sábado, 27 de julio de 2019





TRILERÍAS POLÍTICAS








Las trilerías políticas a las que nos someten a los ciudadanos los políticos en general, (los de derechas, los de izquierdas, los de centro, los de arriba, los de abajo y los de en medio) nos obligan a protegernos en espacios preservados en los cuales minimizar el daño que nos producen.

Aunque hablamos de políticos en general, de momento no comulgamos con la idea de que “todos los políticos son iguales”, aunque es verdad, a mi juicio, que cada día se parecen más los unos a los otros.

Una característica, común a todos ellos, es la expresiva "vende motos" Ejemplos recientes de “vende motos”,   podría ser la derecha española y la izquierda griega representada por Alexis Tsipras. No descarto que, dentro de un tiempo, pudiéramos poner como ejemplos paradigmáticos de lo mismo, de “vende motos”, a la izquierda española y a la derecha griega que acaban de ganar las elecciones. 

Estos espacios podemos crearlos a base de un gin-tonic tras otro, o pasando olímpicamente de estos trileros refugiándonos en la ignorancia o en la política de oídos sordos a todo aquello que venga del mundo político. 

"De hecho, nadie en la terraza seguía el debate con un mínimo interés y mucho menos ninguno parecía dispuesto a cambiar uno de aquellos discursos por una gamba" Manuel Vicent en su columna de hoy en El Pais.

¡La autenticidad al poder!

Llegará un momento que aquella población que no acabe alelada (“que no se entera de lo que ocurre o de lo que se dice por distracción, falta de viveza o falta de inteligencia”) y que será la que ejerce el derecho al voto (acabará siendo un auténtico eufemismo), el partido que “barrerá” en las elecciones, será aquel que mayor número de políticos tenga que se guíen por la autenticidad. El eslogan de más arrase, que triunfe con contundencia,  y que los ciudadanos verificarán que se cumpla en la práctica, podría ser el siguiente: 

Dejamos de vender motos: ¡somos auténticos!



¿De verdad nos merecemos estos políticos?


Lo contemplado en la última semana  dio como resultado unos ciudadanos aturdidos,  contemplando  el no hacer de nuestros políticos, los cuales  se limitan a cobrar su generoso sueldo y prebendas, sin previamente conseguir ningún resultado válido.  Suponemos que  no buscaban el resultado de  aturdirnos, ¿o sí?

La mayoría de ciudadanos esperaban como resultado de la negociación la formación de un gobierno. El espectáculo contemplado fue esperpéntico.
La cosa empezó pareciendo  que Pablo Iglesias y Pedro Sánchez han razonado sobre sus deseos contradictorios y han valorado los pros y los contras, los placeres y los dolores que les proporcionaban a cada uno de ellos: 
Parece que los deseos de Pedro Sánchez de formar un gobierno al que no pertenezca Pablo Iglesias, está a punto de cumplirse. Claro que, para ello, Pablo Iglesias tuvo que renunciar a su deseo de formar parte de ese mismo gobierno.
La pregunta que alguien tendría que hacerle a Pedro Sánchez sería la siguiente:

¿Le compensará el placer de seguir en la Moncloa de todos los dolores que le esperan?


"Una vez más ese castillo que los socialistas habían levantado en la arena fue derribado por la obscena ambición de Podemos con la quijada de asno. Una vez más el odio como desplante, como desafío, como venganza".Manuel Vicent



El ansia de seguir en la Moncloa le llevó a adoptar un estilo de negociación, llamémosle Bulldog: agresivo y dominante, confundiendo la negociación con el combate, entendiendo que lo más importantes es ganar y obtenerlo todo del otro aunque este se sienta como perdedor (falta de equidad), no cambiando la posición inicial y si lo hace solicitando a cambio algo de forma inmediata, utilizando elementos tales como la extorsión, las amenazas, los ultimátum, etc...
Ante este estilo solo cabe no dejarse impresionar, no caer en sus trampas agresivas y, sobre todo, no perder de vista lo principal que es el objetivo de la negociación.
Me dio la impresión que Pablo Iglesias olvidó el objetivo explícito de la negociación, y tal vez frustrado por no poder acceder él mismo al gobierno, se tomó la revancha.
Lo que sí parecía claro es que los tres pilares de la negociación (empatía, equidad y confianza) brillaban por su ausencia.


Pura representación


Hasta hace muy poco, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias abordaban el tema de la investidura como adversarios, cada uno con el objetivo de vencer al otro y exigiendo concesiones como condición necesaria para seguir manteniendo la negociación. 
Entre ellos era predominante y explícitamente declarada la desconfianza mostrándose, ambos, unas veces agresivos, otras inflexibles y manteniendo su posición por encima de todo y recurriendo, incluso a la amenaza.
En síntesis, buscaban satisfacer su “ego” saliendo vencedores, no ambos, sino uno sobre el otro, es decir alguien tenía que perder. 
Con estos ingredientes ya todos nos podemos imaginar el resultado final.
En un momento dado, de repente, parece que ha habido un cambio de actitud en ambos y ya no se muestran adversarios y declaran tener el objetivo de llegar a un acuerdo.

¿Puede darse un cambio real de actitud de forma tan rápida?

Aparentemente cuidan la relación, se hacen concesiones para mantenerla tratando de ser conciliadores y cambiando su posición con cierta facilidad.
Insisten en el acuerdo y aparcaron la lucha de egos.
Todo es pura apariencia, teatrillo…
Los tres ingredientes claves en una negociación que merezca tal nombre son empatía, equidad y confianza. Ninguno de los tres se da en estas circunstancias.
Decimos en los cursos sobre técnicas de negociación que se puede saber si esta fue buena si se da lo siguiente:
Se ha llegado a generar un valor añadido, es decir, las dos partes obtienen más de lo que esperaban inicialmente.
La negociación ha transcurrido en un ambiente de cooperación sin grandes tensiones.
Después de la negociación las dos partes no sólo no han deteriorado la relación, sino que la han mejorado, enriquecido.
Ha sido una buena experiencia y las dos partes salen con una predisposición a volver a negociar de nuevo en un futuro.
Se ha terminado con compromisos (“declaraciones escritas acerca de lo que harán o no las partes”), bien planificados, lógicos y operativos.
Todos tienen la percepción de que ninguna parte se ha aprovechado de la otra.
 Los negociadores del Psoe y de Podemos nos ofrecieron  una perfecta antítesis de una buena negociación.



Desafío
¿Por qué nuestros políticos de izquierdas no logran superar la mutua inquina y desprecio?

“Bajo el sonido reverberante de la luz del mediodía, esta agitada armonía la vulneraba el odio repulsivo que desprendían los líderes de los partidos con sus palabras”“Los españoles no nos odiamos tanto ni somos tan irresponsables en las empresas, en el trabajo, en la familia como nuestros políticos”. 
Manuel Vicent, El País,  28-07-2019

 No piensan, no confían, no actúan: pero sí cobran


Un gobierno despótico, según Aristóteles, tiene tres principales fines: lograr que los ciudadanos no piensen, conseguir que unos desconfíen de los otros, e impedir que puedan actuar. Hay que suponer que Aristóteles le otorgaba a los tiranos estas tres facultades: pensar, confiar y actuar.

¿Qué opinaría de nuestros políticos actuales al darse cuenta que son ellos los que no piensan mucho, desconfían entre sí hasta un grado que raya la patología y, por último,  los podemos definir a través de un oxímoron diciendo que se mueven en la inacción? 
¿Qué nombre aplicaría Aristóteles a tal estado de cosas?

Hoy, ya no es posible ejercer de tirano en estado puro (”que abusa del poder político y gobierna de manera totalitaria, sin limitaciones legales y, normalmente, actuando de forma corrupta y cruel”). Sí es cierto,  que se siguen utilizando, en abundancia,  determinados ingredientes del mismo: por ejemplo, el actuar de forma corrupta. También existe la crueldad, entendida como la incapacidad de muchos políticos de sentir compasión  ante el sufrimiento ajeno que originan muchas de las leyes que ellos aprueban, y que generan, como consecuencia,  que muchos ciudadanos tengan que pagar muy caro el placer de respirar. Un político,  que no encuentra sentido a la política, aún cuando ésta le permitiría, al final,  darse cuenta que no ha venido en vano y que gracias a él una persona, un colectivo, una nación,  pudo respirar con más tranquilidad, no merece llamarse político: es un simple mercenario.


Hay que dar la razón a lo que nos dice Schopenhauer en el El mundo’ libro cuarto,  que dedica a la ética:

“en general, el comportamiento de los hombres unos con otros manifiesta injusticia, una inequidad extrema, dureza y hasta crueldad: lo contrario es la excepción”

Schopenhauer  nos invita a la reflexión personal para librarnos  de la envidia, la ambición, la malicia, el egoísmo y el recelo. Dicha reflexión nos haría “darnos cuenta” de que disponemos de una poderosa fuerza, cual es,  la capacidad de compadecerse del sufrimiento ajeno. 

Consideraba  a la compasión, no tan solo como una facultad ética, sino además cognoscitiva y a través de la cual creamos con los demás un fuerte vínculo que elimina todo egoísmo.

Que no tengamos que leer nunca algo como lo que sigue:



El PSOE oculta la tasa Google en su programa de gobierno tras postular a Calviño al FMI


“Dichas advertencias también habrían llegado a los oídos del Gobierno español, incluyendo una amenaza directa de Donald Trump de vetar el nombramiento del Calviño como directora gerente del FMI si el Gobierno no cesa su insistencia en el tributo digital”.


¡Desolador! para la mayoría de la población.

¡Son las prioridades, amigo!
El PSOE prioriza la promoción de su ministra por encima de los impuestos y todo lo que depende de ellos: pensiones, mejoras sociales, etc.

Júbilo para los que se aseguran una poltrona






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