domingo, 10 de noviembre de 2019

CONciencia










CONCIENCIA






“La autoconciencia es  sencillamente la utilización de las neuronas espejo para “mirarme a mí mismo como si otra persona me estuviera mirando”
V.S. Ramachandran en “La neurología de la autoconciencia”



La credibilidad  del oráculo de Delfos, quedó totalmente garantizada,  cuando contestó a la pregunta que le hizo un amigo de Sócrates sobre si  había, en todo Grecia, alguien más sabio que Sócrates. La respuesta fue:

“Sócrates es el hombre más sabio de toda Grecia”.


Si hoy le preguntáramos al oráculo  sobre las cuestiones que nos expone Manuel Vicent, nos podría dar una respuesta que confirmara, una vez más, su gran sabiduría. Otra cosa, distinta, es si las entenderíamos. 

Leer la Columna de Manuel Vicent en el Pais:

Pronóstico

Puesto que fuimos tan idiotas y no hicimos nada para evitarlo, el desastre propio o la victoria del rival, que se veía venir, por fin ha llegado. Manuel Vicent

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No podemos recurrir  hoy al oráculo, y las respuestas que se nos puedan ocurrir  a los humanos,   podrán,  algunas,  estar plagadas de datos, otras de información, incluso otras de conocimientos, pero carentes todas ellas, o la mayoría,  totalmente de sabiduría. Estoy convencido que jamás tuvimos tantos conocimientos los humanos, pero, a su vez  tan poca sabiduría.

 Por otra parte, a mi juicio, muy pocas de estas respuestas, si fueran sinceras, sería la que nos propone Vivent: 

“se venía venir”.





Esta respuesta implicaría que somos conscientes de nuestra situación, cuando lo que más abunda, la tónica general,    es la inconsciencia. Vivimos automatizados y  reaccionamos a las situaciones  inconscientemente  dando respuestas previamente programadas en el mismo. 

El ciclo básico y más efectivo de  funcionamiento,   específicamente humano,    es el siguiente:


           Estímulo – Reflexión - Actuación.



Se convierte este ciclo, en nuestro día a día,  en otro totalmente diferente y muy deficiente:


             Estímulo-Actuación. 


Cómo norma general nos saltados la reflexión. En algunos casos aparece, después. No para guiar nuestra actuación,  que ya tuvo lugar, sino para lamentarnos y victimizarnos por nuestra actuación anterior torpe e ineficaz y, por lo tanto, por las consecuencias negativas que se siguen de la misma. 

La causa irreflexión produce como efecto una mala actuación. 


Podemos entender la conciencia desde varias ópticas.  La podemos entender como la capacidad que implica adquirir un conocimiento de lo que vemos, oímos, etc.  a través de saber mirar,  reflexionar  e  interpretar. Podemos también entenderla como el espacio que cada persona es capaz de crear entre lo que sucede (estímulo) y la respuesta que decide dar a ello.

¿Cómo llegamos a adquirir y desarrollar  la conciencia?

El  neurocientífico,  Antonio Damasio, lanza una serie de hipótesis en su libro titulado “Y el cerebro creó al hombre”. Para que cada uno de nosotros llegara a tener conciencia de sí mismo fue necesario, según Damasio, evolucionar a través de las siguientes etapas:


1.       Desarrollo del  proto sí mismo, compuesto por  imágenes  que reflejan aspectos básicos del cuerpo y produce sentimientos primordiales.
2.       Desarrollo del sí mismo central, que se construye a partir de la relación entre el organismo y un  objeto a conocer.
3.       Desarrollo sí mismo autobiográfico, que permite «que múltiples objetos, previamente registrados como experiencia vivida o como futuro anticipado, interactúen con aquel proto sí mismo produciendo en abundancia pulsos del sí mismo central ». 
A. Damasio: «Y el cerebro creo al hombre ». Ediciones Destino, 2010, p.279)

Nuestra experiencia acumulada es escasa. No hay experiencia sin reflexión: solo tenemos experiencia sobre las cosas que hemos reflexionado y sacado una conclusión propia. Lo paradógico es   que esta reflexión nos dio una gran ventaja evolutiva y que no tienen los animales no racionales, la estamos perdiendo por falta de uso. 
No pensamos en el futuro anticipado, el cortoplacismo  ocupa toda nuestra atención y guía todas nuestras actuaciones. Nuestro horizonte no alcanza más allá de   nuestras propias narices. 
Nos quedamos con la anécdota y se nos escapan los contenidos. Ver con perspectiva,  con "visión de helicóptero", es una práctica minoritaria  incluso entre personas con poder que toman decisiones importantes que afectan a muchas perdonas.

No somos conscientes que el paradigma mecanicista  es insuficiente para entender el mundo actual , por eso emergió,  como paradigma dominante, el paradigma sistémico. Los problemas hay que verlos como globales, todo está interrelacionado. Ya empezamos a entenderlo gracias a Donald Trump:   un twitter de este personaje, emitido hoy, genera la consecuencia de bajar el Plan de Pensiones Privado de  Pepito López que vive en Cangas y que trabaja de soldador en los astilleros de Vigo. Pepito ya empieza a entender la relación que hay entre lo que diga Trump y la cantidad de euros que aparecen, a la mañana siguiente,  su su plan de pensiones que tiene en el BBVA de Cangas.

Nos dice Damasio:

“Evolucionamos a través de la conciencia, un estado propio de cada persona y compuesto de información, conocimientos y experiencia”.

Vivimos en la pura inconsciencia, como autómatas programados que al haber dejado de lado la reflexión, perdimos la brújula que nos permitía dar nuestras propias respuestas practicando la proactividad.

Sustituimos la brújula por el reloj  y nos pasemos el día simplemente reaccionando.





¿Alguien se ocupa de investigar la involución?

Tomar conciencia de lo mucho que ignoramos es el primer paso para avanzar y frenar la involución.  La paradoja es que,  para que se dé lo primero (ser conscientes de lo que ignoramos), es un paso obligado llegar a saber mucho. 


Bernardo de Chartres  nos decía que somos como enanos a los hombros de gigantes y que podemos ver más, y más lejos que ellos, no por la agudeza de nuestra vista ni por la altura de nuestro cuerpo, sino porque somos levantados por su gran altura. Se refería a los lectores de los clásicos.

¿Quién lee hoy a los clásicos?


¿A quién le interesa llegar, en el eje del saber,  al punto más alto marcado por la sabiduría?


¿Cuántas personas acumulan hoy el conocimiento y la sabiduría necesaria para poder decir de sí mismo 

“sólo sé que no sé nada?





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