sensibles a la necesidad de vacunar a toda la población del planeta, es un ejemplo paradigmático de lo que el gran sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos llama "la inercia de las ideas muertas": ideas que no funcionan y todo el mundo lo sabe, pero que no llegan a desterrarse y perduran en el tiempo. Merece la pena leer su libro recientemente editado, titulado "EL FUTURO COMIENZA AHORA: DE LA PANDEMIA A LA UTOPIA", Editorial Akal, 2021,  en la que desarrolla "la tesis  de que siglo XXI puede ser el comienzo de una nueva era basada en la idea de que la naturaleza no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la naturaleza."

No me voy a extender, siendo fiel a la cabecera con la que inicio cada artículo de este blog,  en exponer argumentos que avalen lo sostenido más arriba. A las personas interesadas les invito a leer los siguientes dos artículos:   


Los países ricos que rechazan la supresión de patentes de las vacunas compran más de la mitad de las dosis disponibles:https://www.publico.es/sociedad/paises-ricos-rechazan-supresion-patentes-vacunas-compran-mitad-dosis-disponibles.html


Charles West, que sabía mucho de sistemas y de ética,   nos resumió todo esto de forma magistral: 

"El enfoque sistémico comienza cuando se ve el mundo con los ojos de los demás”

A mi juicio, ello implica, necesariamente, dejar de lado el pensamiento egocéntrico, lo cual empieza por explorar un poco la siguiente pregunta:  

¿Cómo pensamos  lo que pensamos?

La base de nuestros  pensamientos está en lo que creemos. Nuestras  creencias son las responsables de nuestros pensamientos. Investiga tus creencias y llegarás a la raíz de tus pensamientos. Son ellas las que dan una estructura a nuestra mente, creando un “estilo de pensar”, unos hábitos o programas mentales orientados  en un sentido u otro.

 También son los cimientos de los valores. A partir de lo que creemos, creamos nuestros valores. Los valores son las priorizaciones que tú haces acerca del valor que tienen para ti las cosas. Influyen en tus pensamientos, sentimientos y acciones. Este esquema de cómo pensamos,  podemos generalizarlo a todos.

 En el caso de estar dando u observando un pensamiento egocéntrico, que parte  de la premisa de que lo que creen es cierto,  sin haber cuestionado jamás las bases de sus creencias, podemos sintetizar sus argumentos  así: “Yo lo creo,  luego es cierto”.

 Además de lo anterior, que podríamos llamarle egocentrismo personal,  hay que añadirle el  grupo al que pertenece. Desde esta perspectiva,  parten de la premisa de que las creencias más relevantes del grupo son ciertas; tampoco se las han cuestionado nunca. La síntesis de sus argumentos sería así: “Nosotros lo creemos,  luego es cierto”. Si el anterior era un egocentrismo personal, esto es un sociocentrismo  radical.

 

  Conviene preguntarse  lo siguiente:

 

¿Reconocemos  nuestras  tendencias egocéntricas?
¿Tratamos  de analizar nuestras posibles creencias irracionales?

 

Somos inconsistentes,  también, en nuestro pensar. Si nos referimos a uno de sus componentes, los conocimientos, nos desenvolvemos fundamentalmente a través de un saber ingenuo, el cual es espontaneo, no nos cuesta esfuerzo. El saber  crítico,  que exige una determinada actitud, requiere  autodisciplina y esfuerzo.  El saber crítico sólo puede admitir algo cuando está fundamentado, esto es, exige que se aduzcan los fundamentos o razones de cada afirmación (principio de razón). Esto ya exige esfuerzo.

 La Fundación para el pensamiento crítico dice que “cuando pensamos, tenemos un propósito con un punto de vista, basado en suposiciones que llevan a implicaciones y consecuencias. Usamos conceptos, ideas y teorías para interpretar datos, hechos y experiencias, para contestar preguntas, resolver problemas y asuntos”

 

¿Reconocemos  el poder y el daño potencial del pensamiento egocéntrico en nosotros  mismos y en los demás?

 ¿Ponemos  todas nuestras alertas en marcha para ser conscientes de cuando estamos funcionando a nivel egocéntrico y tratamos de controlarlo o minimizarlo?

 

 Papa Francisco, en su tercera encíclica, titulada Fratelli Tutti (Hermanos todos),abunda en su idea de “o nos salvamos todos o no se salva nadie”, por lo que propone una “solidaridad auténtica” para rescatar a la humanidad...

http://www.siempre.mx/2020/10/o-nos-salvamos-todos-o-no-se-salva-nadie-papa-francisco/


“O nos salvamos todos o no se salva nadie”

Papa Francisco