Imagen 1: Elaboración propia
Las emociones en el rendimiento diario
Para sacar el día a día adelante necesitamos energía. Es necesario estar en plena forma física, emocionalmente conectados con lo que hacemos, mentalmente concentrados y, por último, verle un sentido a todo ello. Este es el cóctel de la excelencia, la fórmula del éxito, entendiendo que hay tantas clases de éxito como personas, pero, que sea cual sea la forma de entenderlo, (no olvidemos que hay tantas clases de éxito como personas) siempre es imprescindible para obtenerlo la energía.
La energía emocional se puede practicar y mejorar. Es ella la que nos permite poner en juego toda una gama de emociones positivas al servicio de nuestros objetivos y de nuestro bienestar. Unas emociones que proceden, fundamentalmente, de ingredientes internos y que dan productos finales, observables externamente, tales como auto confianza, auto control, optimismo funcional, y muy especialmente, la esperanza: "Estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos" RAE.
Las personas actuamos sin escatimar recursos cuando encontramos motivos (motivación) para hacerlo. Las emociones son un tipo de motivo especial que energizan y dirigen la conducta.
Algo que necesitas para poder aprovechar plenamente tu vida y tener el éxito que deseas - sea cual sea tu idea del mismo- es, sin duda alguna, la Energía. Es especialmente difícil avanzar y mejorar cada día cuando te falta la energía necesaria para ello.
Todo
depende, entonces, de una hábil gestión
de la energía.
Dos preguntas nos
ayudarán a concretizar el tema:
Imagen 3: Elaboración propia
1. ¿De que energía
hablamos exactamente?
2. ¿Cómo saber si
tengo suficiente energía, si mi depósito está lleno o funciono con la reserva?
Para dar respuesta a la primera pregunta, vamos a recurrir al resumen que “Manager Focus” hace del libro “The Power of Full Engagement” escrito por Jim Loehr y Tony Schwartz. En el mismo se mencionan cuatro tipos de energía que necesitamos: Energía física, Energía emocional, Energía mental, y Energía espiritual.
¿Esforzarse o motivarse?
Por lo que hace referencia a la segunda pregunta todos conocemos a personas que claramente les cuesta mucho y se manifiestan incapaces de hacer frente a las dificultades de la vida y, también, conocemos a personas que las afrontan positivamente extrayendo de ellas fuerza, objetivos y metas para el futuro.
Imagen 4 Elaboración propia
¿En donde está la clave?
Tenemos dos formas básicas de hacer las cosas: o por obligación o por motivación y ambas marcan una gran diferencia. Cuando no encontramos sentido a lo que hacemos, lo hacemos por obligación y ello supone un gran derroche de energía, nos cuesta mucho emplear energía en algo así. Hacemos las cosas por motivación cuando le vemos un sentido a lo que hacemos y esto no solamente nos ahorra energía sino que incluso nos la crea. La cuestión pasa, entonces, por aprender a motivarse (sentido) más que a esforzarse (obligación).
Voy a recurrir a una parábola contada infinidad de veces en los antiguos cursos de management. Es probable que ya la conozcas pero nos viene muy bien para explicar esto de motivarse o esforzarse. Es la “parábola de los tres albañiles”. Un turista que visita una ciudad, observa a tres albañiles que trabajan con gran ahínco en una obra. El turista pregunta a uno de ellos: “¿Qué está haciendo?”, y este le mira con cierta incredulidad y responde: “Me estoy ganando el sustento”. Luego se acerca al segundo albañil y le hace la misma pregunta. Este de forma rápida y con cierto énfasis le responde: “Soy el mejor albañil de toda la ciudad”. De nuevo el turista hace la misma pregunta al tercer albañil y este, después de pensar un poco, le responde: “Estoy ayudando a construir una gran catedral”. Antes de continuar párate un momento y con sinceridad:
¿cómo responderías tú, como el primero, el segundo o como el tercero?
El primero se mueve por motivación extrínseca, el segundo por motivación intrínseca, el tercero por motivación trascendente.
Víktor Franklin puso de relieve la gran importancia de lo que él llamó “la búsqueda de sentido”.
Cómo incrementar nuestra energía
Según explicamos más arriba, como personas tenemos
cuatro áreas: La física, la emocional, la intelectual y la espiritual.
El área física
representada por la salud nos da la energía física. Tenemos muchas formas de
aumentar la energía física: respiración, moviéndonos, hidratándonos, ejercicio
físico, alimentación, descanso y sueño, técnicas de respiración, ejercicio aeróbico (andar muy rápido), musculacion (horno crematorio de las grasas) que proporciona flexibilidad, son algunas de ellas.
El área intelectual
representada por la formación y fuente de la energía mental podemos cuidarla e
incrementarla a través de la lectura, escritura, ajedrez, juegos intelectuales,
escuchar música, cine, etc. Nos proporcionan muchas 'reservas cognitivas' que nos protegerán, cuando lleguemos a una edad avanzada, que según las estadísticas aparecen distintos tipos de demencias que tanto proliferan a determinadas edades.
El área espiritual
representada por los valores frente a la vida la podemos desarrollar mediante
lo siguiente: fomentar y desarrollar valores ( teniendo en cuenta que valores declarados deben correlacionar con valores practicados); tener referentes de quienes
somos, desarrollando la capacidad de autoconocimiento; entender el espíritu
humano; desarrollar capacidades holísticas, etc.
El área emocional, representada por el equilibrio emocional y fuente de la
energía emocional. Hay muchas formas de desarrollarla: dedicando tiempo a los
demás con espíritu de servicio, dando más de lo que recibimos, escuchando,
haciendo que el otro lo pase bien, escuchar, etc.
Recurriendo de nuevo a Jim Loehr y Tony Schwartz, nos dicen lo siguiente”: Al igual que ocurre con la energía física, la emocional también puede ejercitarse. Los “músculos” que la sustentan son la auto confianza, el autocontrol, el contacto interpersonal y la empatía. La clave es utilizarlos y dejar que se recuperen mediante alguna actividad que nos haga disfrutar, sea satisfactoria y nos reafirme”.
Las emociones, como ya sabemos, son las respuestas de los seres humanos ante la vida. Para la psicología positiva, la comprensión y la gestión de las emociones positivas suponen un aspecto central. Las emociones positivas dan lugar al concepto de afectividad positiva la cual tiene mucho que ver con un concepto que abordamos en el artículo anterior que publicamos en nuestro blog el domingo pasado y que pensaba titularlo "Anticipación social de la muerte" pero que, finalmente, lo titulé "Sentirse capaz". Me refiero al término acuñado por Albert Bandura (1980) y al que llamó Auto eficacia: Confianza de las personas de cualquier edad en su propia competencia para obtener los resultados deseados a través de sus acciones. Es distinta de la autoestima la cual supone la valoración que alguien hace de sí mismo. Detrás del sentimiento de auto eficacia está el optimismo funcional el cual incrementa y apoya las competencias y los recursos de las personas.
Las actividades que nos
reafirman de las que nos hablan Jim Loehr y Tony Schwartz, tiene mucho que ver
con lo que se llama “locus (lugar) de control”. El Locus de Control (LC) es un rasgo de
personalidad propuesto a partir de la teoría del aprendizaje social por Rotter
y Murly en 1965, y posteriormente reformulado por Rotter en 1966. Hay personas con “locus de control
interno” y personas con “locus de control externo”. Por otra parte Martín E.P.
Seligman, profesor de psicología de la universidad de Pensilvana, demostró con animales y personas, los efectos
nocivos de la falta de control y los sentimientos de indefensión (“paradigma de
la indefensión aprendida”). Personas que en el pasado se han sentido impotentes
ante obstáculos o tropiezos, porque pensaban que hicieran lo que hicieran no
cambiaría nada, tienden a adoptar una disposición apática y a deprimirse ante
los reveses futuros. Pierden toda curiosidad, disminuye la capacidad de
aprendizaje, incremento considerable del miedo, manifestaciones psicosomáticas,
etc.
Imagen 4: Elaboración propia
Por ultimo quiero exponer otra forma de incrementar la energía mental: fomentando la esperanza. Va más allá de la simple espera. La mente entra en un estado de alerta y el cuerpo cobra un mayor dinamismo. Nos proporciona una visión que surge ante nuestros ojos de forma tan real (técnicas de visualización) que llega a apoderarse de la persona y constituye el primer paso hacia el deseo y su plena satisfacción.
Palabras clave:
#ENERGÍA #energía emocional #cóctel de la excelencia #esforzarse ≠ motivarse, #necesidades emocionales #auto confianza #afectividad positiva #autoestima #locus de control #esperanza
Imagen 5: Elaboración propia
THAYER, E. Robert. “El origen de los estados de ánimo cotidianos”.
Paidós. Barcelona 1998
DSM-III-R Criterios diagnósticos. American Psychiatric Association
ROJAS MARCO, Luís. “Nuestra incierta vida normal”. Aguilar. Madrid 2004
SIEBERT, A. “La resiliencia”. Alienta Óptima. Barcelona 2004
DE BOTTON, A. “Ansiedad por el estatus”. Taurus. Madrid 2004
SCHIVELBACH, W. “Historia de los estimulantes”. Anagrama, Barcelona 1995
LICKEY MARTIN, E. y GORDON B. “Medicamentos para las enfermedades
mentales”. Labor. Barcelona 1986
Nueva York bajo la caspa
La que fue la capital de la vanguardia del arte se ha convertido en una ciudad hortera
Hubo un tiempo en que Nueva York ejercía una fascinación irresistible, de la que hoy carece desde que le fue arrebatada con el atentado de las Torres Gemelas. Para un artista, el primer viaje a Nueva York tenía un carácter iniciático, uno se sentía como un sirio, un hebreo o un hispano del siglo primero que viajaba a Roma imperial. Después de la Segunda Guerra Mundial la vanguardia del arte, que residía en París, fue tomada como botín de la victoria por los norteamericanos, la trasladaron a Nueva York y desde allí comenzó a irradiar su estética durante muchas décadas. Estamos a principios de los años sesenta del siglo pasado. Al llegar a Manhattan llamabas a algunos amigos que te habían precedido. Les había bastado solo unos meses para adquirir un aire neoyorquino, zapatillas, sudaderas, gorras de visera, camisetas estampadas con la figura de Mickey Mouse, footing, yoga y comida macrobiótica. Te llevaban a un nuevo restaurante del Soho donde daban una ensalada de espinacas con piñones que no se la saltaba una cabra. Durante la cena te contaban historias extrañas de tiroteos en la calle y a continuación te indicaban los ritos a seguir: había que ver el Guernica de Picasso en el MoMA, cruzar a pie el puente de Brooklyn, tomarse un Martini en el River Café, pasarse por el Hotel Chelsea bajo la sombra de Dylan Thomas, de Leonard Cohen y Janis Joplin, comerse medio pollo en el Sylvia’s, de Harlem, simular que comprabas un puñado de diamantes en la joyería Tiffany’s para añadirlo a la avena del desayuno, tratar de encontrar a Woody Allen tocando el clarinete, tomar una copa en el hotel Algonquin, en el 59 de la calle 44 Oeste, donde se reunían en la mesa redonda del vestíbulo los periodistas de The New Yorker. ¿Qué ha pasado? Que ese Nueva York fascinante, al que aportabas lo mejor de ti, ya no existe. El cerebro errático e infantiloide de un mandamás, que todo lo que toca lo llena de caspa, lo ha convertido en una ciudad hortera. No te pierdes nada si te quedas en casa.