domingo, 3 de febrero de 2019

LOS RELATOS DE LOS POLÍTICOS






LOS  RELATOS DE LOS  POLÍTICOS


"Después de la verdad, nada hay tan bello como la ficción"
 Antonio Machado


El mundo mental y la sociedad en la que vivimos los humanos la construimos mediante los relatos.

La utilización de los relatos  se apoya en el hecho de que, lo que da poder a los mismos,   no es si estos son ciertos o son pura ficción,  sino  que es la mente de cada uno de nosotros la que se lo otorga y acaba “comulgando” con el mismo.  Es por eso que los relatos políticos, los de las  religiones, los de las ideologías, etc.,  se apoyan tanto en la fe considerándola de vital importancia y, a su vez, consideran  la duda como un pecado de extrema gravedad. No importa que todos los relatos que nos contaron fueran falsos o ciertos.

Lo que realmente importa es que cada uno de nosotros es  el que les da un significado concreto y le confiere poder  al que él elige.


Nos dice Manuel Vicent en su columna de hoy en el País titulada Reconquista:
“Ha vuelto a sonar la vieja monserga, la unidad de la patria como destino, la familia tradicional amparada por un machismo militante, el nacional catolicismo, la tradición de la Semana Santa y la tauromaquia como cultura de una raza. Este relato, pese a ser una pura antigualla, viene adornado con un lenguaje belicoso, que atrae a muchos españoles cabreados”.

   ¿A quién puede convencer este relato? ¿Cómo alguien puede otorgar poder e influencia a esta “pura antigualla”? La verdad es que hay que estar muy cabreados para tragar todo esto. Mi comprensión y  respetos a las religiones. Mi incomprensión e indignación  a considerar   "la tauromaquia como cultura de una raza" en pleno siglo XXI. 


Sartre,  en su “Ser y la nada”,  consagró el principio fundamental de existencialismo: “La existencia precede a la esencia”. No hay ninguna esencia predeterminada que anteceda a la existencia del hombre. Es el propio hombre el que se dota de esencia a través de las decisiones que él toma y de sus acciones consecuentes con dichas decisiones. ¿Y cómo logra esto?: ejerciendo su libertad.
Nos decía Sartre que la libertad humana precede a la esencia del hombre y la hace posible. 


Los políticos deben estar convencidos de que los ciudadanos no han desarrollado la independencia intelectual y emocional que les permita poner en cuestión sus relatos  y verificarlos. 


En  consecuencia con ello recurren con profusión a los mismos para explicarnos las cosas. Siguen a los chamanes y aplican relatos y ritos para que a través de un acto mágico de fe convirtamos lo abstracto en concreto y lo ficticio en real.


“Los supervivientes progresistas se han apercibido de que es posible perder los logros sociales que costó tanto conseguir y por los que se pagó sufrimiento, represión y esfuerzo en una lucha formidable y, no obstante, mientras en el horizonte ya suenan los cascos de la derecha radical que viene a caballo, ahí tienes a la izquierda enredada disputándose una sardina” nos sigue diciendo Manuel Vicent.
Tengan en cuenta los "supervivientes progresistas", por muy acomodados que hoy se encuentren, que no hay nada más real que el sufrimiento. Es este el que marca nítidamente la frontera entre lo ficticio y lo real. No hay relato que pueda enmascararlo ni mucho menos justificarlo. Ya no digamos nada si la causa del sufrimiento es la “disputa  de una sardina”

 Una cuestión a plantearse es hasta que punto nos  damos  cuenta de que la fe ciega en cualquier relato, sea este el que sea, conduce a la esclavitud mental y que el único antídoto ante ello es la “duda metódica".

Una segunda cuestión a abordar es la de si  podríamos vivir  con estabilidad y armonía social sin relatos ni ritos y conociendo y  siendo conscientes de la verdad sin ficciones que la enmascare.



Desgraciadamente hoy,  habría que invertir la frase de Machado: 

Después de la ficción, nada hay tan bello como la verdad





Reconquista

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